LA MEMORIA POLÍTICA

ALL MAGAZINE | 13 DE SEPTIEMBRE DE 2012 | ENTREVISTA

El escritor Diego Trelles Paz. / IVÁN LLAQUE.


"Bioy es una novela entretenida, con mucha acción, con un humor muy negro y a la vez, dura"


La novela de Trelles Paz bebe de lo mejor de Mario Vargas Llosa, Roberto Bolaño y Cormac McCarthy. Se adentra en sus imaginarios para reinventarlos, y a través de herramientas cinematográficas –las escenas se encuadran como planos, los protagonistas tienen un primer plano y la narración transcurre a 24 fotogramas por segundo- para atisbar la historia de su país como camarógrafo. Detrás de la cámara,  describe, sin medias tintas, la realidad ante él: el horror de la guerra, la dureza de la sierra peruana, la locura de la guerrilla, el poder del mal, la relación entre víctima y verdugo, el dolor y la venganza. 


Para ello, sin pelos en la lengua, se recrea ante la vida y la muerte, describiendo con detalle el paso de una a otra, sea como sea.  Poniéndose en la piel de cada uno de los personajes y como narrador omnisciente cuando la narración lo requiere, Trelles escribe una novela polifónica de un conflicto armado que narra la historia de un país, incluso de un continente; y de una sociedad latinoamericana, estigmatizada por la violencia. 


Le comparan con Mario Vargas Llosa, Roberto Bolaño y Cormac McCarthy... ¿Cómo se siente con una comparación literaria de este calibre? 


La comparación me hace reír de nervios. Me honra tanto que me asusta. La agradezco sinceramente pero no puede ser real. Estamos hablando de tres extraterrestres, de tres autores que fueron determinantes para mí y que leí como con fiebre. Los tres escribieron más de un libro perfecto. Te nombro tres: Conversación en la Catedral, Los detectives salvajes y Meridiano de sangre. Podría tranquilamente nombrarte otros tres. Para mí, junto a Faulkner, Céline, Onetti o Rulfo, son modelos de todo lo que deseo como escritor.


Su novela es muy cinematográfica. Están claras las referencias al cine negro estadounidense, a Martin Scorsese y a Quentin Tarantino, entre otros. Además, las escenas se encuadran como planos y la narración transcurre a 24 fotogramas por segundo. Sus estudios de cine se cuelan en su literatura... ¿Qué le aportan estos recursos de esta otra disciplina a la narración? 


Sí, el cine está muy presente en mi literatura. Estudié y escribí sobre cine. Trato de ver todo lo que puedo. El cine de gángsters es mi género favorito. Martin Scorsese está presente, de alguna u otra forma, en mucho de lo que he escrito. El otro que siempre está es César Vallejo. Ya desde El círculo de los escritores asesinos tenía clara la necesidad de plantear algunos momentos como puestas en escena y también de enfocar los hechos desde distintos puntos de vista. En Bioy intenté ser un poco más radical. Por un lado, está el capítulo de los gángsters que está narrado de manera trepidante y, además de las referencias, posee algunas de las fórmulas del mismo género aunque adaptadas a la realidad de Lima. Por el otro, hay cierta voluntad experimental donde se juega con la idea de que, detrás de lo descrito por los narradores, hay una cámara oculta observando.


"La memoria es el bien supremo de cualquier país"

Bioy es una novela por tres historias que confluyen, de tres formas, incluso de narrar. ¿Por qué esta polifonía de voces y disgregación narrativa? ¿Qué le permite esta libertad estética y formal para su trabajo?

Bioy es una novela que imaginé desde el inicio como la suma de tres pequeñas nouvelles de distintos géneros literarios. Era un reto. Quería que cada una tuviera una voz diferente pero también una historia, una composición y un planteamiento distinto. Lo que las une son los personajes, el hecho criminal que inicia la novela y la trama policial que la va estructurando. La planteé así porque quería hacer una novela que recorriera, incluso históricamente, la época más dura y violenta del siglo pasado en el Perú y, para ello, requería de varias historias que confluyeran, finalmente, en una. Bioy es una novela entretenida, con mucha acción, con un humor muy negro y que incluso se lee rápido pero es, a la vez, dura porque ésta es una novela sobre la memoria política.

Asimismo, de su novela han alabado su “osadía estética”. Experimenta con el género, la forma y el lenguaje. Cuéntenos más sobre este juego literario que despliega ante el lector.

Creo ser un lector exigente. Suelo leer poesía. Me parece difícil llegar a ser un narrador completo sin hacerlo. La poesía, que es quizás la más perfecta de todas las artes, puede darle una calidad plástica y cierto lirismo al lenguaje narrativo. Esta novela me demoró cinco años de trabajo y una de las razones principales tiene que ver con el lenguaje. En Bioy hay muchas voces y muchos narradores y tiempos verbales que van cambiando. En cuanto a la forma, Bioy, con sus saltos temporales, con los cambios de punto de vista, con la polifonía y con ese intento de abarcar un momento histórico relativamente largo del país, es lo más cercano que he estado de una novela total. Me parece curioso que lo diga porque en el prólogo de El futuro no es nuestro hablaba de la novela total del boom como algo obsoleto. Mi única defensa es que la forma te la va dictando la novela, nunca al revés.  

"Faulkner, Céline, Onetti o Rulfo, son modelos de todo lo que deseo como escritor"

Usted utiliza varias y distintas voces narrativas en Bioy, aunque todas ellas parecen hablar de lo mismo: la violencia, la relación entre víctimas y verdugos, el dolor, la locura. ¿Intenta con esta novela desnudar el lado más oscuro de todos nosotros? ¿Cree que como sociedad deberíamos hacer una reflexión de nuestra relación con los mecanismos de la violencia?

La violencia en Bioy es catártica. Decía que es una novela sobre la memoria porque considero que la memoria es el bien supremo de cualquier país. No puede haber reconciliación si nos olvidamos de lo que vivimos, si nos olvidamos de las víctimas, si amnistiamos a los culpables pensando que esos son los costos del progreso. Sin memoria todos vamos muertos.

Una de los planos es una reflexión de la sinrazón de la guerra civil entre Sendero Luminoso y el Ejército Nacional del Perú. ¿Una cuenta pendiente con su propio país?

Siempre me ha interesado el tema político. No es algo nuevo para mí porque está presente en mis libros anteriores. Lo que no me interesa mucho es la literatura proselitista. En Bioy busqué reflejar la violencia irracional usando la misma violencia en muchos casos. Es una novela que indaga en lo que nos ocurrió y, por eso, por la importancia de la mirada que registra, el cine es tan importante en ella. Víctimas y verdugos hubo de ambos lados, deudos también. Me propuse contar algunas de esas historias no siempre de manera realista. En el fondo, aunque mucha de la violencia de Bioy recrea la violencia física que vivimos desde los ochenta en el país, para mí siempre ha sido claro que la pobreza, el racismo y la discriminación pueden ser formas sutiles y muy crueles de violencia y todas persisten.

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