DE LA TORMENTA A LA CALMA Y DE NUEVO MÁS TORMENTA

JUAN ANTONIO NAVARRO | 13 DE NOVIEMBRE DE 2012 | ACTUALIDAD

Manuel Carrasco el pasado sábado en la Sala La Riviera de Madrid. / CLAUDIA CABRERA.


Apenas habían pasado tres días de nubes y bufandas desde la entrevista con Manuel cuando volvíamos a encontrarnos. Recorrí una desértica Calle Segovia abajo en busca de la Sala Riviera mientras imaginaba un local pequeño, casi apagado, y un Manuel Carrasco melancólico a pesar de su aparente felicidad, en esa simbiosis de aires que solo los músicos alcanzan.

Nada más lejos de la realidad. La Sala Riviera es un recinto amplio en todas su dimensiones que permite la movilidad del público entre palmera y palmera, entre barra y barra, entre baile y baile. Un entorno 'made in Miami' reforzado por las luces que danzaban alrededor de la sala al compás de la intensidad con la que Manuel se movía por el escenario.

Miré las manos de la gente y rara vez faltaba entre ellas una jarra de cerveza. Entonces lo entendí todo. Aquel no iba a ser uno de esos conciertos taciturnos en los que el autor viene a entregar sus tragedias. Iba a ser y fue una fiesta porque Manuel Carrasco tenía algo que celebrar, con chaqueta y camisa. Y todos allí lo sabían y estaban preparados.

Desde 1673 que muriese Molière representando El enfermo imaginario vestido de amarillo, este color cayó condenado sobre un escenario. Pero ayer La Riviera se tiñó de sol mientras sonaba el primer contraste de la noche, más tenue y cercano que cualquier canción hasta el momento: "Y ahora". El público, predominantemente femenino, acompañó e incluso permitió que el de Isla Cristina diese un respiro a su voz.

Y tras el amarillo vino la noche. Un foco y <<esta canción habla de mis raíces, de mis cosas, de la "Montaña de Sal" que asoma por la carretera cuando entras en Isla Cristina, de mi padre, de mi madre. ¿Qué más queréis?>>. Confuso, acepto lo acertado de esa oscilación entre el Manuel festivo y el desvestido. Su público lo agradece, ahora saltando, ahora oyendo entre silencios y halagos.

La intensidad continuó bajando con "Porque" y "Espera un momento" hasta el ecuador del concierto, cuando el momento más deseado de la noche, no del público sino del propio Manuel Carrasco, llegó. El ansia por entregar "Mujer de las mil batallas" se reflejó en los gestos de pasión y esfuerzo con que cantó esas líneas de "8 palabras, 1 meta", apenas interrumpidos por leves pero amplias sonrisas entre estrofa y estrofa. Sobre mujeres insistió el concierto con "Que nadie".

Y de pronto la sala volvió a estallar en luces, manos arriba y el sonido de una pandereta que al acabar "Sígueme" Manuel regaló al público. El ritmo volvía a crecer, como si toda la actuación fuese simétrica en torno a los momentos de calma centrales, con un sonido en directo más rockero que los músicos acompañantes llevaron hasta el final con una lucha de solos que este público, poco acostumbrado a virguerías instrumentales, agradeció enormemente.

"El aplauso más fuerte para todos vosotros, Madrid". La gente le aplaudió y se aplaudió y ya no cesó de aplaudir hasta que el cantante andaluz regresó de su marcha habiendo cambiado chaqueta y camisa por una camiseta más fresca y cotidiana. El mejor Manuel está solo sobre las maderas y canta "Qué nos está pasando", y ya con la banda a sus espaldas de nuevo "Habla", "Otoño" y "Si miras a tu alrededor".

Se fue. Y cuando pensaba que casi dos horas de concierto habían sido suficiente incluso para alguien tan enérgico como él, volvió a volver. Un segundo bis que nos dejó a todos la mejor voz de Manuel a través un fandango de Enrique Morente y dos interpretaciones carnavalescas que concluyó sin micro, 'a palo seco'. Le ví marcharse entre el vaivén de luces de La Riviera y pensé "vaya, este hombre sí que disfruta su trabajo". 

© 2013 äll magazine spain . All rights reserved.
Designed by SpicyTricks