DESDE ARGENTINA CON AMOR: FOLCLORE

JUAN ANTONIO NAVARRO | 19 DE NOVIEMBRE DE 2012 | ACTUALIDAD

Xoel López el pasado sábado en La Riviera. / CLAUDIA CABRERA.





Sigmund Freud dijo una vez que si la inspiración no iba hasta él, iría a buscarla a la mitad del camino que les separaba. Entre España y Argentina está el océano Atlántico. Pero para Xoel López, la mitad del camino entre España y su Atlántico es Buenos Aires, la musa plateada en la que vive desde 2008. Huyó del estrés de Madrid y de la cara amarga de la fama que Deluxe le había legado. Volvió a ser nadie tocando en calles, hoteles y teatros. Pero sobre todo, comprimió toda la distancia en su última álbum, Atlántico, cuya gira se cerró anoche en la Sala Riviera tras un "Adiós Corazón" con el que Argentina volvía a robarnos al gallego de manera indefinida.

Xoel entró rápido, casi corriendo. A su alrededor, guitarrista, bajista, teclista, timbalero, batería y percusiones variadas le escoltaban. Un comienzo medieval cuando sonó "Caballero", una canción romance que parece salida de las artes de un juglar, endulzada en vivo por los coros femeninos de las voces que tenía a derecha e izquierda.

Las etiquetas son muy simplistas y raramente son fieles a nadie salvo a quien las planta. Pero Xoel es folclore, especialmente en directo. No importa que tierra evoque, evoca tradición en cada pista de Atlántico.Pero Deluxe es otra historia. Un sonido distinto que el público aplaudía con tanta energía durante "Historia Universal (el amor no es lo que piensas)" que por un momento consideré haber perdido un oído.

Volvió al océano con "La gran montaña", un soberbio cuento cantado que prolongaba esa senda castiza de la actuación y que cala mucho más conducido por la voz en vivo de Xoel. La primera vez que se dirigía a la sala: "Hemos convertido esta canción de Lovely Luna, 'Parando el tráfico', en una cumbia". La cumbia, por si nunca habían oído hablar de él, es un género musical típico de algunas regiones de Colombia y Panamá que mezcla influencias indígenas, africanas, caribeñas e incluso españolas. Como decía, tierra, más tierra y costumbrismo.

"En Argentina me suelen preguntar: ¿qué haces acá? Esta, 'Buenos Aires', es mi respuesta". Guiado por una melodía cómoda y casera y un canto capaz de mutar del grito más hondo a la serenidad más absoluta, uno era capaz de recrear al Xoel argentino. Sus razones. Sus impresiones. Su huella.

Se perdía el folclore entre colores rockeros con el regreso a Deluxe en "Que no". Pero no duró demasiado. Ecos jamaicanos lo trajeron de vuelta mientras Xoel aporreaba un timbal hasta que empezó "El asaltante de estaciones" orientado por la armónica. Unos minutos después los "Pájaros Negros" sobrevolaban un mar bravo en el momento instrumental más ecléptico de todos antes de la llegada de Scott.

"Scott es estadounidense. Le conocí gracias a un vídeo en internet en el que tocaba uno de los temas de Deluxe el día de su graduación. Más tarde me mandó un mensaje preguntándome por el instrumento que suena en 'La boca del volcán'. Hoy está aquí para tocarlo con nosotros". El rumor de ese instrumento tan extraño colgado del cuello de Scott y tocado con dedales cuyo nombre soy incapaz de averiguar, junto a la guitarra y la armónica representaron la cima del folclore esa noche. Creía estar con Israel Nash Gripka en la portada de su álbum Barn Doors And Concrete Floors fumando de una pipa.

Scott se quedó una más, concretamente en "Reconstrucción", aquella canción que cantara delante de todos esos recién graduados norteamericanos. La interpretación del desenlace de la canción fue brillante. Varios hombres persiguiéndose absurdamente y a cámara rápida en un trigal habría sido una imagen perfecta para ese cierre frenético en el que la armónica de Scott parecía ir rumbo al cataclismo.

Scott se fue y paradójicamente nos teletransportamos a Nueva York. Xoel quedó abandonado al piano bajo luces violetas para interpretar "Rostro de actriz" y "Vino y espejos", de la que dijo: "no la suelo tocar en directo porque es demasiado lenta. La dejo para mi habitación. Pero hoy he decidido hacerlo".

La banda volvió y se acabó el cabaret. "Esta canción la compuse cuando vivía en Madrid. Porque sí, yo también viví aquí. Miraba el cielo y pensaba: quizá alguna de esas estrellas sea para mí". Tras "El cielo de Madrid" entró en escena "un amigo de toda la vida. No es Iván Ferreiro, lo siento. Iván está en otra ciudad de España dando otro concierto. Es Félix Arias, de Lovely Luna. Está aquí porque yo soy incapaz de hacer fingerpicking mientras canto y él tiene ese don. Esta es una de las canciones más importantes de mi carrera".

Se trataba de "Tierra", una canción preciosa que pierde valor en directo. Su melodía y sus palabras están creadas para un sofá frente a la ventana o para un paseo solitario. "Por el viejo barrio" y "Yo ya te conozco" arrancaban un abrazo de acústicas y voces entre Xoel y Félix que culminarían con un verdadero y sincero abrazo de despedida.

Durante "A un metro de distancia" todo el mundo bailó. Un buen teclado podría convertir en épico casi cualquier cosa y ese lo fue. "Los días fríos" llegaron inspirados por un puesto de castañas de Ópera. Y en directo, "Réquiem" sonó thekillersiano, con ese aire astronáutico, fuertemente contrastado por lo que parecía un xilófono de juguete en manos de una de las intérpretes de la banda que acompañaba a Xoel.

"De piedras y arena mojada" ponía punto y final al concierto oficialmente, pero el tracklist que ofrecían a la prensa en la entrada de la Riviera decía lo contrario. Un bis que se estiró tres canciones más. La primera, "Ver en la oscuridad", impregnó la sala de ritmos brasileños y mexicanos. Las maracas duraron hasta "El amor valiente", dedicada a Juande, el guitarrista de la banda que se despedía de los escenarios.

Por último, todos los músicos que habían desfilado por el escenario esa noche volvieron a él para dar vida a "Hombre de ninguna parte", cantada a ratos con acento argentino por Xoel, pero que no sería el final de la velada puesto que un segundo bis, "Adiós Corazón", con momento de batería apoteósico incluido, tendría el honor de decir adiós a este gran artista que pone rumbo a Argentina en busca de nueva inspiración.

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