MILOW O LA INTIMIDAD ENTRE BUTACAS

JUAN ANTONIO NAVARRO | 09 DE NOVIEMBRE DE 2012 | ACTUALIDAD

Anoche el Teatro Lara de Madrid vibró con Milow. / AM.




Que la nueva gira de Milow discurra bajo el nombre de "Less is more" no podría ser más acertado. El teatro donde Jacinto Benavente estrenó hace más de un siglo su más aclamada obra, Los intereses creados, es un rincón de Madrid tan acogedor que te hace sentir que estás en una extensión del salón de tu hogar. Y esa es precisamente la intención que Jonathan Vandenbroeck, más conocido como Milow, buscaba conseguir al reunir a su público en el Teatro Lara.

Sobre las diez y media de la noche las butacas huecas desaparecieron. El público, a medio camino entre la juventud y la madurez, esperaba entre murmullos y Feel Good Inc de Gorillaz el momento de descubrir el lado más íntimo del músico belga. Cinco minutos más tarde tres jóvenes de abundante melena y considerable barba subieron al escenario. Estos no son Milow, pensé. Y no, no lo eran.

Los teloneros de la noche se llaman 84, un trío de voces apoyados en tres guitarras acústicas tocando sobre el fondo negro del escenario. Pero el sonido de este grupo más bien merece a sus espaldas el color azul del mar. Esa capacidad para evocar la arena y el sol y despertar la imaginación, en un teatro, es de lo más oportuno. Con la canción "El Pasado" se infiltró entre la música una pandereta y el aplauso acompasado de toda la sala. Tras esta vino "Sentado en la arena" y mis sospechas de estar de regreso en Tarifa se vieron plenamente confirmadas. Termina, y se cierra media hora de agradable espectáculo.

De pronto, el teatro se tornó absolutamente oscuro por primera vez. Era la señal. Milow ya estaba allí y el público lo recibió como cabía esperar. "Grasias", contestó. Un instante privado de ruido le siguió hasta que el belga tomó la acústica y arrancó a tocar "Never gonna stop". Otro músico, Tommy, le acompañaba con el bajo y la voz.

Con el final de este inicio Milow comenzó a desnudar sus canciones. La que tocó a continuación, "Rambo", cuenta esos innumerables momentos en que, siendo niños, elegimos nuestro futuro para luego quedarnos en el camino una y otra vez pero aún así continuar intentándolo. Vaquero, bombero o estrella del rock. Todos hemos sido niños y todos quisimos ser cualquier otra cosa.

"The Kingdom" es una mirada a su hogar que conecta con "You Don't Know", una obra que recoge el sentimiento de saberse nuevo en otros lugares. "Como aquí en España", dice. Tommy cambió el bajo por la guitarra española y la sala entera lo celebró.

El intimismo que sobrevolaba la actuación alcanzó su máximo con "Excuse to try", escrita particularmente para su abuela. Tras "Little More Time", "She Might, She Might" pero con una particularidad: abandonó la guitarra y alzó un ukelele. "Una amiga de aquí de Madrid, Marta, me dijo que en España debía tocar algo muy alegre". Desde el primero hasta el último acorde de la canción no dejó de sonreír. En ese momento el músico de apoyo, Tommy, sale del escenario y Jonathan se queda solo ante "Born In The Eighties", uno de los bonus track. Durante un par de segundos perdió la letra y el Lara enmudeció hasta que retomó la canción para alivio de todos.

Tommy regresó con una cerveza en la mano y lo más esperado de la velada tomó forma cuando sonó "Ayo Technology". La atmósfera privada fue cayendo en favor de una mayor sensación de unión entre público y músicos. Milow pregunta: "do you wanna dance?", y el teatro cobró vida. Un poco de flamenco improvisado y "You and me" hicieron bailar a mi bolígrafo y a uno de mis zapatos. Entonces se marchó, pero ni el mismo Milow se lo creía.

Tras treinta segundos volvieron al escenario pero la luz ya estaba cortada. No importa, dice. Sujetaron las guitarras y saltaron al patio de butacas para tocar no una sino dos canciones más con armónica incluída. Nuevas, según explicó mientras dejaba caer la púa. El sonido más limpio y sincero si cabe. Cuando se marcharon, esta vez para no volver, esperé unos instantes. El Teatro Lara se fue vacíando, me acerqué, cogí la púa abandonada y dejé atrás aquel rojo tan intenso y personal.

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