A DÓNDE HUIR DEL VECINO DE ARRIBA

JUAN ANTONIO NAVARRO | 04 DE DICIEMBRE DE 2012 | VIAJES

Lago de Hallstatt. / ARCHIVO.



Escapar se puede escapar de muchas cosas. De la rutina, de la presión, de los zombis de The Walking Dead o del vecino de arriba que lleva varias semanas reformando el piso y apenas te permite trabajar. Pero a la hora de huir, maleta en mano y pelos desbaratados, no es tan importante el de qué huyes como el a dónde huyes.

Lo idóneo de una huída, evidentemente, es alcanzar el lugar más seguro posible. Pero también lo es alcanzarlo cuanto antes, tras el menor número de pasos. El camino más corto hasta la madriguera. Y cuando uno tome el avión buscará, probablemente, el sentimiento de anonimato y renovación más intenso al mismo tiempo que el desgaste físico más liviano. Por eso hemos elegido tres poblaciones pequeñas y cercanas pero de maravilloso embrujo invernal.

Hallstatt

Si paseáis estos días por Madrid hasta llegar a Plaza Mayor os la encontraréis conquistada por puestos navideños en forma de casitas de montaña austriacas. Pero si queréis alojaros en una de ellas, almorzar bajo la chimenea de una de ellas o mejor, ver decenas de ellas frente a un hermoso lago, Hallstatt os está esperando.

El lago es el lago Hallstätter See y el pueblo, que respira entre los picos de la Alta Austria, fue nombrado en 1997 Patrimonio de la Humanidad. Hasta el siglo XIX la única forma de acceder a este escenario heidiano era a través de un barco pero hoy, este puente de diciembre quizá, te recomendados el acceso en tren desde Salzsburgo o Viena para no pasar por alto las cumbres de los Alpes, las cascadas y los caudalosos ríos que la anteceden.

El rincón es de leyenda, y no es hipérbole. La belleza del agua en que se baña, el jardín de su glaciar y el valle Echerntal le convierten en un paisaje tan espectacular que en China se realizó el pasado año una reconstrucción exacta de Hallstatt en la región de Huizhou. El arte debe ser compartido, que pensarían.

Pero la ubicación también es privilegiada y es imposible plagiar tanta montaña nevada al fondo de sus tranquilas y silenciosas calles, de hogares adornados con flores en sus ventanas y plazas eternas. Si buscas paz, paz de verdad, huye del zombie hasta Hallstatt y disfruta de su austriaca cerveza.

Colmar

Sobre edificios góticos alemanes y del primer Renacimiento emerge la francesa Colmar, escrupolosamente conservada. De su historia resuenan iglesias tan emblemáticas como la de San Martín, del siglo XVII, o la iglesia de los Dominicos; y la vida de Fréderic Auguste Bartholdi, padre creador de la Estatua de la Libertad.

La textura de sus viviendas, mojadas por las orillas del río Lauch, vigiladas por las Montañas Visges y templadas por un sol que se deja ver bastante por la región, recuerda a primera vista a aquellos cuentos de infancia que todos oímos alguna vez. Algunas fachadas están decoradas con rótulos antiguos de hierro forjado y otras lucen paredes de colores muy pintorescas que añaden magia a la fotografía del pueblo.

Si es un hábitat para el descanso y el reinicio en cualquier momento del año, en Navidad es el súmun: mercados, luces y adornos que hacen de Colmar uno de esas postales de apariencia inalcanzable que sin embargo sobrevive a unos 1.600 kilómetros de Madrid. Para llegar, lo ideal es viajar hasta el aeropuerto de Basel-Mulhouse-Freiburg, a cuarenta minutos en coche o autobús del paraíso antipresión y antirutina.

Giethoorn

Famosa por los incontables puentes que sobrevigilan sus tantos canales navegables, Giethoorn es un pueblo de los Países Bajos de menos de 3.000 habitantes en el que las casas están construidas sobre pequeñas porciones de tierra, conectadas exclusivamente a través de las más de cientosetenta pasarelas de madera, construidas en su mayor parte por los propios vecinos de la localidad.

Para llegar a esta Venecia holandesa basta con arribar en la Estación Central de Ámsterdam y recorrer en coche de alquiler o transporte público unas dos horas de trayecto. Eso sí, luego necesitarás algo para disfrutar de este periplo sobre azul rodeado de tanto verde: una barca, unos manguitos o uno de los botes eléctricos o a remos que pueden alquilarse a la llegada. 
Giethoorn, además, se encuentra rozando el gran Parque Nacional, El Wieden, seis mil hectáreas de lagunas, cañaverales, pantanos y prados húmedos. Y por si la naturaleza no fuese suficiente, el visitante dispone de los Astilleros Schreur y Wildeboer, del Museo La Vieja Tierra o del Museo del Auto "Histomobil". Un paraje donde, sin duda, estarás libre del zumbido de las obras del vecino del tercero. Solo el sonido de las aguas al dormir.

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