¿CÓMO PUEDE EL AMOR DOLER TANTO?

NATALIA CANO | 03 DE DICIEMBRE DE 2012 | LIBROS

Portada de La vida es breve y el deseo infinito. / DESTINO.


































La vida es breve y el deseo infinito es una historia de amor interminable e ineludible más fuerte que cualquier otra cosa; una novela que renueva el triángulo amoroso.   Sutil, melancólica y divertida al tiempo, narra el sentimiento amoroso a través de los acercamientos, la seducción, las esperas, los sueños y las heridas causadas. Dos hombres enamorados de la misma mujer, la enigmática Nora, que va de uno a otro: en París con Louis Blériot, traductor freelance de textos científicos, casado con Sabine, una ejecutiva que le mantiene. En Londres con Murphy Blomdale, un financiero. Uno duda, el otro espera. Ambos sufren.   

Un día Blériot recibe una llamada que espera desde hace dos años, la llamada de una mujer de la que sigue irremediablemente enamorado, de una joven indecisa e insaciable que vive pasionalmente los vaivenes de un amor que se mueve entre la felicidad exquisita y la agónica tragedia. Mientras, en Londres, Blomdale, la otra parte del triángulo amoroso, intenta descifrar el código de la caja fuerte que custodia el corazón de Nora.   

Durante todo este tiempo de espera, encerrado en el círculo de su tristeza, Blériot se ha aplicado metódicamente a envejecer; mientras Murphy Blomdale vive en un  perpetuo vacío, tan desprovisto de recursos como un hombre atacado por el no-ser. 

Nora y Blériot se conocieron en una fiesta en París y rápidamente se vieron arrastrados por una fuerza inevitable hacía una espiral de deseo y amor. 

Blériot argumentaba que él y su mujer, Sabine, se hallaban globalmente en el mismo espacio, viviendo en la misma temporalidad, y sin embargo infinitamente alejados. Nora se mostraba esquiva a veces, distante y misteriosa. Nora es de las que creen que no hay nada que explicar, ni por qué una ama ni por qué se separa. En realidad, nunca ha sido una chica fácil de comprender. 

De hecho, ya en el Instituto la consideraban un fenómeno curioso, a causa de sus piercings y el pelo decolorado. Era esa típica adolescente agresiva, acomplejada, un poco regordeta, que pasa por la vida mostrando las garras y que nadie, pero es que nadie, quiere tener por amiga. Ella debió ser la única que adivinó que un día llegaría a ser muy guapa y que tendría una corte de aduladores. 

Nora, dice ella —y esto quizá explique lo otro—, es la hija menor de una familia disfuncional, con una madre depresiva, que de vez en cuando desaparecía y un padre jugador y endeudado, funcionario público. No recuerda lo que éste hacía exactamente, el caso es que una vigilia de Navidad se largó llevándose la caja del club de la tercera edad, y hundiendo de golpe a la familia en la vergüenza y la penuria. Al cabo de poco, Nora aprovechó el marasmo familiar para emanciparse y unirse a un grupo de músicos, que supuestamente la iniciaron en el funk y la anarquía. Hasta que se encontró el amor en un inglés afincado en París, que un día le llevaría a una fiesta donde estaría Blériot.   

Dos años después de su fugaz encuentro y la precipitada marcha de Nora a Inglaterra, Blériot y ella se reencuentran. “Sigo enamorado de esa chica”, se dice a sí mismo con la misma objetividad con que hubiera podido decir: mira, aún es de día. No es que haya cambiado de punto de vista o de inclinación, es que ha cambiado la amplitud de su alma. De repente hay algo que le impide renunciar a ser feliz. 

Como sonámbulos por pasillos paralelos, como amantes decimonónicos, Blériot y Blomdale viven su particular amor por Nora. ¿Cómo se puede estar al mismo tiempo abatido y feliz? ¿Cómo puede el amor doler tanto? 

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