EL AULLIDO FINAL DE EL FLUIDO GARCÍA

JUAN ANTONIO NAVARRO | 17 DE DICIEMBRE DE 2012 | CRÓNICA

Marc Ros y Jesús Senra en el concierto de La Riviera. / CLAUDIA CABRERA.



La historia de cómo Marc Ros (vocalista y guitarrista), Jesús Senra (bajista, sitarista y corista), Axel Pi (batería) y David T. Ginzo (guitarrista y corista) acabaron siendo Sidonie y entre otra infinidad de hechos, cerrando en La Riviera el Aullido y el Gato Siamés, la gira presentación de su último álbum, El Fluido García, lo contaba el propio Marc anoche sobre un micrófono rodeado de hojas verdes, justo antes de marcharse al backstage camino del bis. Un día recibió una llamada en respuesta a un anuncio que había lanzado un mes antes para formar un grupo de psicodelia. Se presentó en el estudio un chico de un metro y voz de pito. Le dió una cerveza, para que tocase y se fuese. Pero cuando se puso tras la batería, alucinó. "Él es mi hermano Axel Pi". Un tiempo después, cuando se quedaron sin bajista, un amigo le dijo que conocía al candidato perfecto. "Llegó y se puso a tocar una canción de Los Beatles. Antes de acabar, Jesús ya sabía que iba a quedarse dentro". David se incorporó hace poco, y compagina Sidonie con TUYA, a los que ya entrevistamos en All Magazine. Juntos hicieron esto:

Hay dos tipos de conciertos. Uno es aquel en el que una banda se reproduce a sí misma a través de la música, se despiden y se van, ideal para los muy fans. Otro es aquel en el que una banda va más allá de lo que hay tallado en los álbumes, ofrecen elementos nuevos y el espectáculo transciende lo meramente musical para convertirse en un acontecimiento. Ideal incluso para quienes no conocen la banda en cuestión. El de Sidonie el pasado sábado queda dentro de este último grupo.

Desde el brindis inicial previo a la toma de los instrumentos, el protagonismo de los cuatro músicos, a diferencia de en la mayoría de bandas, se desarrolla con equitativa fuerza. Porque si Marc Ros y su boina parecen en un principio el eje de la actuación, el sin parar del bajista alrededor del escenario y sus constantes bromas como levantar en peso a Marc mientras éste guitarrea, la habilidad del batería para tocarla subida en ella a la pata coja, la necesidad del segundo guitarrista de tocar frente al muñeco de la gira o el propio muñeco, El Fluido García, siempre al lado del batería, pronto restablecerían el karma. Muñeco, por cierto, del que se despedían anoche, en Madrid, después de una gira de alegrías y bastantes sustos, como explicaba Marc.

Todo en el escenario fueron risas y buena sintonía entre todo lo que tuvo capacidad de moverse esa noche, incluído el invitado y "elegante Manolo Benítez", que se hizo varias veces con los timbales, una de ellas para interpretar junto con el resto una especie de sinfonía psicodélica hindú en la que Jesús abandonó el bajo para darle placer al sitar, un placer de turbantes y serpientes para los oídos.

Cuando hablaba antes de la trasgresión de lo grabado en los discos me refería precisamente a eso. En lugar de contentarse con interpretar los temas tal como dicta el guión, Sidonie se permitió la licencia de prolongarlos con solos de guitarra (subidos en un taburete), solos de batería o virguerías técnicas conjuntas que compensaron el precio de la entrada, ya que permite al espectador acceder a algo que no puede obtener en ningún otro lugar.

Prácticamente al comenzar el show, decía Marc que "no vamos a daros la chapa con el último disco", El Fluido García, y cumplieron la promesa. De este su álbum más psicodélico tocaron "Alma de goma"; "Carnaval"; "Tormenta de verano"; "Bajo un cielo azul (de Papel Celofán)", donde instrumentalizaron largamente sobre un estilo muy 'folkiano'; "A mil años luz", cuya razón existencial es la siguiente: "Siendo niño, estaba con mi padre y mi tío en Barcelona cuando ví un aparato redondo y luminoso en el cielo. Un ovni. Es verdad joder. Esta canción está dedicada a todos los cabrones que no me creen"; y "El bosque", separada en dos mitades por una genial fase de riffs y solos a lo Guns'n'Roses que cambiaron el color de aquello.

De su etapa "inglesa" dieron buena cuenta con "Sidonie goes to Varanasi", del álbum Let it flow; con la imprescindible "On the sofa", del Shell Kids; y con una versión del "All I have to do is dream" de Everly Brothers en mitad del auditorio, entre el público y en acústico, y que cerraría la actuación. "La vecina de arriba no quiere que hagamos más ruido ya. Así que vamos a bajar ahí a tocar una más". A diferencia de Love of Lesbian, Sidonie no olvida su pasado de letras británicas.

Del penúltimo álbum, El Incendio, sonaron tres canciones: "La sombra", la homónima "El incendio" y "Un día más en la vida". Esta última "la solía cantar mi novia pero ahora tiene otro novio, así que tenemos un nuevo castrato para cantarla, David. Por cierto David, estabas más guapo con la americana. Aunque sigues siendo el guapo del grupo. Hoy es su primer Riviera y luego vamos a emborracharnos bien".

Tres cayeron también de su primer álbum completamente en castellano y en el que la crítica sitúa el inicio de la senda 'poperizante' de Sidonie, Costa Azul. "Nuestro baile del viernes"; "Giraluna", tocada y cantada en solitario y acústico por Marc Ros; y "Costa Azul", dedicada en directo "a una chica enferma que está ahora mismo ingresada en un hospital y a la que le encanta esta canción". Además de "Fascinado", del álbum de mismo nombre, y "una versión de un grupo murciano que conocieron este verano". Mentían. Se trataba de "Kids", de los famosos MGMT.

Un amigo me dijo una vez que el mejor juez para determinar si estás disfrutando o no de una canción es el pie. Ese que se mueve incoscientemente al ritmo de la música cuando está contento. El sábado noche no paró. Y si puede apuntarse un negativo a la actuación de Sidonie, tal vez fuesen los micrófonos. O lo que fuese que hacía que no se entendiese del todo bien lo que decían y cantaban. De todas maneras, una gran banda con un gran directo al que recomiendo ir sin dolor de muelas.

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