SUPERSUPERSUBMARINA

JUAN ANTONIO NAVARRO | 13 DE DICIEMBRE DE 2012 | CRÓNICA

Supersubmarina en un momento de la actuación en La Riviera. / JUAN ANTONIO NAVARRO.


En salas como La Riviera, entre auditorio y escenario hay un paréntesis de metal que para el público se antoja colosal, pero que para fotógrafos apenas supera el tamaño del cajón de un tocador. Las cámaras bailan sobre el foso esquivándose y buscando el momento adecuado. Explorando los rostros y movimientos de Juancha (batería), Pope (bajo), Jaime (guitarra y voz), y Javier Serrano (teclista) pero especialmente de José 'Chino'. Poco comunicativo, inmerso en sus historias, el porte británico del cantante jienense se impuso como atractivo predilecto de los retratos periodísticos. Y ya desde la profunda corriente supersubmarina por la que empezaron a navegar, la banda andaluza regaló un sonido cuyo eco provocó un intenso oleaje que culminó en la mísmisima apertura de los mares de Moisés.

La primera vez que Supersubmarina pisó la sala La Riviera de Madrid lo hicieron para telonear a los jazzbluespoperos Marlango. Anoche, sin embargo, eran estrellas principales tras un temprano 'sold out' para un show donde lo electroviral, las realimentaciones y las santascruces se trabarían durante hora y media. Chinese pop, pop alemán o powerpop, la necesidad de catalogar a estos jienenses se anula en directo cuando un paralelismo, salvando las enormes distancias, aperece de entre el conjunto para permitirnos llamar a Supersubmarina nuestro popero, humilde y particular Muse.

La culpa, en parte, es de los dos nuevos elementos que la banda ha incorporado recientemente a sus actuaciones en vivo. Por un lado, la presencia de Javier Serrano, el teclista, cuyos matices y efectos aportan a los habituales ritmos instrumentales una pizca importante de fantasía y envoltura. Por otro, la asistencia de un técnico de luces propio cuya mano trabaja desde el casi anonimato, y digo casi porque José 'Chino' tendría tiempo para acordarse de todos, para alcanzar una concordancia perfecta entre música y ambiente que solo alguien muy inmerso en una banda puede conseguir.

Fue una noche para reafirmarse como grupo emergente después de imponerse a Napoleón Solo en los premios Rolling Stone. Las comparaciones son odiosas pero subjetivas. Mejor o peor no importa porque son muy desiguales. Napoleón Solo es un río, en constante flujo. Supersubmarina es un lago, pausado. Cara a cara, el sonido de los granadinos es más optimista y ligero, el de los jienenses más pesado, aunque a veces también se pierden en esa sonoridad de alambre. Sorprende de hecho lo que se hace notar el bajo de Pope en directo en temas como "Tu saeta" o  "Canción de guerra" cuando en el disco parece ocultarse. Son tal vez estos potentes bajos lo que les distancia de otros grupos indie españoles que merodean su terreno.

En la relación con el público también difieren. La interactividad de José Chino con el público es casi inexistente, otro hecho que me retrotrae recuerdos 'museianos'. Hicieron falta seis canciones para que conversara con el auditorio. "Este es nuestro enésimo encuentro en la Riviera y este tema se llama 'El encuentro'", una composición en la que predominan ciertos acordes mágicos que le han llevado a Supersubmarina a conquistar parte del público más 'amélie'.

Grupo camaleónico, de los riffs eclécticos y las orquestas de guitarras, bajo y batería cuya tensión, a su modesto modo, resuenan a grupos como The Strokes, peregrinan hacia "De las dudás infinitas", una canción más romántica y alejada de la línea habitual. Licencia para baladear entre destellos rojo pasión. De altibajos vive la gente. Del despliegue técnico vocal de la canción homónima de la banda saltaban a algo parecido a Iggy Pop, "Tecnicolor", o al menos se lo pasaban casi tan bien como el estadounidense en sus directos.

Entre sonrisa pícara y "Elástica galáctica" el vocalista aportaba una nueva entonación al tema cuya novedad se agradeció. La rutina es una víbora. Y sobre el fuego de "Hogueras" parecía rapear entre una música muy pesada y efectos nuevamente 'museianos'. Con los "Cometas" el color submarino invandió el escenario de una banda poco acostumbrada a ver el azul desde Jaén, y "Santacruz" trajo el ímpetu y el nervio que recogería la "Ola de calor", separada de "En mis venas" por lo que parecía el rugir de un motor.

Pero lo más doloroso vino durante la espera del bis, cuando un estrepitoso sonido telefónico ensordeció todo oído presente hasta que volvieron rollo 'casual' tras hacerse esperar más de lo esperado. "Kevin McAlister", "Hermética" y la nominada por la Academia de las Artes y las Ciencias de la música "XXI", la canción generacional del grupo y la que demuestra que cuando los músicos pops se alejan del amor por unos instantes pueden surgir letras maravillosas. "Hay demasiada policía aquí presente hoy. No nos hace falta tanto control para un concierto" El enfado era evidente, lógico teniendo en cuenta lo lejano que quedan The Prodigy o Possessed.

"No quiero irme sin agradecer que hayáis decidido gastar vuestro tiempo y vuestro dinero en acompañarnos esta noche, somos unos privilegiados. Como habréis notado, no suelo hablar demasiado durante los conciertos, pero quiero agradecer a todos los que los hacen posible". Se acordó incluso del conductor de la furgoneta, al que le quedan todavía kilómetros y kilómetros de carretera en defensa de Santacruz.

Por último, "Niebla", que nada tiene que ver con Unamuno, la polémica "Puta vida" por la que muchos le colgaron el cartel de grupo rendido a las ventas y "Cientocero", para la que abrió al público en dos mitades diferenciadas física y sonoramente. Le costó que lo entendieran hasta que el punto de que se vio obligado a bajar él mismo y mezclarse entre el público para trazar la línea divisoria. "Como Moisés". Finalmente, tras superarse a sí mismos, se despidieron dando todo lo que les quedaba: baquetas, púas y botellas de agua. Para el público nunca es ni será suficiente. Pero mañana, en el mismo lugar y a la misma hora, Supersupersubmarina vuelven al océano, donde les aguarda una prometedora carrera. 

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