UN CAFÉ Y UN VIAJE EN TAXI CON ZENET

JUAN ANTONIO NAVARRO | 07 DE DICIEMBRE DE 2012 | ENTREVISTA

Toni Zenet nos habla de La menor explicación, su nuevo álbum. / THOMAS CANET.




Lleva veinticinco años en Madrid dándole vueltas a la vida, abriendo y cerrando puertas sin descanso. Zenet es hiperactivo. Lo es en su ir y venir profesional y lo es en las distancias cortas, donde gesticula una y otra vez, acompaña las expresiones de unas manos que no paran de moverse y toma sorbos de café casi inconscientemente mientras escucha las preguntas. Las contesta desde el más sincero jazz, dejando que las ideas fluyan por ese espacio infinito que es la improvisación hasta casi perder de vista su origen. Es su octava entrevista del día. Y donde cualquier otro activaría el robot, Zenet lleva la cualidad de humano a un grado difícil de encontrar. Disfruta, y al acabar, me invitará a compartir taxi hasta La Latina, en el camino me regalará algunas anécdotas y consejos para sobrevivir a Madrid, y al llegar me indicará cómo llegar a dos de sus tabernas favoritas de la zona. Pero eso será más tarde. Ahora estamos en la cafetería del Hotel Florida Norte y la historia dice así:

En este nuevo disco, La menor explicación, vuelves a recurrir a las letras del poeta Javier Laguna para bañar tus canciones. ¿Nunca has sentido la inquietud de contar las historias desde tu propio hablar?

Sí, pero este trío funciona muy bien. Vengo de una experiencia musical anterior llamada Sur S.A., donde sí escribía las letras junto a Javier Viana, otro Javier, estoy rodeado de Javieres. Y hacíamos otro tipo de música, de mucha frescura. Pero durante la grabación del segundo disco de este grupo encontré a Javier Laguna, con el que hicimos una canción preciosa llamada "Infinito más tres". Ahí ví la forma que tenía él de trabajar y empezó una amistad que, casi quince años después, todavía perdura. Encontramos una especie de percutor con el que trabajar muy bien juntos. Es la razón de que haya dado vía libre a su creatividad. Eso y el que me aligere peso. Me permite dedicarme exclusivamente a buscar las melodías y la armonía junto con José Taboada a la guitarra. A investigar más en ciertas sonoridades. Y a través de esta metodología concreta, el trío ha funcionado muy bien durante la trilogía.

Siguiendo con las letras, decías en otra entrevista que "el amor es un pretexto para explicar la condición humana". ¿Es tan grande el amor como para explicar algo tan basto como la condición humana?

Yo mismo hablando de esta mesa puedo hablar sobre la condición humana. Tenemos grandes escritores que observando la vida cotidiana, viendo a un gato moverse hacia una esquina, son capaces de (hace una especie de silbido) llegar al cosmos. Lo basto o lo simple de algo depende de la visión de cada uno. En el caso que citas lo utilicé porque hay personas que no han escarbado demasiado en nuestras letras y y nos dicen: "qué románticos sois". No perdona, tienes que volver a escuchar el álbum para darte cuenta de que no todo es romanticismo, sino que también hay de aquello que te queda por hacer y por lo que te das caña a ti mismo para que terminarlo sí o sí; o de la esperanza; o del fracaso personal. Se utiliza el amor para hablar de muchas otras parcelas de la vida.

Mientras me documentaba no dejaba de leer una y otra vez la palabra 'crooner'. Y aunque tanto tú como Frank Sinatra renegáis de esta etiqueta, siguen usándola. ¿Por qué crees que necesita la gente de estos 'sanbenitos'?

Es muy curioso porque ocurre en todos los campos creativos. Cuando tienes que, por ejemplo, explicar una película, tiendes a hacer referencia a otras cosas. "Parece un refrito entre Sam Peckinpah y George Michael". Necesitamos poner etiquetas porque es muy difícil inventarse adjetivos nuevos. De alguna manera, la gente necesita referencias visuales. A mí me ven delante de una orquesta fantástica de jazz, con mi sombrero, mi chaleco y mi corbata, y la referencia visual que acude a la mente es la del 'crooner'. El 'crooner' malagueño, que me llaman. Pero cualquiera que lea en el diccionario su significado verá que no encajo en la descripción. No tengo más remedio que aguantarme con el 'sanbenito' (Ríe).

"Cuando un músico hace lo que hace de manera sincera se nota, como se nota también cuando algo está prefabricado."

Ese estilo del que hablas, estético y musical, hace que piense en una canción del rapero Nach llamada "Mil vidas", en la que habla de todas las épocas históricas que habría querido vivir. ¿Nació Zenet en la época correcta?

No lo sé. Esta época me parece fantástica, pero claro que me hubiese gustado vivir otras. Aunque no es solo la época, también es el lugar. Porque si naces en un lugar jodido, no importa que nazcas ahora o en la Edad Media, la vida será jodida. Mucho más en la Edad Media, por muy romántica que parezca. Lo que sí pienso es que hay etapas de la historia que han pasado demasiado rápido y aún no se han digerido. El surrealismo, por ejemplo. Es una corriente fantástica que pasó tan rápida. Aunque nosotros dos que somos andaluces sabemos que hasta en el sentido del humor puede haber inmerso surrealismo. Pero yo utilizo los estilos que utilizo por su riqueza y su flexibilidad. El jazz es un lenguaje totalmente libre con el que puedes hacer lo que te dé la gana. Lo practico por la libertad que me otorga, y no por el hecho de querer alcanzar lo retro. Eso sí, el sombrero lo he llevado toda mi vida, desde jovencito. Está como pegado a mí de alguna manera.

Y con tanto nuevo sonido, ¿cómo es que mamaste de los dialectos musicales que hoy te rodean?

Ha sido por evolución personal. Cuando teníamos el proyecto anterior, Sur S.A., hacíamos funky. Rapeábamos incluso.

¿En serio?

Sí. Te hablo de hace unos veinte años. Está descatalogado, pero buscando tiene que encontrarse. Precisamente hoy en la radio comentaba un periodista que todavía conserva A golpe de reflejo, de Sur S.A. Claro, cuando tienes veinte años sigues las tendencias del momento. Era la época de los primeros rapeos con guitarra española e incluso con guitarra flamenca. Bebíamos de la fuente de los jóvenes flamencos. Pero al mismo tiempo teníamos inquietudes anglosajonas. Mezclábamos ambos estilos. Lo que más tarde han sido Ojos de Brujo u O'funk'illo. Una música muy interesante, sí, pero yo fui cumpliendo años y una serie de circunstancias me llevaron a esa evolución personal de la que te hablaba antes.

"Las discográficas tenían reticencias a llevar mis discos a las tiendas porque decían que era demasiado culta, demasiado profunda."

¿Cómo cuál?

Quedé muy cansado de la  industria discográfica después del contrato terrorífico que nos hicieron. Nos metieron en una nevera. Me prometieron presentaciones y ese tipo de cosas que nunca llegaron. Encima teníamos que hacer nosotros la gestión del grupo, y era muy difícil. No teníamos una oficina que nos ayudara. Muy agotador el tener que hacer tú mismo la contratación, los pagos, el alquiler de la furgoneta, traer y llevar a los chicos... Cuando estás tres años así llegas a un punto en el que si no ves una salida, tienes que renovarte. Así que estuve tres años dedicándome al arte dramático, que es para lo que había estudiado. Y en un momento determinado volví a recuperar todos eso que yo escuchaba de pequeño en casa. Que me lo ponía mi padre. Sinatra, Chavela Vargas o Caetano Veloso. Me dí cuenta entonces de que había mucho de donde rascar. Hice una especie de experimento: unas jam sessions en Plaza España, aquí en Madrid, donde comencé a colar algunas letras de Javier Laguna y a juguetear con ellas. A veces aboleraba. A veces jazzeaba. Me iba por aquí, por allá. Y fue allí donde este proyecto tomó forma. Vino a verme Juan Ibañez, actual  director artístico y editorial del proyecto, quien me dijo "esto suena diferente, interesante". Yo tenía unos ahorrillos y no me lo pensé. Los gasté en grabar el primer disco de la trilogía, Los mares de China. Cuando a la mitad del disco me quedé sin dinero, le pedí a Warner/Chapell que me echaran una mano para terminar y lo hicieron. Y de ahí hasta ahora.

Hablando de géneros, una pregunta rara: ¿es más factible ver a Zenet grabando un disco de metal o abandonando Madrid?

(Ríe) No descarto nada. Aunque abandonar Madrid hoy por hoy no es factible porque he hecho familia aquí: mi hijo de dos añitos, su colegio al lado de casa, mis amigos. Son muchos años aquí. Por otro lado, me meto en muchos géneros. He cantado en el homenaje a Marisol, en el Teatro Cervantes de Málaga; alguna canción con Danza Invisible, que me invitó a su treinta aniversario; "La bien pagá" con Ole Swing. También me gusta bastante el blues y el rock. Hago incursiones en diferentes campos musicales con mucha curiosidad y me los traigo a mi terreno. O sea que no descarto pegarme en un momento dado un pedazo de tema de metal que te cagas.

Creo que lo esperarían con mucha ilusión. Siguiendo con Madrid, dijiste una vez que es una ciudad antipática en lo político. ¿Qué significa eso?

Madrid, a nivel político, es lo contrario a simpatía porque no vive de cara al ciudadano. Hay otras ciudades de España como Barcelona que sí viven de cara al ciudadano, respetan al ciudadano y permiten al propio ciudadano que haga ciudad. Es decir, las necesidades del ciudadano marcan la forma de gobernar la ciudad y no al revés. No pueden ser los políticos los que marquen las normas y los ciudadanos los que tengan que adaptarse a ellas. Y en ese sentido Madrid es muy antipática. Yo conocí una Madrid muy diferente, muy abierta, muy multicultural. Donde no había restricciones hacia el ocio y la cultura, a diferencia de hoy. Con decirte que nosotros hemos intentado crear una asociación cultural donde hacer exposiciones de pintura, clases de teatro y demás, y las cortapisas que nos ha puesto el Ayuntamiento de Madrid son tantas que nos ha hecho imposible la apertura.

"Madrid, a nivel político, es lo contrario a simpatía porque no vive de cara al ciudadano."

¿El Colectivo de La Latina?

Exactamente. Nos han puesto en una situación que, ahora mismo, o nos metemos en guerra o cerramos. En cambio permiten que se hagan eventos en el Madrid Arena, donde pasan las cosas que pasan.

Y entre restricciones y festivales, ¿se están perdiendo los cafés jazz y todo su ambiente?

Totalmente. Consecuencia de lo que decíamos antes. Cada día es más complicado abrir un local de música. Intenta pedir en el ayuntamiento una licencia para tocar música en directo, a ver si la consigues algún día. Es absolutamente imposible. Una pena. Hubo una época en la que en Madrid había unos veinte o veinticinco clubes que ofrecían música en directo cada noche. Hoy, si puedes elegir entre tres una noche entre semana date con un canto en los dientes.

Siendo esos clubes y pequeños comercios la esencia de una ciudad, ¿se están impersonalizando demasiado las ciudades?

Evidentemente. Esta ciudad se ha convertido en un parque temático de franquicias. Los pequeños comercios no son ayudados. Está todo planeado para que lleguen unos japoneses a tomar algo en una terraza y hacerse un par de fotos en la iglesia de turno y se acabó.

"El jazz es un lenguaje totalmente libre con el que puedes hacer lo que te dé la gana."

Volviendo a la música, ¿crees que el hecho de que la música culta o de raíces profundas como la tuya queden en un segundo plano frente a la música más comercial es un síntoma de nuestro conformismo?

Si estamos tú y yo aquí es precisamente por el éxito que está teniendo mi música. Porque lleno los teatros en los que actúo.

Pero puedes ser la excepción. Estoy seguro de que conoces grandes músicos de jazz o de blues maravillosos que viven olvidados.

Las discográficas tenían reticencias a llevar mis discos a las tiendas porque decían que era demasiado culta, demasiado profunda. Y luego en mis conciertos he llegado a ver hasta tres generaciones juntas frente a mí: una joven de unos dieciochos años, su padre y su abuelo. Le di las gracias al padre por traer a esas dos generaciones a un concierto mío, y me contestó que no, que le agradeciera a su hija que los hubiese traído a ellos dos. Porque la música o es buena o es mala, ya sea heavy metal o muñeira. Una muñeira maravillosamente hecha te puede dejar flipando. Ahí está Carmen París, que compone unas jotas flamencas que han renovado el género.

Sueles hablar en tus entrevistas bastante sobre la honestidad. ¿Falta honestidad en la música actual?

Creo que sí. Falta y se nota. Cuando un músico hace lo que hace de manera sincera se nota, como se nota también cuando algo está prefabricado. Se ve todo como hecho a 'pegotes'. Falta honestidad y faltan nuevas ideas. Los que dirigen este negocio deberían renovarse un poco. Espero que haya gente en esta industria que le ponga un poco de coco.

"Se utiliza el amor para hablar de muchas otras parcelas de la vida."

Ya a 'cascoporro': "El mundo está hecho para los cabezones". Con la subida del IVA, ¿hay que ser ahora más cabezón que nunca?

Sí. Cabezón o imaginativo. Antes hablaba por teléfono con un amigo mío acerca de un detalle que me ha encantado: una compañía de teatro de Barcelona que te vende una zanahoria, y con la zanahoria, te regalan una entrada para ver su espectáculo. ¿Qué ocurre? Que cuando vendes material agrícola te cobran un cuatro por ciento de IVA y no un veintiuno.

Por último, tú que eres de birras, ¿qué cervecerías de Madrid nos recomendarías?

Las del casco viejo de la ciudad. Yo soy muy de La Latina, más de tabernas que de cervecerías. Lamiak, en la Calle Cava Baja o San Lúcar, en la Calle San Isidro Salvador. Pero también os recomiendo dar un paseo por el río, que es maravilloso, llegar a la Plaza de Almuñécar, cerca del Puente de los Franceses y tomar una cervecita al mediodía en una terraza maravillosa llamada Goyescas, o incluso en el Pata Negra, que está justo detrás. Son fantásticas.




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