BESTIAS DEL SUR SALVAJE

JUAN ANTONIO NAVARRO | 25 DE ENERO DE 2013 | ESTRENOS

Hushpuppy, Wink y Jean en el camión. / MARY CYBULSKI.


Ganadora en la categoría de mejor película en el Festival de Sundance. Ganadora de la Cámara de Oro en el Festival de Cannes. Unanimidad absoluta en la crítica. No es para menos. Bestias del sur salvajees una película cargada de poesía que conmueve al espectador en cada plano, en cada gesto, en cada frase. Que demuestra una vez más que el arte sin espíritu, como mera cáscara, por muy bien ejecutado que esté, jamás podrá alcanzar el asombroso resultado de un trabajo como Bestias del sur salvaje, que es todo alma, donde nada sobra y todo es hijo de un fin.

El debut de Benh Zeitlin como director traslada al espectador a un rincón del planeta donde la miseria, la supervivencia y la alegría confluyen con espontaneidad. Donde el amor es inmenso, pero no se viste de sentimentalismos, literatura barata o debilidad. Es crudo, sordo y áspero. Como la propia naturaleza, es físico, cruel a ratos. Porque en el fondo, padre y hogar son para Hushpuppy una misma cosa: todo aquello que conoce y ama. Y se enfrenta a la pérdida de ambos de la única manera que se afrontan los retos en 'La bañera': con valor, a lo basto.

Zeitlin, con una cámara que se mece con el viento, imperfecta pero natural, filma escenas que se graban en la mente a fuerza de emociones. Aterradora la secuencia en la que la tormenta aprieta sin compasión, como si fuese a devorarlo todo en cualquier momento. Tremendamente excitante aquella en la que Hushpuppy desafía a los uros. Zeitlin hace uso de la fantasía, en un ejercicio de realismo mágico, para extraer de la historia la esencia que justifica toda la película: la osadía ante la catástrofe.

Una historia, inspirada en el monólogo teatral de Lucy Alibar, apocalítica, trágica, que evita caer víctima del melodrama y el llanto fácil. Dirigida con buen corazón y lo más importante: por alguien que conoce a la perfección qué es lo que está buscando. Interpretada por una niña de nueve años (Quvenzhané Wallis) y un panadero de Luisiana (Dwight Henry), ambos sin experiencia, ambos espectaculares. Si esto es cine independiente, no se necesita nada más. Solo talento. Y Bestias del sur salvaje suda talento por doquier. Un diez, tan grande como un uro.

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