LA BANDA PICASSO

JUAN ANTONIO NAVARRO | 23 DE ENERO DE 2013 | CINE

Escena de La Banda Picasso. / ALTACLASSICS.


Brillante. Decía Fernando Colomo durante la rueda de prensa posterior al pase de prensa que La banda Picasso es un nuevo buceo en un mar, el de la iniciación, que nunca dejará de interesarle. En esta ocasión nos transporta a uno de los despertares artísticos más fascinantes de la historia. La ruptura de Pablo Picasso con la pintura tradicional, contada con maestría por Colomo desde lo humano -un Pablo inseguro enfrentado a la incomprensión y la burla- y desde lo artístico -un Picasso que abandona toda literatura en la pintura para descubrir el cubismo-.

La banda Picasso es un filme erudito, de un humor culto e inteligente, sin caer en el pozo de la pretenciosidad. Son cien minutos de arte, de drama que no sabe a drama y de frases potentes que a pesar de su grandilocuencia encajan perfectamente con la narración, de un modo natural. Con tal desfile de personajes (Picasso, Apollinaire, Matisse, Manolo Huggé o Max Jacob), era fácil caer en la ostentación, en la tentación de profundizar, y perder el hilo. Pero como contaba el propio director: "Yo he pasado siempre por ser un director superficial y estoy encantado de serlo". Y gracias. Al menos en esta ocasión.

Pero por otro lado, Picasso es un icono tan absorbente que con frecuencia uno desea que Ignacio Mateos muestre más chispa, más vida. El pintor parece desprovisto de carácter. Ignacio no está nada mal, pero hay una evidente intención de huir de la clásica imagen del artista malagueño que quizá se les haya ido de las manos. Es tal vez el factor que fuerza a la película a no ser perfecta.

De haberse estrenado antes, es probable que La banda Picasso hubiese gozado de mayor presencia en los Goya. Aún así no se ha quedado fuera, y compite por el Goya a Mejor Canción por "L'as tu vue?" y por el Goya a Mejor Vestuario. Y es que en el plano ambiental el trabajo es excelente. Desde que empieza hasta que acaba el espectador no abandona ni un instante el París de principios de siglo, cuna de las vanguardias. Esa absorción no es fácil de alcanzar, pero todo lo que ves es hermoso y extravagante. Como Raphaelle Agogué, que además de inundar la pantalla de belleza, consigue dar dimensión al personaje más plano de todo el reparto.

Y al final de la cinta, tras lo cómico, tras el robo de la Gioconda, la tragedia asoma, pero queda para la imaginación del espectador. La soledad de Picasso, una vez ha elegido el arte por encima de todo, inclusive sus amigos; el desdichado futuro de Apollinaire o de Max Jacob en las guerras venideras. La película más cuidada de Fernando Colomo, después de ocho años de guiones y guiones frustrados. Vayan a verla. Y si pueden, en versión original.

ESTRENO: 25 DE ENERO DE 2013


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