SERIES DEL MOMENTO I

JUAN ANTONIO NAVARRO | 28 DE ENERO DE 2013 | REPORTAJE

Damian Lewis protagonista de Homeland. / SHOWTIME.

¿Qué tienen en común un motero traficante de armas, un marine de los Estados Unidos reconvertido a terrorista musulmán y un químico con cáncer de pulmón? Aparte de llevar dobles vidas, que son los protagonistas de las mejores series de televisión que se están emitiendo en la actualidad.

El motero es Jax Teller (Charlie Hunnam), y la serie Hijos de la anarquía, de Kurt Sutter. Una historia de autarquía, tráfico negro, honor y violencia, mucha violencia, que encuentra su genialidad en la complejidad de sus personajes, en los conflictos internos de cada uno y en los conflictos de intereses que estallan cuando se cruzan hasta solventarse con traiciones y vuelcos de guión que dejan al espectador boquiabierto, ya sea exaltado o apenado. Todo lo demás, las armas y las drogas, es un telón de fondo. Y hablando de fondos, la mejor banda sonora que puede oírse en televisión: versiones de "Son of a preacher man", "Hard Row", "Can't Get Used To Losing You", "House of the rising sun" o "The Times They Are Changing".

El marine se llama Nicholas Brody (Damian Lewis), y la serie Homeland. Conspiraciones, espionajes, bombas, interrogatorios, la CIA, Al Qaeda. Lo tiene todo para ser un cliché con patas y ahuyentar a los detractores del género inconcebible por excelencia. En Homeland, sin embargo, unos guiones cuidados hasta el más mínimo detalle transforman lo inverosímil en asumible, la ficción en algo real que absorbe al espectador, que entre tanta mentira y juego a dos bandas acaba por perder de vista quién es quién. De regalo, una demostración humilde de que no existen bandos buenos o bandos malos, solo acciones buenas y acciones malas. Y según Abu Nazir, todas con sus respectivas reacciones.

El químico es Walter White (Bryan Cranston) y la serie Breaking Bad, de Vince Gilligan. A no ser que hayas pasado los últimos ocho años en una cárcel de Irak, habrás oído hablar de ella. Un drama oscuro pero gratificante, con un Walter White inmoral pero del que acabas, al igual que con Tony Soprano, sintiéndote orgulloso. La evolución del relato es solo el resorte necesario para la evolución de los protagonistas, cuya deriva y degradación va extrayendo de ellos un espíritu sombrío, oculto hasta el momento, que los transforma en personas radicalmente distintas. Todo muta en Breaking Bad, capítulo a capítulo, de una forma espectacular. Y también está la metanfetamina, los cientos de miles de dólares y el cártel mexicano, claro. La serie del momento.

Top seriéfilo, con permiso o no de The Newsroomy Sherlock, de las que ya hablamos en su día, y de Juego de Tronos, Boardwalk Empire y Treme, de las que hablaremos pronto, en la segunda parte de este artículo.

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