DOS DÍAS EN NUEVA YORK

JUAN ANTONIO NAVARRO | 15 DE FEBRERO DE 2013 | CRÍTICA

Julie Delpy en Dos días en Nueva York. / NICOLE RIVELLI.



Con Dos días en París, a Julie Delpy -directora, guionista y actriz principal- la etiquetaron como algo parecido a una Woody Allen francesa. Dos días en Nueva York, la secuela, es la prueba de que aunque compartan la misma afición a la sátira social, al sarcasmo y a la frivolización de temas a priori transcendentales como la muerte, la vejez, la soledad, las drogas, el sexo, la familia, el arte o el racismo desde el humor negro, el pastel no sabe igual. Lo que en Woody Allen es puro ingenio, en Julie Delpy es tópico ingeniosamente disfrazado.

Dos días en Nueva York es una película divertida, pero en ningún caso trascendente. Delpy no consigue, y parece que lo buscaba, ofrecer algo más que unas cuantas buenas risas a costa de situaciones estrambóticas y un exagerado uso del estereotipo a través de una familia francesa cateta, despreocupada y adicta al sexo y al salchichón. Woody Allen hace reír, y te hace sentir amargo por haber encontrado la risa en esos lugares serios y relevantes que cimientan la vida, dejándolos por el suelo y alejándolos de su divinidad. Delpy no.

Sin embargo, como comedia funciona. La película tiene personalidad y Delpy logra transformar ese humor conocido en su fondo en un humor original en su forma. Si bien no enriquece al espectador, tampoco le roba el tiempo. Claro que con la excelente cartelera que desfila por los cines en este momento, decantarse por Dos días en Nueva York demostraría una enorme simpatía por todo lo relacionado con Julie Delpy.

Esta orgía de desquiciamientos familiares no está concebida pero resulta idónea para ver un domingo en la cama, con el edredón hasta el cuello y pastel de chocolate. No es tan dramática ni romántica como su predecesora, Dos días en París, pero conserva un toque agridulce en su historia. Y lo más importante, acaba bien, que es lo mínimo que se le puede pedir a las cosas un domingo por la tarde. Tal vez no es el destino que Julie Delpy tenía pensado para su película mientras le daba forma. Pero el cine no es su lugar. Disfrútenla en casa, cuando puedan.

ESTRENO: 15 DE FEBRERO DE 2013.

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