"NO", LA CAMPAÑA QUE DERROCÓ A PINOCHET

JUAN ANTONIO NAVARRO | 08 DE FEBRERO DE 2013 | CRÍTICA

Gael García Bernal interpreta a un publicista en No. / GOLEM.


No es una cinta con tintes documentalistas sobre la campaña electoral previa al referéndum de 1988 convocado por la dictadura de Pinochet bajo presión internacional, y en la que los chilenos tuvieron la oportunidad de votar sí o no a la continuación del régimen. René Saavedra (Gael García Bernal, que como de costumbre, completa una interpretación muy inteligente) es un publicista ajeno a la político que acabará edificando la campaña del 'no' y sufriendo una reconciliación con la política de un país del que se sentía extranjero tras su vuelta del exilio.

Si un francotirador amateur errase un disparo pero un viento de noventa kilómetros por hora desviase la bala hasta acabar impactando en el objetivo, sería toda una suerte. Si un francotirador de élite calculase la velocidad y dirección de dicho viento, la tuviese en cuenta a la hora de apuntar y terminase acertando, sería un gesto técnico digno de elogiar. Algo parecido ocurre con el director chileno Pablo Larraín y su ocurrencia de utilizar una cámara de 1983 con tubo ikigami para filmar la película No, nominada a los Oscar como mejor película de habla no inglesa.

Larraín se aleja de la obsesión imperante en el lenguaje audiovisual contemporáneo por la alta definición, que ha provocado una uniformidad universal en la manera de llevar las historias a la gran pantalla. No es un capricho. Las luces que deslumbran, las texturas defectuosas y toda la imperfección que devuelve la cámara es una maniobra de director de élite. Noutiliza los vídeos originales de aquella campaña, con toda la estética audiovisual propia de la época. Y lograr que la ficción luzca esa misma estética es una estrategia para unificar el lenguaje de toda la película, para fabricar una ilusión óptica que sumerja al espectador de lleno en esta crónica ficcionada.

A nivel narrativo todo es interesante. En los países donde No se ha estrenado, ha habido algunas críticas respecto al papel determinante que confiere Larraín a la estrategia de campaña en la derrota de Pinochet, como si olvidase el papel de la ciudadanía, de los partidos políticos o del propio Pinochet. Nada más lejos de la realidad. El hecho de que lo parezca es un síntoma de la eficacia con la que Larraín adopta la perspectiva publicista del momento histórico, sin convertir en un dálmata la película a base de mancharla de otras perspectivas y no llegar así a ningún sitio, que es lo que suele ocurrir cuando no se tiene claro desde donde se cuentan las historias. Pablo Larraín comparte mérito con el magnífico guión de Pedro Peirano.

El otro gran logro es la manera en que la ficción hace suya la verdad. La campaña del 'no' triunfa porque en lugar de sustentarse sobre la tortura, la violencia y las desaparaciones para inspirar miedo y piedad, basa su estrategia en la clave del marketing más neoliberal: vender alegría -e aquí la paradoja de como el mismo neoliberalismo impulsado por Pinochet acaba con él-. La negatividad no vende, el optimismo sí. Incluso aunque se muestre de manera absurda, el optimismo cala en el comprador -en este caso de una 'democracia'- de una manera en la que las imágenes de militares golpeando con porras a inocentes ciudadanos no lo hace.

La ficción interioriza esta premisa cuando los chilenos del 'no', tras conocer una victoria que veían imposible ante la previsión de un referéndum amañado, no rompen a llorar desconsolados ni muestran reacción autocompasiva alguna. Lo celebran con entusiasmo y positividad. Como el espectador celebrará el haber pagado la entrada de esta inteligente película que certifica la necesidad de revisar la memoria histórica para hacer justicia, y plantea numerosas cuestiones acerca del estado actual de lo que venimos llamando democracia. Prácticamente perfecta.

© 2013 äll magazine spain . All rights reserved.
Designed by SpicyTricks