LA RUSIA BOLCHEVIQUE DE CARMEN POSADAS

NATALIA CANO | 04 DE FEBRERO DE 2013 | LIBROS

El testigo invisible de Carmen Posadas.


La historia se vive de persona en persona, de uno en uno. Y es vivida por todos, estén donde estén. La historia, que, cambiando las circunstancias, cambia las relaciones entre las personas, cambia los sitios desde donde se miran, y, por tanto, los afectos.  Cambian los zares y cambian sus criados. Y habrá traiciones, por cobardía o por convicción, en un momento en que la promesa de la igualdad, de la mano del miedo al nuevo régimen, puede romper la red de fidelidad y afecto (o sumisión) que regía el ancien regime.  Sólo sabiendo que un Zar no es el mismo en el poder que en la desgracia, y que un criado ve tambalearse sus obligaciones entre uno y otro caso, entenderemos la hondura con que Carmen Posadas nos transmite esa peculiar  travesía del desierto. Que, en El testigo invisible conseguirá hacernos creíbles esas discretísimas pero apasionadas corrientes amorosas que lo van a recorrer, que de otra manera -en sus inicios- serían imposibles, y que, por haber marcado de manera indeleble la personalidad del narrador,  forman parte fundamental de sus razones  para hacer memoria.   



La conmovedora novela de Carmen Posadas transcurre en dos líneas narrativas, espaciales y temporales, distintas, montadas alternativamente: el pasado, relato de los seis años que Leonid convivió con la familia imperial, y el presente, en el que el anciano Leonid, postrado en la cama de un hospital, escribe para dar a conocer al mundo su verdad. El viejo coteja los documentos históricos que han llegado a él con sus recuerdos, y así es como, en un armonioso crescendo, la novela va tomando cuerpo. Muchos capítulos se basan en un documento concreto, que la autora cita y que sirve de punto de partida. Una y otra vez, Posadas enmarca la ficción en los hechos históricos sin que se resientan la una y los otros. Lo imaginado y lo que en verdad ocurrió se integran en un todo bello y emotivo, sin fisuras, apoyado en un estilo vivo y directo. 

Tras una pequeña introducción del autor, en la que nos cuenta su propósito, la novela comienza con el relato del verdugo, Yakob Yurovski, que narra el asesinato de la familia imperial y sus criados, es decir el final de la narración. El lector sabe desde el principio cómo termina la historia. Pero la autora se guarda un as bajo la manga, un último efecto que solo se desvelará en las últimas páginas, lo que hace que el lector continúe pendiente de la lectura, intrigado por su desarrollo y su final. 

La primera y la última vez que Leonid ve a las grandes duquesitas está escondido, atisbando sin ser visto. La primera las observa felices, en toda su plenitud, y la última aterrada, en el momento de su muerte. Y contempla sobre todo a María, de quien finalmente está enamorado y a quien en el último momento tiene la esperanza de poder salvar. 

Leonid muere el mismo día que María, en 1994, setenta y seis años después. 

El trabajo de investigación llevado a cabo por la autora es magnífico. Con mano maestra maneja su amplia documentación para conseguir que una historia de ficción se inserte en la realidad de forma tan verosímil que casi sea imposible llegar a distinguirlas… Para el lector, Leonid,  Iuri y tía Nina son tan reales como lo fueron los propios zares, las grandes duquesas o Rasputín.
Con habilidad indudable, Carmen Posadas ha conseguido unir dos géneros: en primer lugar, El testigo invisible es una novela histórica de gran envergadura, y en segundo lugar, pero no menos importante, es una historia de iniciación, una educación sentimental.  


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