LO TERRIBLE Y LO SUBLIME A BORDO DEL KON-TIKI

JUAN ANTONIO NAVARRO | 27 DE SEPTIEMBRE DE 2013 | CRÍTICA


















Que una película esté basada en hechos reales es un valor añadido, especialmente cuando se mueven alrededor del drama o la aventura, pues nos recuerda cuánto de terrible y/o sublime pueden llegar a ser la vida y los seres humanos. Kon-Tikiconvierte en cine la travesía que el científico noruego Thor Heyerdahl realizó en 1947 -acompañado de cinco hombres más- a través del océano Pacífico montado en una balsa fabricada por troncos de madera y cuerdas, con el objetivo de demostrar que es posible que fuesen los sudamericanos, no los asiáticos, quienes colonizaron la Polinesia mil quinientos años atrás montados en una balsa semejante, con las mareas, las corrientes y el viento como volante y gasolina.

Desconozco si la aventura original, que fue filmada por los tripulantes en un documental que acabaría ganando el Oscar en 1951, fue tan espectacular como esta cinta, también nominada al Oscar como mejor película de habla no inglesa, la retrata. Una mezcla del Tiburón de Spielberg, el Robinson Crusoe de Daniel Defoe y la Tormenta Perfecta de Petersen. Como cine de aventura es impecable.

Somete al espectador a una constante fascinación en cada escena de acción, regalando una fotografía milagrosa que merece ser enmarcada y colgada en el salón, como también lo merecen las imágenes poéticas y sosegas tras la tempestad, los amaneceres en mitad del océano. La tensión que inunda Kon-Tiki es tan profunda como interminable, sostenida tantos segundos que el espectador acaba deseando que ocurra lo peor, que las olas gigantes se traguen la embarcación o los tiburones la pierna de alguien, lo que sea mientras desaparezca la incertidumbre. En ese aspecto es brillante.

No lo es en distancias cortas. Falta emoción, y hay dos pruebas que reafirman que Kon-tiki flaquea en su lado humano. En primer lugar, una tragedia matrimonial construida precisamente para dotar de drama personal la película, pero que sin embargo pierde su razón de ser con una ejecución frívola, desprovista de coraje. En segundo lugar, la inexplicable falta de problemas a bordo de la Kon-Tiki. Se trata de seis hombres compartiendo unos cuantos metros cuadrados minuto tras minuto durante cien días, con la muerte acechando sin descanso. Todo es demasiado ideal, demasiado manso. Solo alguna que otra secuencia muestra ese fenómeno por el cual el miedo, la desesperación y la duda extraen del ser humano su esencia más honda y peligrosa, cuando Herman, el ingeniero a bordo, pierde los nervios en varios ocasiones.

Si Joachim Rønning y Espen Sandberg hubiesen sabido aprovechar mejor este apartado de la cinta, probablemente Amor no lo hubiese tenido tan fácil para llevarse el Oscar a Mejor Película de Habla no Inglesa -es muy arriesgado sí, pero lo doy por hecho-. Una película muy buena que podría haber sido genial, sobre la inconmensurable fe de un hombre que sirve a un bien que considera superior a sí mismo. Desgraciadamente, y os merecéis saberlo, a pesar de lograrlo, la teoría de Heyerdahl continúa contando con menos aceptación académica que la teoría de la colonización asiática de la Polinesia, supuestamente demostrada a través de pruebas genéticas. Sea como sea, lo importante es el camino.

ESTRENO: 27 DE SEPTIEMBRE DE 2013.

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