MEMORIAS DE UN PEZ

JUAN ANTONIO NAVARRO | 28 DE FEBRERO DE 2013 | CRÍTICA

Pinocho Detective. / CHÍCOLI & PÍCOLI.

















Pinocho Detective, banda sevillana compuesta por Fran Pedrosa (voz y bajo), Daniel Borja (guitarra) y Antonio Ortiz (batería), publicaba el mes pasado su tercer EP, Memorias de un pez, tras El arte de ser nosotros (2008) y Esto no es música para un sábado (2011). Si aquello no era música para un sábado, Memorias de un pez lo es aún menos. El escenario del disco muta del viernes en el salón de aquel segundo trabajo al martes encerrado en el cuarto que antoja este último.

Evolución o involución, qué importa. La gente necesita componer y escuchar música de todos los colores, toda la semana y por toda la casa. Memorias de un pez, por lo general, prefiere ser escuchado a solas, haciendo de su pop inocente y delicado, de sus agradables melodías vocales y de esa lírica ambigua y nada colorida el arma perfecta para retenerte en la habitación toda la tarde.

Pinocho Detective, bajo la producción, por segunda vez, de Jordi Gil -Sr. Chinarro, con quienes giraron por España en 2011-, completan un EP muy melodioso y personal -tanto de quienes lo ejecutan como de quienes lo escuchan tres o cuatro veces y acaban haciéndolo suyo- que abre el apetito para un futuro largo que esperamos con expectación.

Más allá del buen trabajo del trío, las colaboraciones están muy bien escogidas. La viola de Marina Barredo y el violín de Rosa Rodríguez aportan primero dulzura y finalmente épica a "Los 400", composición que abre el disco pero que no es la única dotada de un final más fogoso, más cargado de matices. La siguiente, la homónima, recibe en sus últimos coletazos la encantadora voz de Pilar Gómez Angulo (All La Glory) a los coros. Más cuerda en la retro "Sofie". Una "Las cosas imposibles" que -y esto es personal- a ratos me recuerda a Glen Hansard y a ratos a "Copenhague" de Vetusta Morla.

La tónica general, como decía antes, es muy emocional. Las melodías vocales, la viola y el violín, los arreglos de piano, teclado (Nano Barrera) y contrabajo (Javi Mora) y unas letras muy poéticas y poco explícitas acerca de la espalda dada al amor y el amor que da la espalda -alguna que otra correspondencia y una anécdota nada grata con la policía que si no llegan a explicar públicamente nadie lo habría adivinado, dado lo crítptico de las metáforas- convierten Memorias de un pez en un EP que no se deja compartir con los amigos. Se disfruta solo, que es un tipo de disfrute muy particular. Me gustaría poder añadir un pero, pero si lo descubrí, la memoria de pez hizo el resto.

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