VIAJES EN TITANICS DEL SIGLO XXI

JUAN ANTONIO NAVARRO | 18 DE AGOSTO DE 2014 | REPORTAJE

Vista desde un crucero. / ARCHIVO.

Pensando en unas vacaciones en crucero, a quienes hemos leído al fallecido (por voluntad propia) David Foster Wallace nos acuden a la mente cantidad de imágenes cómicas que el escritor plasmó en esa especie de crónica irónica que es Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, sobre un viaje en crucero que realizó por el Mar Caribe y en el que descubrió su incapacidad para disfrutar del tipo de vida y cultura que sobrevuela un viaje de estas características. Pero como no todos -por suerte y por desgracia- sois Foster Wallace, aquí van las mejores rutas del mundo -qué dogmáticos, las nuestras queremos decir- a bordo de ciudades flotantes:

Sobre el mayor barco del mundo

La Royal Caribbean tiene el honor de contar con los dos barcos de crucero más grandes de la Tierra: el Oasis of the Seas y el Allure of the Seas. Es probable que cuando comparamos los cruceros con ciudades flotantes estemos exagerando un poco. Pero en el caso de estas dos bestias del mar, no. El Allure of the Seas, que realiza dos rutas diferentes de siete noches de duración cada una a través del Caribe Occidental una y del Caribe Oriental otra, está dividido en siete vecindarios expresamente diseñados para que el viajero pierda la noción de estar en un navío.

Además de toda la parafernalia que engloba un vecindario de élite y todos los lujos propios de un crucero, incluye tres elementos que no podrás encontrar en ningún otro barco del mundo: un anfiteatro, un Starbucks y un local que se desliza a través de las cubiertas, el The Rising Tide Bar. La ruta occidental hace escala en Nassau (Bahamas), Charlotte Amalie (St. Thomas, Islas Vírgenes) y Philipsburg (St. Marteen), mientras que la ruta oriental visita Labadee (Haití), Costa Maya y Cozumel (México). Al fondo, a pocos metros, la danza de los tiburones.

Emulando al Titanic (y esperando mejor suerte)

Hagamos un poco de recuerdo histórico. Problemente estaban demasiado absortos contemplando a Di Caprio y a Kate Winslet para digerir cualquier otro tipo de información. En su travesía inaugural, la madrugada del 15 de abril de 1912, el Titanic tenía intención de alcanzar Nueva York partiendo del puerto de Shouthampton, uno de los principales puntos marítimos del Reino Unido. Como conoce hasta el último aborigen del planeta, no salió bien.

Por lo espléndido del viaje y por su valor histórico, el crucero Queen Mary II, de la companía naviera Cunard, ofrece el mismo recorrido que el legendario Titanic y llevado a cabo de la misma manera: sin escalas, sin tocar tierra, como los emigrantes de principios del siglo XX. Solo el mar, el viajero y esa inagotable lista de lujos que un barco como este puede ofrecer y que no tenían aquellos barcos repletos de irlandeses e italianos: salones, restaurantes, casino, cine, spa, librería, conferencias, piscina. El súmmum de lo ostentoso. ¿Lo mejor de todo? Consigue llegar a Nueva York la totalidad de las veces.

Descubrir el Golfo Arábigo

Los países del Golfo Arábigo son extremadamente bipolares. Aúnan en sí mismos una cultura milenaria que, más allá de prejuicios y extremismos, es un pozo sin fondo de atractivos, con una afición por el lujo y la exuberancia contemporánea que los convierten en crecientes lugares de destino para los turistas. Un crucero, conceptualmente, es también la conjunción de esos dos aspectos: chorros de agua y templos milenarios, cócteles de primera y costas inexplicables.

Por tanto no es raro que el MSC Lirica sea desde 2013 una de los principales opciones en lo que a aventuras navieras se refiere. Con una duración de ocho días y siete noches, y partiendo del puerto Abu Dhabi y del puerto de Dubai, el glamuroso modus vivendis a bordo del barco se contrapone a la visión de las maravillas humanas y naturales que roza a su paso, como la Gran Mezquita de Sheikh Zayed, el rascacielos de Burj Khalifa, los zocos de Muscat o la isla del Reino de Bahrein, entre muchas otros regalos a los ojos.

Al son de los pingüinos

Y de los elefantes marinos. Y de las ballenas. Los mismos seres que encontró Ronald Amundsen a su llegada -la primera del hombre- al Polo Sur en 1911. La curiosidad supera cualquier obstáculo. Hoy la Antártida continúa siendo el rincón más inexplorado del planeta, y la compañía Hurtigruten, sabedora de que la curiosidad es universal y ambiciosa, propone un viaje por la región a bordo del crucero MS Fram durante entre diez y diecinueves días.

No es el crucero más grande ni más ostentoso que surca las aguas -aunque lo sea suficientemente-, pero lo mágico de la experiencia en el Fram está fuera de la nave, en la fascinante sensación de estar en el último lugar del planeta. Es un crucero para aprender, para abrir la mente, en lugar de apagarla tumbado en un jacuzzi -que también se puede hacer viajando en este buque-, con un equipo de biólogos marinos a disposición del viajero. Vitalmente más rica que las opciones anteriores, siempre y cuando los icebergs pasen de largo.

* Información a tener en cuenta: algunas compañías añaden, eliminan y varían sus rutas ocasionalmente.

© 2013 äll magazine spain . All rights reserved.
Designed by SpicyTricks