EL ESPÍRITU QUE MUEVE A JAVIER SIERRA

JUAN ANTONIO NAVARRO | 12 DE MARZO DE 2013 | ENTREVISTA

Javier Sierra publica su última novela, El Maestro del Prado. / PLANETA.





















Es probable que la imagen proyectada por Javier Sierra sea la de un cuadro donde confluyen espíritus, extraterrestres y animales legendarios. Pero lo cierto es que Javier no es el cuadro. Javier es la luz sobre el cuadro. Periodista y escritor, ha dedicado toda su -precoz y extensa- carrera a explorar las habitaciones más oscuras que alberga el castillo de la vida y a encender en ellas pequeñas velas para permitir a otros contemplar los cuadros con sus propios ojos y decidir en cuáles de ellas habita la verdad. Y lo ha hecho desde la infinita curiosidad de quién no halla la más mínima razón para encontrar aburrido el mundo, y desde el convencimiento de que es el misterio inexplicable la llama que aviva el progreso. Hace unas semanas publicaba su décima novela, El Maestro del Prado, y nos acercamos a la Editorial Planeta para conversar con él.

"El misterio es necesario. Sino estaríamos muertos"

¿Toda la información teórica necesaria para escribir la novela surge tras un proceso de documentación enfocado a la misma o la has ido encontrando y madurando con los años?

Los libros son árboles. Tienes que plantar la semilla e ir dejando que crezca. La semilla de El Maestro del Prado la planté hace una década, cuando terminé de escribir La Cena Secreta, que era una novela centrada en Leonardo Da Vinci y en sus circunstancias pictóricas en Milán. Y a partir de aquella obra me hice unas preguntas: ¿Todos estos misteriores y fuentes heterodoxas, toda esa contracultura que él inyecta en su pintura, tuvo su reflejo en otros artistas de aquel tiempo? ¿Existen pinturas con esas mismas características en el Museo del Prado de Madrid, que es la principal colección de pinturas de Europa? Encontré esos indicios y poco a poco fui madurando esta historia. No fue fácil decidir cómo escribirla, porque uno de los riesgos que tiene un libro que habla de arte es el de abrumar al lector que no conoce el arte. Así que me ví obligado a construir una trama con todos los ingredientes que tiene este tipo de literatura, e inyectar en esa trama todos los secretos que yo había aprendido del arte. El resultado, creo yo, es un árbol muy saludable.

Personalmente, aunque la trama es entretenida, lo verdaderamente atractivo de la lectura fue el apartado teórico acerca de los enigmas del arte.

Precisamente para lectores como tú hay un aparato de notas al final de la novela, con todas las fuentes y explicaciones suplementarias. Esto es algo que un autor generalmente se ahorra, esconde el andamiaje de su narración. Yo lo comparto con el lector porque entiendo que es tal la curiosidad que genera la historia que sería mezquino por mi parte esconderle el camino que debería seguir. Para mí los buenos libros son aquellos que no se agotan en sí mismos, sino que te remiten a otras cosas. Por eso yo concibo cada una de mis novelas como un mapa del tesoro. Hay que buscar ese tesoro, que puede ser un conocimiento, una nueva manera de mirar, una relectura.

Y todos esos descubrimientos tan interesantes, como la lectura inversa de El jardín de las delicias de El Bosco, o la lanza de Longinos en manos de Carlos V en Carlos V a caballo en Mühlberg, por citar dos ejemplos, ¿tienen un respaldo científico o son interpretaciones tuyas?

Están respaldados y documentados en el aparato de notas del que te hablaba. Otra cosa es que los historiadores del arte no hayan reparado generalmente en ese tipo de circunstancias porque la historiografía, con esa obsesión que tiene por ser científica, se suele centrar solo en lo material -las escuelas, las técnicas empleadas, la cronología, la biografía-, pero no se pregunta algo difícil de responder: ¿por qué?

"Mi literatura es muy auténtica. Refleja muy bien mis inquietudes"

Que al fin y al cabo resulta ser lo más atractivo de una obra.

Sin duda. Lo más importante es el espíritu que anima las cosas, no las cosas en sí. Y esto es algo que nuestra cultura ha olvidado. Aplicado al arte, descubrimos un océano de cosas que no nos han contado, a cual más interesante.

Esto es lo que parece que ocurre con los personajes de El Maestro del Prado,que no están excesivamente descritos, como si lo que les definiese fuese su espíritu y aquello que le mueve más que su forma.

Sí. Además, si haces una novela en exceso descriptiva puedes caer en el tedio, neutralizando la capacidad de imaginar del lector. Piensa que la literatura, a diferencia de la televisión, estimula áreas del cerebro donde se generan las imágenes. Tú le pones las imágenes a lo que estás leyendo. Si escribes una novela excesivamente descriptiva, minimizas esa virtud.

Decías antes que la semilla de esta novela llevaba plantada unos diez años. Probablemente haya muchas otras. ¿No te provoca cierto agobio tener las historias pendientes tanto tiempo?

No, porque uno debe saber cuál es el tempo de la creación. Y una novela no tiene fecha. Esta se ha publicado en 2013, pero podría haberlo hecho en 2009 ó 2023. No está condicionada por la urgencia. Yo escribo libros que están deliberadamente elaborados para que puedan ser leídos en el siglo XXIII. Mientras que si escribiese un artículo de prensa estaría condicionado por la actualidad. Tienes que saber que estás dando luz a una criatura más longeva de lo normal y que por tanto no tiene que estar sometida a las urgencias del mundo. Quizá la literatura sea de las pocas cosas que escapan de la velocidad del mundo (ríe).

"Esta sociedad se está transformando de manera radical. Los grandes dogmas se resquebrajan"

En El Maestro del Prado muestras algunas obras de arte como transmisores de mensajes encriptados, con el fin de eludir a las fuerzas censoras como la Inquisición. Con la progresiva pérdida de la censura en Europa, ¿se ha vuelto el arte más explícito?

Sí, el arte contemporáneo sufre una transformación muy fuerte a principios del siglo XX cuando decide abandonar su función contadora de historias para tomar una función de descomposición de la realidad. Ahí surgen todas las vanguardias. Mi imprensión es que el único arte que funciona es el antiguo, el que te conecta con algo, que no imita la realidad. Porque el arte que solo imita la realidad es crónica, no arte. El arte debe estimularte, hacerte meditar y pensar, llevarte a otros mundos. Cuando se inventa la pintura, en las cavernas rupestres, esos primeros hombres que por primera vez representan bidimensionalmente lo que están viendo, no pretenden decorar sus cuevas. No están pintando bisontes. Creen que están pintando el alma de los bisontes. Y hacen ceremonias en torno a esas pinturas porque saben que esa pintura les comunica con el más allá. Es muy curioso cómo en los siglos XV, XVI y XVII todavía hay artistas que saben que no están pintando la realidad, sino el alma de la realidad.

Durante toda la novela los enigmas que vas descubriendo son perfectamente entendibles para la razón, pero al final vemos a un Luis Fovel moviéndose entre dos mundos. ¿Es un juego que propones al lector o verdaderamente das pie a que también pueda ser real?

Es una provocación literaria. El personaje se revela como algo que no imaginábamos, y que tira del lector hacia otro mundo. Es una estrategia. Pero y ¿por qué no? La maravilla de las novelas es que el lector acabe planteándose esta pregunta.

Siempre recurres a fuentes para respaldar tus secretos. Pero has mencionado en alguna ocasión que crees que la vida es solo el principio, que tras la muerte hay mucho más. Para eso no tienes pruebas.

Hay pruebas en todos los sistemas de creencias de la realidad, pero evidentemente son creencias. Es fe. Lo interesante es que en una misma cabeza cabe todo, la realidad y la suprarealidad, lo tangible y lo invisible. Ejerce su tensión, pero el mundo se mueve gracias a los polos. La energía positiva y negativa en una pila es lo que hace que se produzca electricidad. Aparenta ser contradictorio, pero los humanos somos así. Somos pura biología pero también algo más. Cuando nos miramos en profundidad vemos que no todo se explica por la biología. ¿Cómo explicas un enamoramiento? ¿O que tu madre en Tarifa perciba que te ha pasado algo malo en Madrid?

"Los libros son árboles. Tienes que plantar la semilla e ir dejando que crezca"

Pero esto depende ya del sistema de creencias. Hay quien sin entenderlo se empeña en fundamentarlo en una razón natural, no supranatural.

Lo importante es buscar las respuestas. El misterio es una forma de vida, lo que te hace pasar página en un libro, lo que te hace fijarte en esa chica e imaginar que hay tras ella, lo que te hace investigar en los orígenes del cáncer o del sida. El misterio es necesario. Sino estaríamos muertos.

El misterio es necesario, pero la postura ante él puede ser más científica o más de fe.

Evidentemente. Puedes conformarte con una explicación sobrenatural o buscar una explicación científica. En el fondo, aunque yo tengo fe en que efectivamente hay otra vida después de esta -como hubo vida antes de esta-, soy un escéptico. Quiero encontrar las pruebas. Por eso investigo, por eso utilizo la literatura, porque es una herramienta para formular las preguntas correctas y encontrar las respuestas en la medida de lo posible.

La orfandad de espiritismo que trajo la Restauración, ¿fue un fenómeno positivo o negativo para un ser humano acostumbrado a creer en lo superior?

Ese divorcio vino más bien con la Revolución Industrial, que cambió nuestro sistema de valores. Ya no era tan importante tener el alma acomodada como tener el cuerpo acomodado. Pero todo tiende a equilibrarse, y ahora que tenemos el cuerpo cómodo, éste pide algo más. Ahí es donde nacen estas inquietudes. En el futuro, los libros que promueven este tipo de visiones transcendentes crecerá. Confío en que dejaremos atrás esta etapa de novelas eróticas y de crímenes nórdicos. El cuerpo solicita un bocado más exquisito (ríe).

"El arte que solo imita la realidad es crónica, no arte"

¿Cuánto hay del Javier Sierra que tengo frente a mí en el joven Javier Sierra de la novela?

Mi literatura es muy auténtica. Refleja muy bien mis inquietudes. Es más, casi te diría que es más auténtico el Javier del libro que el que está en la calle, que está condicionado por las cosas que nos condicionan a todos. Pero el del libro se mueve libremente sin presiones.

¿Y en el maestro Fovel?

Todos los personajes de un autor tienen algo de él, pero con Fovel he intentado poner algo de la persona real que me encontré en su día, porque esto parte de una experiencia real que ocurrió exactamente en las fechas que aparecen en la novela. Otra cosa es que luego lo dimensione y lo convierta en un personaje. De hecho, este libro es también un mensaje en una botella, como una llamada de atención por si esta persona todavía existiera y quisiera ponerse en contacto conmigo.

Siempre has dicho que no tratas de sentar dogmas, sino de sembrar dudas. ¿Hay demasiado dogma actualmente que requiera de una revisión?

Los hay, pero a la vez, contemplo con expectación cómo se están derrumbando todos. Vivimos un momento muy interesante desde el punto de vista histórico. La sociedad de la comunicación está logrando que grandes dogmas inamovibles se estén cuestionando. No hay más que leer un periódico. Estamos cuestionando el funcionamiento de los partidos políticos, la monarquía, el sistema democrático, la iglesia, la banca. Todo. Y solo es el principio. Esta sociedad se está transformando de manera radical. Los grandes dogmas se resquebrajan.

"Para mí los buenos libros son aquellos que no se agotan en sí mismos, sino que te remiten a otras cosas"

Cuando esto pasa suelen aparecer nuevos dogmas que lo unifican todo de manera cutre.

Sí, vendrán otros, lógicamente. Pero algo irreversible ha cambiado en este proceso. Como ocurrió con la aparición de la imprenta, la irrupción de internet ha cambiado el mundo. Nosotros lo vemos con cierto provincialismo temporal. Creemos que las cosas siguen más o menos igual. ¡Por Dios! No tiene nada que ver. Estamos en otra dimensión (ríe).

El cine ha recurrido masivamente a lo desconocido -conspiraciones, alienígenas, modificaciones genéticas, etc- e inexplicable. ¿Esto beneficia el estudio de los misterios al ponerlo en boca de todos o le perjudica al fijarlo en el imaginario popular como ficción y nada más que ficción?

Todos los ámbitos de la cultura siempre benefician. Pero obviamente se requiere un proceso de maduración en el receptor. Tú no vas a interpretar igual a Scorsese con diez años que con cincuenta. A mí lo que me preocupa es el pensamiento único, que lo que muestra una película se acepte como ficción sin darle margen para la reflexión. Es un camino erróneo. Por lo demás, cualquier impulso es bueno. Pero la maduración no es un proceso automático. Nosotros tenemos lo que yo llamo el síndrome de la llave de la luz: estamos acostumbrados desde principios del siglo XX a entrar a casa, pulsar el interruptor y que se encienda la luz de manera instantánea. Y creemos que todo debe ser instantáneo. Cuando el 3G no baja con suficiente velocidad un archivo, te mosqueas. ¡Pero por el amor de Dios!, las cosas tienen su proceso. Con el tema laboral ocurre igual. Nos hemos confundido. Hemos llegado a creer que una vez que terminas la carrera te colocas y te conviertes en un gran profesional del sector. Pero si esto no ha sido así nunca en la historia. En la Edad Media, entrabas como aprendiz, llegabas a ser oficial y después eres maestro. Y eso sigue valiendo en nuestros días.

Eso me recuerda a las voces que han desprestigiado movimientos como el 15M alegando que no habían provocado cambios, como si pudiesen invertir el mundo en unos meses.

¡Pero por favor, claro! Eso es el inicio, y el proceso de maduración llevará x tiempo, ya sean años, décadas o incluso siglos. Pero cuando un proceso de ese tipo se inicia, es irreversible. Eso es lo interesante.

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