ESCALANDO TOLEDO

SARA SARDLAY | 06 DE MARZO DE 2013 | VIAJES

Vista del río Tajo a su paso por Toledo. / SARA SARDLAY.


















Suena a tópico, pero no por eso deja de ser cierto, que a menudo nos empeñamos en conocer destinos lejanos, dejando olvidados rincones encantados y encantadores de nuestra geografía más cercana. Quizá dentro del actual revival retro, deberíamos retomar la costumbre de nuestros padres de recorrer España, que además resulta bastante económica en los tiempos tan apretados que vivimos.

Circula la frase, de que si un extranjero sólo tiene un día para visitar España, debería emplearlo en ver Toledo. Escarpada en un recodo del río Tajo, habitada con constancia desde culturas celtíberas, su nombre proviene del impuesto por los romanos, Toletum o ciudad fortificada. Desde entonces un continuo de culturas superpuestas la han poblado y edificado, resultando en una especie de paisaje cubista, donde no habita el vacío.

En Toledo encontramos un recorrido por la historia, el arte, los sentimientos, la naturaleza, la gastronomía. Nuestra recomendación es visitarla en fin de semana, y en esta época del año, así disfrutaremos de las ventajas que nos ofrece como las actividades culturales y la entrada dominical gratuita en algunos edificios, sin sufrir las aglomeraciones de turistas y las elevadas temperaturas de meses más avanzados.

Resulta fácil llegar a Toledo, tanto en transporte público, autobús o tren, como en nuestro propio vehículo, no siendo una idea descabellada atreverse a aparcar en las calles periféricas del casco histórico, donde existen zonas de estacionamiento regulado sin límite máximo horario y de un precio muy razonable, que os permitirán desentenderos durante vuestra estancia.  Más ventajas de la visita en estos meses es que dentro de su amplia oferta hotelera, se pueden encontrar buenas oportunidades de fin de semana, en establecimientos muy céntricos.  

Puestos nuestros pies en la calle, con el calzado más cómodo que imaginemos para caminar sin meta definida, podemos organizar nuestra visita en rutas por los diferentes “Toledos”, el visigótico, el judío, el musulmán, el cristiano, el de los Reyes Católicos y finalmente el imperial de Carlos I. En nuestra opinión, aunque estas rutas pueden ser útiles, creemos que despojan a la ciudad de su principal encanto, el eclecticismo en cada calle, en cada edificio y que se descubre caminando de una manera intencionadamente anárquica.

Una buena opción para conocer seis de los edificios más representativos de la esencia de esta ciudad, es comprar la pulsera turística que por ocho euros, nos permite la entrada, sin fecha de caducidad y sin límite de usos a la Iglesia de Santo Tomé, donde se encuentra El Entierro del Señor de Orgaz, obra maestra pictórica de El Greco; el Monasterio de San Juan de Los Reyes, creado por y para Isabel y Fernando; la iglesia de Los Jesuitas, desde cuyas torres se obtiene una bonita panorámica de la ciudad desde su epicentro; la iglesia de San Salvador; la sinagoga de Santa María La Blanca; y la mezquita del Cristo de La Luz. Esta pulsera-bono supone un descuento de seis euros sobre la suma del precio individual. 

Pero existe mucho Toledo fuera de esos edificios. Merece la pena recorrer sus calles periféricas alrededor del Tajo y de los arrabales, donde podemos contemplar sus antiguas Puertas de entrada, testigo cronológico de sus diferentes etapas de dominio, y sus puentes como el de Alcántara y el de San Martín.

Viajero, echa la vista atrás. A tu espalda, aun queda mucho Toledo, vas a tener que volver.

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