"WILD FISHING", LO QUE QUIERA QUE SEA

JUAN ANTONIO NAVARRO | 19 DE MARZO DE 2013 | CRÍTICA

Soledad Vélez. / ABSOLUTE.
















El folk tiene algo, incluso para quienes no han mantenido una estrecha relación con la naturaleza en su humanizada y urbanizada vida, que inevitablemente sabe a hogar. Su llamada al verdor, al transcurrir azul de ríos y mares, al gruñido de la tierra, despierta en quien lo escucha un pasado que, negándose a morir a pesar de nuestra cruel lejanía de campos y bosques, circula por nuestro ADN sin molestias, residuo de un entonces donde no eramos tan elegantes, recordándonos cuál es nuestro origen.

Desde que el Wild Fishing de Soledad Vélez entró en las ciudades allá por abril de 2012, la crítica ha reiterado una y otra vez la opinión de que este álbum, maravilloso como pocos de 2012, no es un álbum tan folk como sugieren ciertas pistas: un diseño de la portada tan vegetal, una -en apariencia- dulce joven con su guitarra, unas referencias en forma de EP's (Four Reasons to Sing y Black Light in the Forest) que miran hacia esos lares...

Pero el Wild Fishing hace arder ese ADN prehistórico y dibuja paisajes como solo el folk, quizás el género musical más gráfico de cuantos existen, puede hacerlo. No importa que "Hug Me" vuelque hacia el blues el sentimiento de Soledad Vélez, tras "Black Light in the Forest" ya no hay quien me saque del bosque. Y aunque es cierto que Wild Fishing incluye episodios blueseros como el citado "Hug Me", "He Is" o "It Wasn't Me", o tentaciones aproximadas al rock alternativo como "Wild Fishing", "Johnnie" o "Unhappy With Crown", no son sino los cantos de un alma irremediablemente perdido en ese mismo bosque. No es tan fácil salir, ni siquiera para alguien que ha pasado la infancia entre árboles, como la Soledad que nos concierne.

Pero no es un folk de tulipanes holandeses. Es un paisaje hermoso pero peligroso, con una Soledad Vélez plantada en el centro, de pie, mirándonos, ahora susurrándonos tan sutilmente con el canto de un ave, ahora gritándonos al oído con la gravedad que ruge un oso. Dependiendo del qué, no tan importante en la lírica de la compositora chilena, que luce un patrón breve y repetitivo a lo blues, tenemos un cómo, pues para Soledad Vélez lo transcendente "no es lo que dices, es cómo lo dices". Cante como cante, en Wild Fishingmanda la voz -¡y qué voz!-, y todas las guitarras, ukeleles, banjos, teclados, armónicas, baterías y percusiones, aunque con vida propia -y muy sana-, no son sino cachorros al amparo de una madre que sabe qué hace y a dónde debe ir.

A pesar del aire inquietante que recorre el álbum, "Homeless, "Sea Man", "Birds", o "Angel's Song", algunos de los tracks más puramente folks, dulce evocación -alabado sea ese banjo-, no presagian un final tan oscuro y sombrío como el que deja "Wild Fishing" a su despedida. Es un trabajo sorprendente que evidencia, -de la misma manera que un escritor no debería escribir sino tiene nada que contar-, que cuando un músico tiene verdadero sentimiento es difícil errar el tiro.

Soledad guarda, valga la repetición, abundante soledad, y un talento cantando y componiendo que seguro nos dará más y mejores alegrías. Tal vez como yo, o como muchos de quienes acaban de oír este Wild Fishing, Soledad Vélez continúe allí plantada, en mitad de ese bosque. También es probable que me equivoque, que este bosque no sea un bosque y yo, de la misma forma que Wilkie Collins veía constantemente a "Ghost Wilkie" a su lado, alucine con más folk del que realmente habita esta tierra. De ser así no importa, déjenme ahí, guiado por la luz negra de Soledad.

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