LOS TALLERES DE GETA

NATALIA CANO | 13 DE MARZO DE 2013 | EXPOSICIONES

L'aventure, 1991. / Geta Brãtescu.


















LOS TALLERES DE LA ARTISTA
DEL 09 DE MARZO AL 29 DE SEPTIEMBRE

Los entornos de trabajo forman el núcleo sobre el que está estructurada la exposición: el estudio-taller, el espacio industrial (la fábrica de calderas, la imprenta) y, de forma más general, la topografía del espacio mediterráneo, que representa uno de los pilares fundamentales de la serie Medea (1980). A estos entornos / “mundos”, tal y como la artista los denomina, circunscribe su actividad. Los coloniza mediante su presencia y, al mismo tiempo, permite que la corrompan/moldeen, lo que desemboca en dibujos de fragmentos de realidad dentro de la órbita de su arte. La constelación de obras que giran en torno a la temática del taller pone de manifiesto la tendencia de la artista a reflejarse en la esfera del arte de una forma casi literal, produciendo obras que cuestionan las convenciones,  herramientas y marcos del arte, así como su propia implicación en el proceso. A través de una restricción gradual de la relación con el mundo que la rodea y, al mismo tiempo, una reducción de las herramientas artísticas al mínimo indispensable, Geta Brãtescu llega inevitablemente al análisis fenomenológico, psicológico y artístico de sus propias manos.  Su filme experimental The Hand of my Body (1977) es el ejemplo más conocido de este fenómeno. En él, sus manos trabajan o, más bien, “bailan” sobre la mesa de trabajo, absortas en su propia coreografía. La artista se refiere a la superficie de trabajo como un “campo de acción” y en dicho espacio sus manos entran en contacto con un “orillo de objetos”, cogiéndolos uno a uno para abandonarlos poco después. La imaginación transforma los objetos en personajes y la mesa de trabajo se convierte en un paisaje, por lo que no es del todo inapropiado compararlo con un juego de mesa.

Los rasgos definitorios del ejercicio de Geta Brãtescu son el constante dinamismo, el eterno estado de cambio y la fusión entre arte y realidad. Asimismo, se caracteriza por concebir los actos artísticos como inextricablemente relacionados con el espacio en el que tienen lugar, es decir, el marco en el que se generan. Su presencia en una fábrica de calderas durante la época en la que los miembros de la Asociación de Artistas Plásticos estaban obligados a dedicar parte de su tiempo a dibujar en ámbitos industriales desembocó en una reflexión sobre el círculo extraída a partir del contorno de las calderas, una forma que Geta Brãtescu exploraría posteriormente en un ciclo en el que aborda la geometría del círculo en relación con una constelación de distintos significados. Estuvo a cargo del diseño gráfico de la revista Secolul 20 y, en consecuencia, visitó la imprenta con asiduidad y creó un vínculo con dicho entorno de trabajo. Se interesó por sus parámetros del mismo modo que conceptualizó y abordó el espacio del taller como un sujeto en sí mismo y, con el tiempo, lo transformó en una entidad meta-artística. Fotografió objetos de la imprenta, “partes de las prensas”, y contenedores de tinta que, por el hecho de ser fotografiados, obtuvieron la condición de retratos. “El objeto te recibe con una mirada fija y persistente”, afirmó la artista. La idea de antropomorfizar y personalizar los objetos de su alrededor –imbuidos de su propio dinamismo, como es el caso de sus obras sobre imanes o la silla zoo-antropomórfica The Traveller (1977), sobre cuya superficie ovalada irán pegados recortes fotográficos de los ojos de la artista– enfatiza la descomposición de sujeto y objeto. En la obra de Geta Brãtescu, el espacio físico, real, se funde con el espacio privado/interior, formando un compuesto que accede al campo del arte.

+ info: www.musac.es

© 2013 äll magazine spain . All rights reserved.
Designed by SpicyTricks