"LA SOLEDAD (Y OBSTINACIÓN) DEL SHERIFF KANE"

JUAN ANTONIO NAVARRO | 22 DE MARZO DE 2013 | CRÍTICA

La banda sevillana Marvin Green.













Cuando el bandido Frank Miller se dirigía hacia el pueblo de Hadleyville con la intención de asesinar al Sheriff Will Kane, el hombre que le llevó ante la justicia, todos sus habitantes rogaron por su huida. Fiel a sus principios, abandonado por unos amigos temerosos de enfrentarse al criminal y su banda, permaneció allí, solo, esperando. En esta vida, en otras lo desconozco, hay un permanente Frank Miller cabalgando hacia cada uno de nosotros. Pero este criminal tan famoso que es el fracaso no consigue amedrentar a aquellas personas que hacen lo que hacen porque se mantienen fieles a una idea. No hay balas suficientes en el mundo para hacerles cambiar de opinión.

Marvin Green es una banda hecha de este tipo de personas, pues los músicos, ya sea en época de crisis o no, siempre están solos ante el peligro. Pero hay más. Que estos sevillanos practiquen un sonido tan dejado atrás -como se abandonan mascotas en vacaciones, cruelmente-, es una evidencia de la obstinación por las ideas y principios que comparten con el Sheriff Kane. La soledad del Sheriff Kane (2012), su segundo largo tras Los días de Lowerside (2011), no luce un nombre gratuito. Los ecos a unas décadas donde el rock, el rock mágico, siempre llenaba estadios, tampoco.

La soledad del Sheriff Kane es, ante todo, un ábum de rock n' roll, y sus influencias, viejas y modernas - Led Zeppelin, The Rolling Stones, The Black Keys o The Blue Van-, asoman con claridad entre sus ocho pistas, todas llenas de ese patrón repetitivo que trajo consigo el blues, pero también esa manía del punk por priorizar el ritmo sobre las melodías, que salvo en los primeros dos minutos de "Al Fresco", la balada del disco, quedan en un segundo plano. En La soledad del Sheriff Kane brilla el ritmo, bases rítmicas enérgicas y vibrantes nacidas para mover cabezas, caderas y piernas. Inevitable cumplir el deseo. Esto, sumado al hecho de que la grabación se haya realizado en directo, dan como resultado un trabajo fuerte, vivo y crudo.

Pero a pesar de que la batería (Héctor Giner), el bajo (Arturo Giner) y especialmente la guitarra (F. J. Curra) , galopando sobre riffs, se lo pasen tan bien rockeando, el teclado (Simon Velázquez), unido a unos estribillos pegadizos de letras que ni fú ni fá cantados por Queco Kabariti, le dan un toque popero al álbum que lo hacen más 'para todos los públicos'. Aunque sigue siendo rock, del de siempre, del que levanta el ánimo, insufla euforia cuente lo que cuente, y colma los oídos. Para escuchar en directo, ya me entienden. Un trabajo que viviría muy pero que muy bien en un vinilo. Ah, y si quieren mi opinión, me quedo con "Maldito Invierno".

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