ALACRÁN ENAMORADO

JUAN ANTONIO NAVARRO | 11 DE ABRIL DE 2013 | CRÍTICA

Álex González en una escena de la película. / ALTA FILMS.














Alacrán enamorado es la segunda película de ficción del director Santiago Zannou, ganador de un Goya por El truco del manco en 2008, basada en la tercera y homónima novela del escritor y actor Carlos Bardem. Ambos son guionistas de este drama protagonizado por Álex González (Julián), Judith Diakhate (Alyssa), el propio Carlos (Carlomonte), Miguel Ángel Silvestre (Luis), Hovik Keuchkerian (Pedro) y Javier Bardem (Solís). Pero basta de presentaciones y al turrón.

Alacrán enamorado es un relato de reinvención, pero de reinvención dolorosa y peligrosa, no de esa que tiene lugar en las fotografías de Tumblr, sino de aquella para la que es necesario sacarse las tripas, reordenarlas correctamente, y cerrar el tajo en un entorno extremadamente hostil tan dispuesto a reabrirlo y manipular el interior. Es la historia de un despertar, del abistamiento de la lógica y la dificultad de ser fiel a ella cuando las decisiones tomadas -en el caso de Julián la adhesión a un grupo neonazi que 'limpia' el barrio de inmigrantes- presentan salidas tan estrechas.

Es, en definitiva, una película de superación, de triple superación: la de Julián, desentendiéndose de la manipulación ejercida por el líder neonazi Solís (inconmensurable Javier Bardem) y el resto de la manada; la de Carlomonte (qué decir de Carlos Bardem, valorado como actor una décima parte de cuanto merece), un ex boxeador y entrenador apegado al alcohol y al regodeo de sus propios fracasos; y la de Alyssa, joven latinoamericana que trata de olvidar un pasado turbio relacionado con la prostitución infantil. No son vidas fáciles, ni era fácil contarlas sin caer en el melodrama. El boxeo y la sensibilidad de Zannou lo han evitado.

Pero Alacrán enamorado no es una cinta de boxeo, aunque encuentre en este cierto alivio de tensión debido al carácter competitivo, racional y metafórico de su violencia frente a la violencia -aunque Zannou prefiera usar el adjetivo visceral en lugar de violento- bruta y surgida del odio que acontece fuera del cuadrilátero. El boxeo es un hilo conductor para contar, desde su paralelismo, ese 'caer y en pie' que es la vida para muchas personas, especialmente en contextos sociales tan complejos como este, y la inutilidad de luchar desde el odio.

También lo es el amor, porque Alyssa es el punto culminante de un proceso de revisión de conceptos -el odio al diferente- que Julián había iniciado previamente de manera automática y no el desencadenante de este. Y, por supuesto, también lo es ese racismo injustificado nacido de una ira provocada por la miseria y la frustración que yerra el blanco, y de la que se aprovechan los verdaderos culpables de momentos de crisis como estos. Como decía el propio Carlos Bardem en rueda de prensa: "Mensajes de odio que se dirigen a las tripas y no a la cabeza".

Físicamente, poco puede decir de Alacrán enamorado, puesto que la atención está tan prestada al mensaje que casi impide ver las formas. La acción es atractiva, altamente atractiva, en parte porque como decía Santiago Zannou, la violencia es peligrosamente atractiva para el espectador. Y la violencia del boxeo, ese deporte que todo el reparto ha buscado dignificar -además de varios amantes del género, en el reparto hay un campeón de los pesos pesados español, Hovik Keuchkerian-, luce un realismo que atrapa. Si buscas una buena historia bien contada, el 12 de abril en cines. 

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