CRUDO Y ENVUELTO EN VERSO: HOVIK KEUCHKERIAN

JUAN ANTONIO NAVARRO | 09 DE ABRIL DE 2013 | ENTREVISTA

Hovik durante la entrevista en el Asador Petri. / CLAUDIA CABRERA.

















No es vagancia, es respeto. No hay nadie mejor para introducir a Hovik que el propio Hovik: "No recuerdo cuando ni como nací. Me lo contaron pero no me lo creo. He vivido ruinas, éxitos, fracasos, ruinas de nuevo, migrañas, resacas, jaquecas, caretos de payaso, desengaños, cuernos, vomitonas de pordiosero, halagos falsos, palmaditas de "te mataría pero no me atrevo", amigos de sangre y enemigos sangrando, amigos muertos y enemigos llorados, conversaciones con mi espejo dándome asco, mentiras, verdades, traiciones sufridas y cometidas, embargos, traspiés de casi me mato y muertos de la mano. Alegrías, sonrisas, carcajadas caras y baratas, dormires en tempestad y la más absoluta de las calmas. He vivido todo eso y más. He vivido todo eso y menos. No lo recuerdo. El día que muera que no está muy lejano, justo antes de cerrar los ojos pasará todo en viñetas de tebeo como un telonero ciego... y entonces, solo entonces sonreiré muriendo para nacer en otro cuerpo".

"La idea que relaciona el esfuerzo con un inevitable éxito es la gran mentira"

Empecemos por lo que creo que es lo más importante para ti: el gimnasio. Josh Tampico, productor musical, nos decía en una entrevista que un estudio no es económicamente rentable, pero que sí lo es a otros niveles.

El gimnasio no está siendo rentable económicamente porque está sumido en la misma situación que las pequeñas y medianas empresas de este país, pero fue rentable y volverá a ser rentable. Estoy convencido. Yo estuve once años al pie del cañón con el gimnasio, luego dejé de boxear y otro tipo de situaciones me apartaron bastante de él. De un tiempo a esta parte he empezado a ir de nuevo, vuelvo a estar más presente y me ayuda a mantener los pies en el suelo, a estar en contacto con mi gente. Me proporciona solidez. Es un medio de vida que me permite estar tranquilo, un pilar fundamental para mi equilibrio.

"Soy los puentes que dinamito cuando me marcho". El del boxeo estalló a tu espalda. Y se rumorea que el de los monólogos también. ¿Es cierto que lo dejas?

Sí, los dejé el 17 de diciembre. Por última vez hice "un mendigo con zapatos de algodón". Fue un año y medio magnifico, y una etapa de mi vida en la comedia de la que me llevo grandes enseñanzas. Ese verso que completo dice: " Soy los puentes que dinamito cuando me marcho que si tengo que volver ya volveré por otro lado". Habla de que se aprende en el trayecto de ida pero también en el de regreso, en cualquier trayecto vital, y de la importancia de las explosiones, de los cambios bruscos.

¿Y por qué lo has dejado?

Porque mi forma de hacer humor fue evolucionado hasta llegar a un punto en que mezclaba el humor y la poesía, usando ésta para mandar tanto un mensaje de vida personal como una crítica extrapolable al momento actual que estamos viviendo en todos los sentidos. Llegó un momento en el que disfrutaba mucho más de la parte poética que de la cómica, que se convirtió en un mero trámite. Y parte del público me decía que quería escuchar con más calma mi parte poética, por lo tanto ellos también la disfrutaban. Esto me hizo darme cuenta de que la gente huye de la palabra poesía, pero de lo que la poesía es no. Que si recitas desde el alma a la gente le llega. Llegado este punto, repasando el texto del siguiente monólogo que iba a estrenar, me di cuenta de que el 85% era de todo menos gracioso. Tenía sus puntos, pero en líneas generales no era cómico. Entonces dije se acabó. Y estoy ahora con un proyecto nuevo: la grabación de un disco recitando mis versos sobre bases musicales inspiradoras y sólidas, con toda la intención de subirlo a un escenario de un teatro en Madrid el año que viene. Por otra parte, tenía también muchas ganas de centrarme más en mi trabajo como actor. Me parece una profesión absolutamente fascinante, porque se trata de jugar, como si pudieses seguir siendo un niño. Veremos qué pasa. El tiempo dirá.

"Tenemos que salir a la calle en masa, por cosas importantes. Que seamos tantos, tanto en número como en la solidez de nuestros argumentos, que demos miedo"

Como decías, en los monólogos pasabas del humor a la reflexión crítica y viceversa, pero a una velocidad que al público le costaba seguir, de modo que a veces la gente se reía de mensajes serios, sin saber muy bien de qué. ¿Crees que en su fuero interno, más tarde, reflexionaban sobre lo oído?

Había gente que lo enganchaba y reflexionaba allí mismo y había gente que lo enganchaba y reflexionaba más tarde, pero ninguna de estas personas se iba a casa indiferente. Es más, pensaban "quiero volver, necesito ver esto una o dos veces más para entenderlo en su totalidad". Yo no salía al escenario con esta intención, sino que lo he sabido por los comentarios, la expresión de las caras y la crítica de mi público. ¿Por qué se reían? Muchos de ellos, en mi opinión, por incomodidad, nunca por lentitud. Por no poder encajar en ningún lugar razonable el sentimiento. A mí me ocurría en el escenario, el sentimiento se apoderaba de mí. El sentimiento bueno es el que no se entiende pero te hace vibrar. Nos incomoda desconocer lo que está ocurriendo, nos inquieta. Sientes que te toca lo que te están diciendo, no entiendes por qué, te incomodas y escapas de la situación riéndote.

Esa incomodidad y tensión del público mientras soltabas todo eso que no entendían nada más comenzar el monólogo, ¿no te costaba soportarlo?

Desde arriba se disfruta mucho. Una de las normas de la comedia, si es que algo como la comedia puede tener normas, es que no debes bajar al público, emocionalmente, porque luego ya no lo recuperas. Yo no he estudiado la teoría de la comedia. Tiré por mi sentir, por mi emoción, por lo que yo quería hacer. Escuché lo que mi cuerpo me pedía y me pedía mezclar. Escribí el monólogo de Cocretas, que tanto ha supuesto para mí y que nunca estaré suficientemente agradecido a toda la gente que lo ha visto tanto en Paramount Comedy como en YouTube, en una noche. Porque salió sin más. Y lo empecé a probar. Al principio era mucho más emocionante, porque no sabía cómo iba a reaccionar la gente. Al inicio pensaban: "¿qué me está contando éste anormal?". La novia preguntándole al novio: "¿dónde me has traído?". Y de repente pegaba el giro y la gente se reía, y se relajaba pasada ya la angustia. Y en sus caras se veía: "no nos hemos equivocado de sitio, nos vamos a reír, ¿pero qué ha dicho?, quiero oírlo de nuevo". En un par de semanas subiré a YouTube mi último monólogo, Un mendigo con zapatos de algodón, un resumen de lo que ha sido mi trayectoria como cómico durante cinco años, de lo que he llegado a entender y sentir como comedia, y de cómo he disfrutado aprendiendo a utilizar un micrófono, el cuerpo, la voz, la sangre, el sudor, la mirada, en un escenario para hacer partícipe a los demás, a través del humor, de mi propia mierda. Ha sido terapéutico y ha sido esperanzador porque lo que me llevo de mi público no son sus carcajadas, que por supuesto me hacen muy feliz, lo que me llevo es que mi mierda ha resultado que no es solo mía. Perdí la sensación de soledad. Mi monólogo comenzaba diciendo: "Solo en mi soledad solitaria, solo soy un mendigo con zapatos de algodón. Tengo un mendigo viviendo dentro que tiene hambre pero se niega a comer, me está jodiendo el alma..." Mientras escribía eso me sentía un ser solitario. Después de año y medio en el teatro, mi soledad y la de gran parte de todo ese público que pasó por el teatro, ya no es tan solitaria. Ha sido un viaje brutal para mí. Estoy profundamente agradecido a mi público, a la comedia y a la gente maravillosa que he conocido en estos años.

No estudiaste la teoría de la comedia ni has leído excesiva poesía. Todo lo guía ese sentir tuyo, ese impulso, ese riesgo.

Aún no lo tengo claro. Es como si me hablaran las tripas y me dijeran: por aquí. Y voy. Te aseguro que ni mucho menos sale bien siempre, pero si me he de fiar de algo que sea de mi instinto.

"Entiendo perfectamente el enfado de dios porque él no creó esto para que se lo llevasen cuatro listos hijos de puta que mueven el mundo"

Confianza.

Absoluta. Es un principio sólido que he ido cimentando en mi vida con el paso del tiempo: no buscar el resultado, simplemente trabajar. Creer ciegamente en lo que uno está haciendo, sentir dentro lo que uno está haciendo, e indistintamente del resultado, que es una consecuencia que depende de muchísimas circunstancias, habitualmente externas, el camino habrá sido enriquecedor. Los japoneses dicen que la meta es el camino. En ese sentido me siento japonés.

A la hora de escribir poesía no te atienes a ningún tipo de ataduras formales. ¿Es porque te robarían parte del poder de liberación de la escritura?

No soy de ataduras formales. Es la necesidad de escribir la que hace al escritor. Independientemente de que mis poemas tengan diez, once o quince versos, tienen música. "La esperanza vive dormida en el ombligo de este mundo. Lo sé porque me lo dijo anoche que salió a tomar unas copas y se acostó conmigo. La vi sentada al fondo de la barra y la reconocí, estaba bebiendo. Normal según están las cosas." No tiene métrica, por lo menos buscada, pero va fluido. No analizo su forma, analizo su sonido, su ritmo y su mensaje. Su mensaje para mí, lo que interprete o sienta el receptor ya es cosa suya. Eso es lo universal de la poesía, cada uno hace su parte. "La esperanza vive dormida en el ombligo de este mundo". El ombligo de este mundo es el de cada uno de nosotros, o sea que cada uno de nosotros guarda esperanza dentro. Somos esperanza. "Lo sé porque me lo dijo anoche que salió a tomar unas copas y se acostó conmigo." Yo busqué la esperanza perdida en los bares y en varias ocasiones la encontré, fue mi refugio. Es lo que sentía cuando escribí esos versos, y en ese momento era verdad. Pero eso ya pasó. Ahora no podría escribirlos, porque vuelvo a tener a mi esperanza en mi ombligo.

José C. Vales nos decía hace no mucho que no concebía un buen escritor que no conociese la retórica, la estética, la historia literaria... Aunque, como él mismo decía, algunos sí han sido grandes sin demasiados estudios.

Lo respeto pero no lo comparto. Para ser un buen escritor hay que saber escribir, saber colocar las palabras para que sean uno con tu sentir, con tu sangre, y hay que haber tenido una vida, experiencias, y haber sido capaz de vivir encarando el miedo constantemente. Y lo que es innegociable para mí: tienes que escribir para ti. Hay gente que me manda sus escritos para que le aconseje, con el pánico que le tengo a la palabra aconsejar, y a más de uno le contesto que en mi opinión está bien escrito, pero que por favor deje de pensar mientras escribe que lo que escribe lo va a leer su madre. Escribir es desnudarse sin ningún tipo de excusa. La opinión de los demás es algo que no depende de ti. De ti solo depende que lo que hagas sea verdad. Tú imagina que pasaría si una persona como yo hiciese caso de todas las críticas que recibe. Estaría muerto. Es imposible gustar a todos. Es más, creo que es insano. Yo escribo lo que escribo, escribo sangre (marcado énfasis). Y resulta que a algunas personas les llega dentro, independientemente de que haya o no haya leído mucho.

"Hay gente tratando de conseguir, y lo han conseguido, que vivamos ya no diría aborregados, diría enfermos"

Uno de tus versos dice: "El mundo lo mueven los hijos de puta". Creo que es una reflexión que en este momento brilla más que nunca. ¿Podemos cambiar esto o los hijos de puta estarán siempre por encima?

Precisamente vengo de una charla en un instituto donde se ha liado porque he dicho que la solución es la violencia.

¿Lo crees firmemente?

Absolutamente, aunque no violencia física, que sería ya el último peldaño, peldaño muy respetable, por otra parte. Tenemos que entender que violencia es lo que ejercen ellos contra nosotros. El mundo lo mueven los grupos de poder, para mí conocidos como hijos de puta. Forma parte de un plan, no ha surgido aleatoriamente. Detrás de la industria alimenticia, la farmacéutica, la armamentística, la tecnológica, los medios de comunicación, la publicidad, las ideologías políticas dominantes que no dejan de ser una parte más de esa industria que manda hoy como un único dios todopoderoso, el dinero en definitiva, hay gente tratando de conseguir, y lo han conseguido, que vivamos ya no diría aborregados, diría enfermos. Un mundo enfermo es un mundo fácilmente manipulable, débil, vulnerable. Hemos permitido que sacrifiquen nuestra capacidad de posicionarnos individual y personalmente ante la vida y hacia los acontecimientos, nuestro criterio individual como seres únicos que somos todos y cada uno de nosotros. Hemos permitido que nos roben la capacidad de pensar por nosotros mismos. Nuestra identidad. Hemos olvidado que somos animales conscientes. Todo eso es violencia, señores hijos de puta. Es violento que el mundo, a nivel global, siga funcionando como funciona, con unos desequilibrios tan brutales, simplemente porque a este juego llamado civilización moderna se juega con las normas que ustedes, señores hijos de puta, han diseñado. Eso es violento. Y en cuanto aparece alguien que se quiere saltar esas normas, es perseguido como un criminal. Insisto, eso es violencia. Recuperemos nuestro criterio y la consciencia de que somos fuertes y capaces por nosotros mismos sin necesidad de factores externos, factores externos contaminados por supuesto.

E aquí una paradoja. La facilidad con la que nos unimos para convertirnos en una masa sin criterio personal contrasta con la dificultad que tenemos para unirnos por una lucha social.

¡Si en las comunidades de vecinos no nos ponemos de acuerdo! Pero tenemos que salir a la calle en masa, no porque nuestro equipo baje a segunda, sino por cosas importantes. Que seamos tantos, tanto en número como en la solidez de nuestros argumentos, que demos miedo. No somos conscientes de nuestro poder. Somos el combustible del mundo, pero el combustible ha de arder, ha de convertirse en llama.

"Trabaja mucho, ten confianza, ten actitud y estate listo por si el tren se para en tu puerta"

Pero parece que nunca llegamos a ese punto crítico que lleve a la gente a decir: todo o nada.

Porque aún no estamos en la nada. En muchas partes del mundo si lo están, a nosotros nos queda poco. Cuando ya no tengamos nada que perder, ahí explotaremos, y vendrá el cambio. Es un problema global.

Esto me recuerda a otro de tus versos: "Nos extinguiríamos como especie yéndonos por el desagüe, que es lo máximo que nos merecemos".

Sí, el agujero de la capa de ozono es el culo de dios y nos va a cagar encima por gilipollas. Entiendo perfectamente el enfado de dios porque él no creó esto para que se lo llevasen cuatro listos hijos de puta que mueven el mundo. Y ha dicho me cago encima de estos, me los cargo, dejo la tierra vacía y recalifico. No nos merecemos otra cosa. Cuando digo esto todos asienten con la cabeza, pero todo sigue igual. Y sacas la palabra violencia y la peña piensa en bombas. No. Vamos a ejercer el mismo tipo de violencia que ejercen ellos. Mañana dejamos de pagar la hipoteca, todos y cuando digo todos digo todos, a nivel global, mañana dejamos de consumir. ¿Qué haría el presidente del gobierno? ¿Mandar al ejército puerta por puerta a desahuciar a cuatro millones de familias? ¿Y los que están por encima de él, los que mueven los hilitos, que harían? A mí me gustaría saber que harían. Creo que sentirían miedo, el mismo que sienten muchos seres humanos a diario a lo largo y ancho del mundo.

Tu pesimismo no es tanto respecto a la especie humana como a la configuración actual de la vida humana.

No es pesimismo, es crudeza. Cuando la experiencia es dolorosa, el mensajero, que en este caso es la vida, lo único que te está diciendo es que espabiles, que reacciones. Todo lo que está pasando ahora dentro de muchos años lo veremos como algo positivo, algo que debía de ocurrir porque había algo que debíamos aprender como especie, todos, los que están arriba, los que están abajo y los que están en medio. El cambio ha de ser global, y puesto que somos mentes pensantes sería cojonudo que fuese un cambio voluntario. Pero desde luego no se va a producir siguiendo por este camino. Podríamos estar dos días hablando de esto.

"Un mundo enfermo es un mundo fácilmente manipulable, débil, vulnerable"

Pues cambiemos. Decías en otra entrevista que del boxeo aprendiste que no por entregarlo todo vas a alcanzar tu objetivo. Es una idea muy antihollywood.

Es una idea contraria a lo que nos han enseñado desde pequeños. "Si estudias mucho, trabajas mucho y eres constante triunfarás". Habría que empezar por definir el concepto de triunfo, vamos digo yo. Yo más bien diría: estudia mucho, trabaja mucho, ten mucha confianza en ti, ten la actitud necesaria, conócete, vive en equilibrio, y llegados a este punto para mí ya habrás triunfado con creces. A esto le añadiría: ...porque si suena la flauta, se para el tren en ese momento y se abren sus puertas en tus narices, mejor que estés preparado. De este modo aprenderíamos que una cosa es el triunfo vital de cada de uno y otra el triunfo social, económico, el reconocimiento, el "éxito". Para mí el primero es el único real, el éxito interior. Pero esto es muy distinto de: estudia mucho, trabaja mucho, ten mucha confianza en ti, ten la actitud necesaria y serás el número uno seguro. Si no tienes los apoyos necesarios, no se dan los acontecimientos como han de darse y no se cumplen las circunstancias obligatorias, no serás el número uno. Con cuarenta años mirarás atrás y entenderás que te han engañado o que te has dejado engañar. ¡Y eso es un palo! Y si tienes tres hijos, una hipoteca y un trabajo que no te gusta, ¡es un palo brutal! Las circunstancias no se dan para todo el mundo por igual, hay condicionantes. Si años después de dejar el boxeo no hubiese retornado al gimnasio, no hubiese seguido escribiendo, la comedia no hubiese funcionado, no me hubiesen llamado para Hispania y hubiese seguido bebiendo como un cabrón e importándome todo una mierda, estaría con cuarenta años tirado en la calle. ¿Cuál sería mi historia entonces? ¿Ibas a estar tú aquí, preguntándome cómo un tío con mis posibilidades habría acabado en la calle, borracho como una cuba, solo y con una esperanza de vida de tres meses más? No, no estarías aquí sentado. Pero resulta que no, que hice Hispania, mis pinitos como actor y libros que más o menos dicen cosas. Cuando me viene un proyecto me dejo el alma, sí, pero las circunstancias, positivas o negativas, indiscutiblemente me han acompañado. Resumen: trabaja mucho, ten confianza, ten actitud y estate listo por si  el tren se pare en tu puerta. Subirse a un tren siempre es algo maravilloso, no por el destino sino porque el recorrido ya implica actuar. En la acción está el crecimiento. Pero esa idea que relaciona el esfuerzo con un inevitable éxito es la gran mentira. Hay mucha gente, como lo han hecho sin duda todos los números uno, que han superado todo tipo de dificultades, todo tipo de adversidades, que han trabajado de sol a sol, que se han sacrificado y que no han llegado, y para el mundo caen en el olvido, no existen y su historia no se conoce, porque no vende, porque a nadie le interesa lo que un perdedor tiene que decir, no tiene un final feliz, no obtiene el reconocimiento de la masa. Para mí son los verdaderos triunfadores, los números uno, porque creyeron hasta el final y lucharon, y en creer en sí mismos hasta el final radicó su éxito.

Volvamos a ti. ¿Qué te ha reportado mayor satisfacción: el boxeo, la poesía, la comedia o la actuación?

Todas. Cada uno en su momento. Siempre he hecho lo que he sentido y he sentido lo que he hecho y cuando he dejado de quererlo o he sentido que sobraba en algún lugar, me he marchado. Ahora mismo estoy trabajando con mucha ilusión, pero soy consciente de que me queda mucho para ser un actor completo. Pero estoy convencido de que he vivido lo que he vivido y he pasado por las cosas que he pasado para llegar a ser actor. Porque además la rutina me mata, y un actor, cada vez que encarna un personaje, es otra persona y se olvida de sí mismo, lo cual es un descanso para mi. Es un renacer constante. Lo que sí he mantenido siempre como denominador común, ya fuese boxeando, haciendo comedia o actuando ahora ha sido la escritura. Escribo a diario. Es como una confesión para mí, es terapéutico. Por su parte, el boxeo me enseñó algo indispensable que he extrapolado a cualquier acción vital, el boxeo me enseñó a entrenar.

Pronto se estrenará Alacrán enamorado. Cuéntanos.

Sí, el 12 de abril estará en cines. Alacrán enamorado es la historia de Julián, un chico skinhead que a través del boxeo cambia su forma de entender la vida. Se convierte en una persona normal a base de trabajo, sacrificio, esfuerzo y la corrección de ciertos conceptos vitales que tenía. Pero se dan las circunstancias para que esto ocurra. Santiago Zannou, que es un director con una sensibilidad e intencionalidad brutales, utiliza el boxeo como vehículo para mandar un mensaje que no es otro que mostrar la capacidad que tenemos todos para superarnos y cambiar. Es imposible que esta película pase desapercibida, porque tiene un mensaje universal. Podemos cambiar, debemos cambiar para que cambie a su vez lo que nos rodea.

"Escribir es desnudarse sin ningún tipo de excusa"

¿Tuvo alguna influencia tu pasado como boxeador a la hora de ser elegido para el papel?

Puede haber afectado, pero no deja de ser paradójico que la primera película que hago, con esta gente tan maravillosa, hable del mundo del boxeo y mande el mensaje que manda. ¿No podrías interpretar que he sido boxeador precisamente para poder hacer esta película?

Es una lectura más...

Romántica. Mucho más romántica. ¿Pero por qué no?

Vamos acabando. Tú naciste en el Líbano. ¿Le tienes cierto afecto en la lejanía?

No he vuelto a ir al Líbano nunca. Lo tengo en tareas pendientes. Mis padres y familiares me han hablado mucho de él y sé que es un país maravilloso inmerso en una constante guerra. Creo que en mi latir está presente el haber nacido en un país en guerra. Antes de ser capaz de analizar muchas cosas de tu vida de una forma consciente resulta que tus padres te han sacado del país en el que naciste porque ha estallado un conflicto bélico. Eso tiene que afectar al alma de alguna forma. Igualmente, mi abuelo era armenio, mi padre era armenio y yo soy armenio de sangre, un pueblo que sobrevivió al primer genocidio del siglo XX. Mi madre es navarra, es decir que tengo sangre navarra también. Todo eso creo que también está presente en mi latir. Soy mestizo, como todos. Será bonito volver al Líbano.

No parece que creas demasiado en la casualidad.

No creo en las casualidades.

+ info: www.hovik.es

ESTRENO: ALACRÁN ENAMORADO 12 DE ABRIL.

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