CUANDO LO PRINCIPAL ES SECUNDARIO

JUAN ANTONIO NAVARRO | 08 DE ABRIL DE 2013 | CRÍTICA

Juan Martín García-Sancho está preparando su próxima novela. / SARA SARDLAY.

















Juan Martín García-Sancho es médico inmunólogo del Complejo Asistencial Universitario de León, pero cuando no está ejerciendo o haciendo de padre, da vida a la literatura en forma de relatos, novelas y guiones cinematográficos. De toda esta producción, Secundarios, fue publicada. Lo hizo en 2011, mucho después de quedar finalista del Premio Azorín y del Premio Río Manzanares. Secundarios no es una novela mediática, pero sí lo suficientemente interesante para dedicarle unos párrafos.

La mayor curiosidad, que acompaña al lector de Secundarios desde su portada hasta el final, es la estructura narrativa de la novela, el original planteamiento de Juan Martín de la perspectiva del relato. En él, la historia principal y verdaderamente relevante ocurre en un segundo plano, casi escondida entre los episodios que nos descubren la fauna de un barrio del Madrid contemporáneo, fauna que encarna los papeles secundarios de la novela.

Así, tras la altanera Doña Lupita, la rimbombante lengua del profesor Calasanz o la brutalidad del dueño de un bar, entre muchos otros, el escritor conduce al lector hacia un misterio -del que forman parte Queque, y Pinky y el albino, aparentemente hostigadores del primero- que no será resuelto hasta el último capítulo de la novela, de manera sorprendente, y que mantendremos en secreto como cualquier otro descubrimiento de la obra cuyo conocimiento evite al potencial lector disfrutar al máximo de Secundarios.

Los secundarios de la trama, prismáticos subjetivos para el lector, tienen su propia historia, y la cuentan en primer plano, rozando la cámara y con todas las luces sobre ellos. Historias anidadas por lobos cuyas orejas asoman cada día más en peródicos y televisiones: racismos, prejuicios, miserias, rencores políticos... Historias de todo tipo de individuos, eso sí, exageradamente marcados. Juan Martín usa el recurso de la hipérbole, en este caso, la hipérbole de las personalidades, para descubrir todos esos lobos. Verosimilutud o no, depende del lector.

Lo importante es que el transcurrir es incesante, guiados por la prosa minuciosa y cómica de Juan Martín a lo largo de las poco más de doscientas páginas que tiene esta novela, cuya historia tiene lugar en aproximadamente trece horas, siendo posible coincidir tiempo ficticio y de lectura, dotando a ésta de mayor inmersión y credibilidad. No hay tiempo para el aburrimiento. Y hay un enigma, un delito, esperando al final de Secundarios. Déjense guiar por los segundones.

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