DE MUSEOS POR MADRID

JUAN ANTONIO NAVARRO | 04 DE ABRIL DE 2013 | REPORTAJE

Palacio de Cristal del Parque de El Retiro. / MUSEO CENTRO DE ARTE REINA SOFÍA.
















Puede que Madrid no conserve, a ojos del gran público, la misma fuerza histórica entre sus calles y edificios que esos dos titanes europeos llamados París y Londres, pero cuando hablamos de museos, de la huella del pasado congelada entre paredes, no tiene problema alguno en sacar pecho y situarse sin pudor junto a las ciudades que ven transcurrir el Sena y el Támesis respectivamente.

La joya de la corona, el Museo Nacional del Prado, mira de tú a tú al Louvre y a la National Gallery gracias a la obra de Velázquez, del Bosco, de Goya, de Tiziano, de Rubens o del Greco entre muchos otros. Bajo sus techos pueden descubrirse alguna de las mejores piezas de la historia, pinturas universales, referencias obligatorias. Las Meninas de Velázquez, Saturno devorando a un hijo, El 3 de Mayo de Goya y La maja desnuda de Goya, El jardín de las delicias del Bosco, La última cena de Juan de Juanes, Las tres gracias de Rubens o El caballero de la mano en el pecho del Greco. Una visita es más que insuficiente para comprender el Prado.

Donde el Prado acaba, en el inicio del siglo XX, comienza el Museo Reina Sofía, extendiéndose hasta nuestros días. En esta otra esquina del llamado Triángulo del Arte de Madrid mora el espíritu de los vanguardistas. Las obras de Picasso, de Dalí, de Joan Miró, de Francis Bacon o de Kandinsky, que rompieron para siempre siglos de técnica y actitud artística, habitan este museo neoclásico situado junto a la Estación de Atocha desde 1992. Retrato de Luis Buñuel, Guernica o Figura tumbada son varios de tantos justificantes para perderse entre sus muros tantas veces como sean necesarias.

Para completar el bien llamado Triángulo de Oro existe el Museo Thyssen-Bornemisza, una colección de obras antiguas y modernas que hace las veces de puente entre el Prado y el Reina Sofía, completando las lagunas pictóricas de ambas instituciones hasta conseguir, según los historiógrafos, que el Triángulo formado por todos ellos sea reflejo de la evolución del arte desde la Edad Media hasta la actualidad. Tal vez haya que rebotar de uno en otro para ser fiel a la cronología, pero a quienes sientan inquietudes artísticas no les costará nada recorrer la escasa distancia que les separa para comprender cuánto les une. Tríptico de la anunciación de Van Eyck, La anunciación del Greco o Les vessenots en Auvers de Van Goh dan fe de la variedad del comúnmente conocido como Thyssen.

Pero Madrid no es solo grabado, pintura y escultura. Abundan museos de todo tipo, incluso de aquellos para cuyo disfrute no necesitas más que sana curiosidad. Un ejemplo de ello es el Museo del Aire, una institución dependiente del Ministerio de Defensa en la que pueden descubrirse hasta 150 modelos de aviones y helicópteros que surcaron los cielos españoles, como el Vilanova Acedo, el aeroplano más antiguo que se conserva en nuestro país, el bombardero alemán Heinkel He 111 E-1 o el gigantesco Stratotanker. Les rodea toda la parafernalia del ejército del aire: uniformes, condecoraciones, motores, maquetas... Otro tanto ocurre con el Museo Naval de Madrid, donde entre otras cosas se encuentra el mapa de Juan de la Cosa, la representación gráfica de América más antigua que ha sobrevivido, o con el Museo de los Bomberos, donde pueden contemplarse los distintos modelos de vehículo e indumentaria con la que estos héroes han trabajo a lo largo de los años.

Hablando de héroes, el Museo de Cera que nos ha tocado vivir deja mucho que desear, pero como ejercicio histórico e imaginativo puede ser muy divertido. ¿Ese es Rafa Nadal o Michael Jackson? En esto quizá sí tengamos algo que envidiar a Londres y París, pero podemos quitarnos la media decepción con una visita al Museo del Traje, que repasa la historia desde la curiosa perspectiva de la indumentaria, con una visita al espacio a través del Planetario de Madrid, o con una toma de contacto con nuestro primitivo entorno mediante una visita al Museo Nacional de las Ciencias Naturales o al Jardín Botánico.

Hay más, muchos más, pero tenemos que irnos, que a nosotros también nos gusta visitar museos. Antes de irnos, dos menciones especiales: la primera, y en honor al amor al movimiento que José C. Vales trajo consigo a esta revista, el Museo del Romanticismo, al que donaron objetos, entre otros, Zorrilla y Larra, y que estuvo dirigido por Alberti durante la Guerra Civil; y el Museo Arqueológico Nacional, cerrado por reformas hasta finales de 2013 o principios de 2014 y cuya reapertura esperamos con paciencia e ilusión.

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