"TIEMPO DE NÍSPEROS" Y ANTÍTESIS

JUAN ANTONIO NAVARRO | 29 DE ABRIL DE 2013 | NOTICIAS

Rusos Blancos.
















Si a uno le cuentan que el segundo álbum de Rusos Blancos lo gobiernan una ruptura sentimental y la consiguiente aceptación del fracaso del amor como fórmula de salvación vital, le es difícil imaginarlo como un guiso digerible en estos tiempos alegres de incipiente sol y florecillas polinizando. Craso error. La ironía de Tiempos de nísperos radica precisamente en la disparidad anímica de su lírica, pesimista y con gotas de mal carácter, con la de sus instrumentales, espabiladas y alegres. Publicado el pasado 2 de abril, el segundo largo del sexteto madrileño supera el clásico indiepop de guitarras del inaugural Sí a todo (2011) para probar suerte en las mil y un texturas del multiestilismo.

La razón de haber llevado cada canción al linde de su carácter, según Manu Rodríguez, cantante y compositor de ocho de las diez que traman Tiempo de nísperos, es evitar el tedio que habría supuesto sumar a unas letras homogéneas un sonido homogéneo. Sabia decisión, cuyo resultado es un disco imprevisible que lo mismo encalla en pistas bailongas de bases disco -el single "Baile letal 3" u "Hogareña"- que alcanza costas flamencas y tropicales -"Bonito cortejo"-, siempre cerca de vientos y violines, pero sin olvidar nunca el "yo soy un hombre triste" que empolva cualquier atisbo de esperanza.

Rusos Blancos son bastante más que los padres del "Supermodelo" que se coló en la deplorable serie de televisión Física o química, y este Tiempos de nísperos es tan agradable al oído como apático a la vista es su diseño gráfico. No es difícil mejorarlo, pero no importa mientras no lo lleven tatuado en sus próximas citas: 23 de mayo en la sala Ultramarinos de Santiago y 24 de mayo en El Pequeño Karma de Pontevedra.  

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