EL PAYASO

JUAN ANTONIO NAVARRO | 18 DE ABRIL DE 2013 | CRÍTICA

Escena del film El payaso. / CADA FILMS.
















"Yo hago reír a la gente, ¿pero quién me hace reír a mí?". La raíz de El payaso (O palhaço), segundo largometraje del director brasileño Selton Mello, es, como reconocía él mismo en rueda de prensa, el clásico y universal cuestionamiento vital acerca de cuál es nuestro lugar y nuestro cometido en el mundo. "Conecta con el público porque todos nos planteamos constantemente cambiar o no cambiar de vida".

La elección del payaso y el circo como vehículo reside en la energía que presenta el contraste entre la alegría superficial y la profunda desorientación. Benjamín (interpretado por el propio Selton) viaja con el circo rural Esperanza, que dirige su padre (el famoso actor brasiñelo Paulo José), por pequeños pueblos del Brasil setentero, haciendo las delicias de alcaldes corruptos y lugareños, pero no es feliz puesto que no tuvo elección.

Obsesionado por tener un ventilador y sentir el aire renovador en la cara -una de las ideas reiteradas a lo largo de la cinta-, abandona a su familia circense, compuesta por los personajes arquetípicos que encontramos en el circo estándar de cuento, sin demasiada singularidad, pues no la necesita, ya que el texto es sencillo, sin desvíos ni despistes. Su meta es probar la vida urbana y sedentaria, conseguir un carnet de identidad, un empleo y una esposa. Solo cuando lo tiene entre las manos, cuando se ha distanciado lo suficiente de quien ha sido toda su vida, comprende quién es. "Los gatos beben leche, los gatos comen queso, y yo soy un payaso".

Este "cada uno debe hacer lo que sabe" recorre un guión simple pero delicado y poético que enternece y hace sonreír. Las escenas propiamente circenses, muy dilatadas, con gags que Selton aprendió tras un año conociendo personalidades de este noble arte, son muy divertidas, y el vestuario merece un aplauso. Mención aparte merece la banda sonora, con las composiciones de Plinio Profeta y unas canciones populares que hacen brillar una fotografía digna.

El payaso se estrenó en Brasil en 2011, y fue seleccionada para representar al país en los premios Óscar del pasado febrero. La academia no la nominó, y es razonable. A diferencia de No, Kon-Tiki o Rebelde, El payaso transita un camino ya transitado y, francamente, tampoco el modo en que lo recorre la convierte en un filme  mayúsculo. Una buena película, que además de activar la reflexión crítica, divierte. Estreno el viernes 19 de abril.

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