EN LA COCINA CON LA DRAMA MAMÁ

NATALIA CANO | 29 DE ABRIL DE 2013 | LIBROS

El libro de recetas de Amaya Ascunce y su drama mamá. / PLANETA.















Éste no es un libro de recetas. Es la aventura de la autora, Amaya Ascunce, que decidió meterse entre fogones con su madre para cocinar unos platos, cuando menos, divertidos, ya que todos van acompañados de desternillantes episodios para su preparación. 

Amaya Ascunce cosechó un gran éxito, de crítica y público, con su blog
, lo que llevó a la publicación del libro Cómo no ser una drama mamá, obteniendo un gran acogida entre los lectores. Esta nueva obra es el resultado de la propuesta de escribir un libro de recetas junto a su drama mamá, y de paso, aprender a cocinar aunque sea por supervivencia, algún plato básico. La autora afirma que cuando la editora le hizo la sugerencia “me dio un ataque de risa, me atraganté, y le dije que lo único que teníamos en común una cocina y yo es que las dos existimos en el mundo”. 

En esta ocasión la autora se mete de nuevo en el papel de la Nena y narra en clave de humor su poca simpatía por la cocina. Como ella misma afirma, no sabe cocinar. “Pero ni un poquito. Vamos que mi nevera es de balda vacía, balda vacía, salchichas, balda vacía, yogur caducado”. Debido a esta incapacidad de Ascunce para nada relacionado con la cocina la primera impresión de madre e hija frente al encargo fue el rechazo, al considerarlo una idea completamente absurda, como muchas de las situaciones que encontramos descritas en el interior. El punto de partida hace la narración muy divertida, ya que como la propia autora menciona, posee el récord Guinness del peor arroz blanco del mundo. Así Amaya Ascunce relata en primera persona, con un derroche de simpatía ilimitada, las peripecias que tiene que sufrir, en compañía siempre de su inseparable drama mamá, para llevar a cabo las recetas de este libro. 

Partiendo de frustrados intentos anteriores en el arte culinario Ascunce describe cómo intenta hacer una tortilla de patatas sin aceite de oliva, utilizando en su lugar mantequilla, “pues no, coño, no sabe igual. Sólo consigues que las patatas sepan a mantequilla”. Otra conclusión bastante disparatada de la autora se produce al interpretar las instrucciones para hacer gelatina: “Si dice cuatro horas en el frigorífico, pues está claro, dos en el congelador, y listo”. 

Descubrimos los malos hábitos alimentarios de la autora que, harta de escuchar que no sabe cocinar y que no se alimenta bien, finalmente consigue convencer a su madre para embarcarse en esta nueva aventura. Al igual que para Ascunce, este libro representa un proyecto y una oportunidad para todos los que, igual que la autora, se consideren “analfabetos de la cocina”. 

Los consejos y comentarios de la drama mamá respecto a su nuevo proyecto dejan ver las situaciones cómicas que se producen entre ambas y la inusitada paciencia de la autora; “es que no sé, yo siempre he pensado que la gente que escribía los libros y los periódicos era gente que sabía de las cosas, gente con autoridad, y ahora veo que no tiene por qué. Que lo mismo son todos como tú y solo se les da bien juntar palabras. Si te digo la verdad, ya no leo igual el periódico. Le he perdido un poco de respeto”. 

A través de la experiencia de Ascunce descubrimos una vida lleva de episodios divertidos, mucha ficción y algo de aprendizaje, con una pedagogía —made in drama mamá— bastante singular. Así nos adentramos un poco más en la atmósfera cotidiana de la autora y vamos descubriendo a otros miembros de la familia. 

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