HOT SUR

NATALIA CANO | 22 DE ABRIL DE 2013 | LIBROS

Hot Sur. / PLANETA.












María Paz, una joven colombiana indocumentada, se casa con Greg, un ex policía blanco y norteamericano. Gracias a su matrimonio la joven obtiene el permiso de residencia y puede trabajar en los Estados Unidos. El matrimonio es relativamente feliz; no obstante, a espaldas de ella, el tipo anda enredado en el tráfico de armas, con la complicidad de otros agentes y ex agentes de la Policía; en realidad, Greg es apenas un eslabón de lo que poco a poco se va destapando como una gigantesca red de tráfico de armas dentro de la policía.

En la noche de su cumpleaños, Greg sale a la calle y es asesinado a tiros y cuchilladas. El cuchillo utilizado en el crimen, es encontrado en el apartamento donde vive el matrimonio, y la colombiana es detenida, interrogada y golpeada por agentes del FBI, que actuando al margen de garantías procesales y códigos humanitarios, la mantienen varios días en confinamiento sin permitirle contactar a un abogado ni llamar a sus familiares. La violencia parece excesiva y María Paz no entiende nada de lo que le preguntan.

Tras un primer juicio queda libre de causas por el asesinato de su marido, aunque la mantienen en la cárcel, acusada de ser, en algún momento, parte de la red de tráfico de armas en la que participaba su marido. Estará en la cárcel hasta la repetición del juicio para que se cumpla, por lo menos, el derecho fundamental de una defensa digna y suficiente. Le llega una segunda oportunidad de demostrar su inocencia, pero…

Vivir fuera de la cárcel tampoco es fácil. “Todo lo que vino después es peor que lo de antes”. El acoso de un pasion killer, Sleepy Joe, hermano de Greg, que busca desesperadamente los 150.000 dólares procedentes de los tejemanejes de su hermano corrupto, hace que todos los protagonistas de Hot Sur vivan al límite.

Se inicia así una carrera de crímenes y violencia, salpicada de ritos ultrarreligiosos, justificados por una vocación mística del joven Sleepy y con la firma de los estigmas del Cristo en la cruz. La Pasión convertida en ritual del crimen, un Vía Crucis de horror y sangre. La huella queda en las víctimas: uno se lleva las heridas de la crucifixión en pies y manos; otro la corona de espinas; el perro desvalido de María Paz, Hero, aparecerá clavado en la pared, y una última víctima muere amordazado, atado a una columna y desangrado a latigazos…

Laura Restrepo maneja con gran acierto los “tempos” del relato. Hay espacio para el dramatismo, para el humor –como por ejemplo el nombre del café que hay a la puerta de la cárcel, “Mis errores”–, para unos diálogos frescos y ágiles, salpicados de inglés y de un rico español de América; y como no, hay un espacio primordial e importante al suspense, porque con un criminal suelto y con un rosario de víctimas a cuestas el riesgo es inevitable: “Lo que quiero que sepa señor Rose es que el peligro está cerca. Por aquí ha estado, merodeando. A lo mejor ha entrado en casa”, o bien esta muestra: “Tiene su marca de fábrica: un ritual sobre el cadáver. El tipo se va acercando”. 

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