ANDRÉS SUÁREZ: "LA MÚSICA Y EL MAR SON MI MEJOR TERAPIA"

JUAN ANTONIO NAVARRO | 14 DE MAYO DE 2013 | ENTREVISTA

Andrés Suárez. / SUSANA BERBERÁ.

















Si algo he aprendido estos meses en la capital es que Madrid no es de los madrileños, es la urbe de las promesas, la ciudad de nadie y de todos. Somos tantos los emigrantes que un día cualquiera de un año cualquiera dejamos atrás el hogar para venir hasta aquí, que la misma identidad de la ciudad está formada por esa esperanza -más decepcionante hoy que nunca- depositada en ella. A los que llegan del interior, los recuerdos se le secan o congelan según la estación. Pero a quienes venimos del mar nos acompañan las olas, devolviéndonos una y otra vez todas las postales perdidas. Esa es la historia, también, de Andrés Suárez, quien hace seis o siete años abandonó su amado Pantín para buscarse las castañas en el metro y en las calles de Madrid tocando su guitarra y cantando sus dolores, inspirado por la imagen lejana y divina de Glen Hansard. Como me dijo Zenet durante un paseo en taxi, Madrid tarda en abrirte sus puertas, pero cuando estás dentro, estás dentro de verdad. Andrés Suárez está dentro y de qué manera.

"Quiero ponerle un color alegre y de homenaje a la música de autor en este país"

Cuando uno ve que sus conciertos cuelgan el cartel de entradas agotadas y que su último disco se cuela la primera semana entre los más vendidos de España, ¿qué hace para controlar el ego?

No tengo que controlar el ego porque no he dejado de hacer lo que llevo haciendo toda mi puta vida: escribir canciones, viajar y cantar. Estás hablando de cosas que tienen que ver con la gente, no conmigo. La única manera que yo tengo de controlar mi ego y mi vida es siendo lo suficientemente agradecido con la gente por lo que está haciendo conmigo, yendo a las tiendas a comprar mi disco en plena crisis y agotando en una semana las entradas del concierto en la Joy Eslava. Si me va cómo me va no es porque yo haga algo especial, sino porque la gente lo está haciendo posible. Al fin y al cabo hablamos de cifras, que evidentemente son muy importantes, pero yo no puedo estar pensando si el disco está en el número cinco, en el diez o baja al treinta y siete. Yo tengo que concentrarme en componer.

Pero ese agradecimiento del público es consecuencia de tu trabajo.

Ojala que sí. Pero aunque no lleve tanto en la música, he visto gente que por esas cifras de las que hablábamos ha perdido el norte, y yo soy de Pantín, de Galicia, no puedo perder el norte. Creo en lo que hago. Creo en Moraima, sino no lo vendería, porque es el mejor álbum que he hecho. Evidentemente, el agradecimiento del público tiene que ver con las canciones que hago, y por eso precisamente me quiero concentrar en ello. Mi ego no está en las cifras, está en las partituras.

Decías que Moraima es tu mejor trabajo.

Con mucha diferencia. Llevo desde los catorce o quince años, que estaba en el instituto, quería ligar con una chica que estaba muy buena y monté un grupo que se llamaba Los Invitados, en Ferrol, tocando en bares, en pubs, en el metro y en la calle, viendo a toda la gente que me escucha, tocando para sus ojos. Y luego llego a un estudio de grabación, que me pone nervioso incluso aunque esté rodeado de mis amigos y vino, me encierran en una sala y acción. Yo no hago eso. No me arrepiento de mi disco anterior, todo es un aprendizaje, pero no es un disco mirando a la gente y tocando, abrazando o llorando con el resto de músicos. Y eso sí es Moraima, mi primer disco grabado en directo, el resumen de quince años de bares.

"Soy una persona muy nerviosa a la que le preocupa mucho su trabajo, e intentar mantenerse siempre en el camino correcto provoca mucha tensión y es muy difícil"

¿Grabarás entonces los próximos trabajos en directo también?

Estoy inventándome una fórmula que aún no puedo contar. Si sale bien, habremos sido los primeros en conseguirlo, y si me sale mal, habré hecho el ridículo. Pero hay que arriesgarse. Esta es la primera promo fuerte que hago y no sabes lo que me mola...

Perdona que te interrumpa. ¿Lo dices en serio?

A mí me han llegado a decir que hacer promo es lo peor que te puede pasar. Yo no me he levantado a las cinco de la mañana a picar piedras pero conozco gente que sí. Mis padres llevan cuarenta años trabajando. ¿Que un taxi me recoja, me lleve a un tren hasta una radio y otro taxi me deje en el hotel para dormir es cansado? Estoy encantado. Recuperando el hilo, esto viene a que haciendo esta promo todo el mundo me pregunta sobre qué va a pasar después de Moraima. Ni lo pienso. Llevo muchos años pensando en este disco. La gente aprovecha las promos para vender sus discos. Vale, eso es la promo, pero yo no voy a pedir a nadie que lo compre sino  puede, pero que lo escuche porque no se parece a nada que haya hecho antes. Yo temía que EMI no respetara esa esencia del bar y todo lo contrario. No imaginas lo agradecido que estoy. A mí me suenan las pulseras tocando la guitarra y se oyen en el disco. Alfonso Pérez se va a sentar y chirría la silla. Eso es Moraima. No sé cómo será el próximo disco pero esa es mi esencia.

¿De aquellos tiempos tocando en el metro y en la calle añoras algo, no como algo del pasado sino como algo que traerías de vuelta?

Ya que empezaste con el ego y me encantó, te diré algo. Es un ejercicio brutal para controlar el ego tocar en la calle o en el metro, donde nadie te mira ni escucha ni te echa monedas y te das cuenta de lo pequeño que eres. Cuando a uno le va tan bien como me va a mí ahora teme, y decir que no sería cinismo e hipocresía, que las cosas dejen de ir tan bien. Entonces te acuerdas de cuando estabas en el metro quejándote de que nadie te escuchaba. Agradezco muchísimo haber pasado por ahí para tener contacto con la realidad. Y lo eché de menos cuando toqué la semana pasada en Preciados. Añoré aquel sufrimiento. Porque yo vine de Galicia muy engañado, escuchando voces que me decían que aquí triunfaría y mucho. Y empecé a tocar en bares de Madrid como El Rincón del Arte Nuevo o el Barcelona 8 y no entraba ni dios. De esos tiempos añoro el contacto con la realidad, aunque me hacen valorar los diez euros que gastan en una entrada o los kilómetros que hacen para verme y que antes no gastaban ni hacían.

"Glen Hansard es Dios. Le rezo los domingos"

Ya que estamos con la música callejera tengo que preguntarte por Glen Hansard. ¿Has visto Once?

La he visto unas sesenta y siete veces. No me hagas hablar de Glen Hansard porque es Dios. Le rezo los domingos. Es lo más importante en mi vida ahora mismo. Es el futuro y el descubrimiento de la música. Pero Once es un montaje, una película donde actúa. Lo sorprendente es el documental de qué paso dos años después de gira. Ahí se ven las lágrimas, los nervios y la ansiedad. Un tío que dejó el colegio a los catorce años para tocar en la calle, que tóco en la puta calle toda su vida y que ahora agota entradas donde quiera que va. Eso es el futuro de la música para mí. ¡Y pasa desapercibido!

¿Recuerdas la primera escena de la película, cuando le roban la funda de la guitarra con las monedas?

(Ríe). He pasado algunas, aunque no tan heavies como esa. Pero quiero dejarlo claro: sé que hay muchas personas que lo han pasado fatal para llegar a donde están en la música pero no es mi caso. He tenido el apoyo de mis amigos, de mis hermanos y de mis padres siempre. No me he sentido nunca verdaderamente solo. Pero tocando en el metro y en la calle alguna cosa parecida sí que me ha pasado. Pero no te olvides de añadir que Glen Hansard es Dios (ríe).

Leí en otra entrevista que decías que el cantautor clásico es agua pasada.

¿Yo dije eso? No, por favor, corrijamos eso. Musicalmente claro que sí, porque estamos hablando de una enorme evolución de estilos. Vas a la calle o a Libertad 8 y hay jóvenes con dieciocho años con una técnica y una tecnología que flipas. Pero todo lo contrario. Me da pena como en este país se daña el término cantautor con lo que han hecho los cantautores por este país. A eso me refería, a que está cayendo en el olvido, no a que deba caer. Me has matado diciéndome que me atribuyen por ahí esa idea. Es una pena que en España menciones la palabra cantautor y recibas una mueca. Un cantautor para la gente es un señor fumando ducados con un whisky doble en un bar oscuro maldiciendo la vida y las mujeres. La gente tiene del cantautor una imagen oscura, negativa y depresiva. ¿No es Iván Ferreiro un cantautor? ¿No es Glen Hansard un cantautor? ¿No es Roberto Iniesta de Extremoduro un cantautor?

"Vine de Galicia muy engañado, escuchando voces que me decían que aquí triunfaría y mucho"

Rober Iniesta sí que tiene mucho de depresivo.

Tienes razón. Pero Roberto Iniesta, de cara a la galería, hace botar un campo de deporte. Al fin y al cabo, la historia de la música es la historia de los cantautores excepto The Beatles que eran dos. Un cantautor es un tío que compone y canta, con una banda o solo. Y me da pena cuando he ido a Latinoamérica y me han hablado de Serrat, Sabina o Javier Ruibal como dioses, cuando en España muchos de estos como Luis Pastor o Pedro Guerra son muy maltratados. No podemos olvidar lo que han hecho política, social, musical y románticamente. Deberían tener un huequito de respeto y de cariño.

Nos decía Chandru, guitarrista de El último vagón, que le parecía muy triste ver cómo determinadas bandas se iban de España ignoradas hacia Latinoamérica y volvían siendo auténticas referencias.

Muchísimas bandas. Muchísimos colegas con los que tocaba en las calles de Santiago se van a México porque les multan por tocar. Es más heavy de lo que parece. Tenemos uno de los países más ricos del mundo musicalmente. Deberíamos echar un ojo a atrás de vez en cuando. Javier Ruibal debería estar en lo más alto de la música en este país, y en lo más alto están otras cosas que venden más. No voy a romper toda la partida de ajedrez, pero quiero ponerle un color alegre y de homenaje a la música de autor en este país, y quiero reivindicar mi sitio. Soy cantautor porque compongo y canto mis temas, pero no sé sin son pop, rock o folk, porque escucho eso y también jazz, blues, heavy o rap. Que la prensa ponga lo que quiera.

¿Puede un músico ser un gran músico, un músico redondo, cerrándose a un género?

Nunca. Si solo escuchas jazz y solo tocas jazz no eres un buen músico, eres un buen músico de jazz. Tengo miles de amigos que tocan salsa y no son capaces de tocar un blues. Te estoy hablando de los mejores músicos del mundo que he visto. Odiaban el blues y no podían tocarlo. Es respetable, pero no son músicos, son músicos de salsa. No sé si yo soy un buen músico, pero intento no ser un músico 'de', no limitarme a un vasito con lo grande que es la mesa, aunque sé que me van a etiquetar. Soy de una playa, de Pantín, reivindico el espacio.

"Es un ejercicio brutal para controlar el ego tocar en la calle o en el metro, donde nadie te mira ni escucha ni te echa monedas y te das cuenta de lo pequeño que eres"

¿Aún sientes vértigo antes de las grandes citas?

Siempre. Soy una persona muy nerviosa a la que le preocupa mucho su trabajo, e intentar mantenerse siempre en el camino correcto provoca mucha tensión y es muy difícil. Un grande de la música de este país me dijo un día. "Si antes de salir a un escenario no estás nervioso, tiembla". Y me he quedado con eso para toda la vida. Cuando grabé Moraima no dormí en dos semanas. ¿Sabes qué pasa? Que he manejado mi carrera durante quince años, tomando las decisiones. Pero ahora tengo que concentrarme en hacer canciones y delegar lo demás. No puedo estar pensando cuantos metros tiene que tener tal cable o cuántos vatios tiene que tener aquella luz. Ya no puedo porque no dormiría y me daría un infarto. Y aunque delego en los mejores, si no no lo haría, me preocupo, porque es mi niño, mi carrera. Me gusta ser así. Menuda mierda el día que me despreocupe.

Declaraste una vez que cuando acabaste de escribir "Necesitaba un vals para olvidarte" dejaste de llorar.

Dejé de llorar 'por', por el motivo de mayor oscuridad, negrura, tristeza y peligrosidad de mi vida que me encerró en mí mismo y en mi barrio durante un año y medio, en el cual solo salían canciones para esa piel que no las merecía. Compuse una serie de canciones que se llamaban "Canciones que no debí componer", que subí a internet, que eran muy monotemáticas. Con la que estaba cayendo en este país hasta me avergüenza que no fuese capaz de ver más allá de mi propio ombligo, sumido en una depresión personal y musical enorme, pero todo desamor es un aprendizaje. Ahora estoy en un proceso diferente, el más cursi e iluminado de mi vida. Hago canciones que hablan de las orejas y los ombligos todo el rato. Bendita sea esta etapa. ¿Pero quién no ha sufrido un desamor? ¿A quién no le han mentido? Subí esas canciones con la mayor de mis tristezas y tuvieron más visitas que ninguna otra, porque la gente compartía el dolor, nos unía. Me gusta hacer canciones humanas. No podía cantarlas porque me moría en el recuerdo, ¿pero por qué no enseñárselas al mundo? Y entonces llegó esta canción, "Necesitaba un vals para olvidarte", curandolo todo. La escribí del tirón, sin tachones ni correcciones, como solo he escrito cuatro o cinco canciones en mi vida, mojando los folios de lágrimas. Entonces sentí la paz más intensa que he sentido en mi vida. Había pasado. Esa canción es el paso de la negrura a esta etapa clara que es Moraima. No dejo de ver sol.  Te juro que la música, y el mar, son mi mejor terapia.

El multifacético Hovik Keuchkerian también nos habló del efecto terapéutico que supuso para él compartir su soledad con el público a través de su último monólogo, "Un mendigo con zapatos de algodón". Pero aunque la gente comparta vuestro dolor, los que os desnudáis sois vosotros, Hovik y tú.

Completamente. Al fin y al cabo estoy contando mi vida, y soy consciente de que estoy subiendo una fotografía a las redes sociales de la playa de mi niñez o estoy hablando de una piel que quiero que lo lea allá donde esté, pero que la van a ver y lo van a leer muchas personas más sacándolo de contexto y haciéndolo suyo cuando no lo es. Mi trabajo tiene un 0,01 por ciento malo y es únicamente eso. Yo no sé por qué escribo. Puede parecer un romanticismo cantautoril pero es así: hay meses en que no puedo escribir ni una frase, y llego un día de un hotel hecho una mierda con una copa de menos y salen tres temas del tirón. Las musas existen pero hay que saber follar con ellas. No sé exactamente hasta qué punto es bueno o malo que me sienta tan desnudo cuando estoy en un Libertad 8 contando un polvo que he echado, un abrazo que echo de menos o cómo me cantaba mi madre de niño, porque al fin y al cabo es mío. Pero tiene que haber algo de romanticismo y de verdad en la música porque la gente se emociona, por desgracia o cercanía viven historias como la que canto en "Rosa y Manuel". Y sobre todo, que aunque yo quiera contar algo, la gente lo interpreta como quiere, toman otro camino y llegan a un lugar al que no había llegado yo. Esa es la magia de la música también.

"No tengo que controlar el ego porque no he dejado de hacer lo que llevo haciendo toda mi puta vida: escribir canciones, viajar y cantar"

¿Qué hay de tu pirámide de prioridades?

Tengo un ejército porque soy la persona mejor rodeada del mundo. Yo nunca había pasado más de quince días fuera del mar, y tú que eres de Tarifa me tienes que entender. Llegué a Madrid y durante el primer mes tuve una crisis de ansiedad enorme y no entendía por qué. Y el por qué era el mar.

No imaginas cuanto te comprendo. Me costó superarlo.

Sí señor, estamos juntos en esto. Mi problema es que yo no lo superé. Llevo aquí seis años y reivindico Madrid como uno de los capítulos más hermosos de mi libro, por mis amigos, por la gente que me ha acogido en sus bares y sofás y por la gente que me acompaña. Pero no me he adaptado. He pasado todos los días de mi infancia y de mi juventud en el agua, cogiendo olas o remando con mi padre. En esa pirámide de prioridades no puedo poner al mar en la cúspide ahora mismo, pero tengo a tres amigos y unos padres que me han enseñado a situar la cumbre de la mejor de las maneras, y nunca pierdo ese norte. Tengo a mi gente muy cerca y sin ella estaría seco.

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