QUÉ IMPORTA QUIÉN ES VUESTRA MADRE

JUAN ANTONIO NAVARRO | 22 DE MAYO DE 2013 | CRÍTICA

Protagonistas de Cómo conocí a vuestra madre. / FOX TV.


















Sé que todos dicen algo parecido, pero creo que nunca he adolecido de debilidad a la hora de criticar negativamente obras a las que me siento especialmente unido pero que han perdido el rumbo. De la misma manera que Boardwalk Empireha ido sumando razones episodio tras episodio para convertirse en una de las mejores series de televisión de la historia o que Shameless (versión estadounidense) ha ido construyendo un relato mucho más sorprendente de lo que esta irreverente serie hacía creer, otras no han envejecido tan bien.

Hijos de la anarquía ha sufrido un bloqueo argumental, un encapsulamiento de la trama que capítulo tras capítulo devuelve la narración al punto de partida, por la falta de valentía de Kurt Sutter ante la idea de hacer estallar la serie. Ha tenido innumerables ocasiones de provocar la ruptura de un argumento fantástico pero estancado y sin embargo se ha decantado por la prudencia, perdiendo parte del encanto que hace de unos moteros con pistolas unos tíos atractivos: la insensatez ante el riesgo.

No es la única de mis joyas televisivas que ha perdido fuelle. Misfitsperdió la frescura de su primera temporada y ahora camina por los episodios como una caricatura grotesca y sin sentido. The Walking Dead nunca fue brillante pero a diferencia de lo que algunos críticos piensan, la tercera temporada no ha ayudado demasiado y los zombies han encontrado un empleo más productivo en nuestro imaginario del terror que el de asustarnos: aburrirnos. Y The Big Bang Theory ha vendido su inteligencia al chiste fácil y cada vez menos científico a falta de un hilo conductor que dirija la serie a algún sitio. Porque esa es la tarea de un hilo conductor en una comedia de situación. Como la madre, la mil veces nombrada madre de los hijos de Ted Mosby.

Desde hace unos años ha crecido una fuerte adversión por parte de los seguidores de Cómo conocí a vuestra madre por la demora de los guionistas a descubrir la incógnita, que se ha visto intensificada por el conocimiento de ésta en el último episodio de la penúltima temporada de la comedia de la CBS. Si aún no has llegado a ese punto, tranquilo, no pienso desvelar nada. ¿Y sabes por qué? ¡Porque no es trascendente!

El misterio de la mujer de Ted ha sido durante estas ocho temporadas un plus, un incentivo, el aceite que engranaba los episodios y los dotaba de continuidad, evitando que cayesen en vacío, atrapados en un presente sin futuro al estilo de las series de Chuck Lorre. Pero Cómo conocí a vuestra madre no es Lost ni Homeland, es una sitcom donde lo trascendente es lo superfluo y lo aparentemente importante anecdótico. La madre no ha sido, ni mucho menos, el leitmotiv de la serie. Éste ha sido la creatividad de los guionistas para fabricar estructuras narrativas ingeniosas e inéditas en la comedia.

El humor, pero no el humor fácil de Dos hombres y medio, sino un humor cuidado y meticulosamente latente a lo largo de todo un episodio, es la verdadera razón de que exista Cómo conocí a vuestra madre. Quienes se hayan sentido decepcionados por la dilación del descubrimiento del 'gran enigma' olvidaron, en algún punto del camino, qué es lo que estaban viendo. Porque estaban viendo cabras, intervenciones, conversaciones en el McLaren y despedidas de soltero, no paraguas amarillos y tobillos desnudos.

Ha sido muy habitual oír decir estas últimas semanas que la séptima y octava temporadas de la serie de Carter Bays y Craig Thomas sobraban, incluso catalogarlas de pésimas. ¡Pésimas! Llegué a desconfiar de mi falta de objetividad y revisé a lo largo de la semana pasada la serie al completo. Nunca Ted fue tan cursi como lo fue en la primera temporada. Pero aunque los personajes hubiesen evolucionado, que algunos ciertamente lo han hecho, la evolución no ha sido en absoluto arbitraria o ridícula, sino gradual y lógica. Pobre de aquel que no evolucione en ocho años.

Lo importante es que los episodios han continuado siendo realmente originales y verdaderamente divertidos, incluso en su faceta más dramática o romántica (Brillantes "The Final Page: Part Two" y "The Time Travelers"). Pero quizá esté equivocado y el fanatismo, que como bien saben actúan en ambas direcciones, esté cegando mi juicio crítico. Tal vez el hecho de no conocer la identidad de la madre de los hijos de Ted Mosby debiese haberme dejado en vela más de una noche a lo largo de estos ocho años. Pero no ha pasado. La demora, sin embargo, me ha traído episodios que me han ayudado a sobrellevar bastantes madrugadas. Una pena que se acabe.

© 2013 äll magazine spain . All rights reserved.
Designed by SpicyTricks