"HIJOS DE CAÍN" O (CASI) TODO ES LO QUE PARECE

JUAN ANTONIO NAVARRO | 31 DE MAYO DE 2013 | CRÍTICA

David Solis en una escena de la película. / ALFA PICTURES.
















Hijos de Caín llega a los cines este viernes tras alzarse con el Premio ASECAN Ópera Prima del Festival de Cine de Málaga y recibir el aplauso de la prensa especializada. La película, que supone el estreno de Jesús Monllaó Plana al mando de un largometraje, se inspira en la novela Querido Caín de Ignacio García-Valiño para sumergirnos en el drama de una familia modélica cuyo hijo manifiesta tanta inteligencia como maldad.

La primera mitad de la cinta nos presenta a un niño de perfil diabólico al estilo de La profecía de Richard Donner o La huérfana de Jaume Collet-Serra obsesionado por ser el número uno en ese arte-deporte llamado ajedrez. Un retrato de esa perversión irracional que perturba y aterra precisamente por su falta de justificación salvo la del deseo de destruir. Pero por muy buena interpretación que haga -que la hace- David Solis del inquietante joven, Hijos de Caín no inquieta. Porque es cierto que no todo es lo que parece, pero al menos en esta película, gran parte de lo que parece ser, finalmente es.

El guión de Sergio Barrejón y David Victori sufre de una excesiva devoción por los códigos de este tipo de thriller psicológico hasta el punto de perder el principal aliciente de una película de esta naturaleza: el efecto sorpresa. Lo reconocible de esos códigos y la cantidad de pistas que el relato avanza, por el propio miedo de la película a no ser comprendida de inmediato, impiden que el espectador sea partícipe de la tensión que rodea algunas situaciones, dejando la incertidumbre para los personajes interpretados por José Coronado, María Molins o Julio Manrique -muy correctos todos-. Hijos de Caín peca de ingenuidad al cuestionar la capacidad del espectador para unir las piezas de un puzzle nivel Shutter Island.

Pero el principal problema radica en los tiempos. Cuando la familia ejemplar se desviste -o la desviste el psicológo Julio Beltrán- y el diablo y el héroe intercambian sus papeles aún queda cinta para rato, lo cual evidencia que esta nueva situación será desmentida de nuevo tras otro enorme giro de los acontecimientos. Nunca acabas de creerte esa nueva lectura. Por eso cuando la historia se desnuda definitivamente haciendo estallar el drama por doquier, el espectador ya está avisado. Hace unos veinte minutos que se ha anticipado a este viraje final.

Anticipado al viraje, no al tipo de viraje, que es lo más inverosímil -dejando a un lado el místico taller de niños ajedrecistas-. La inteligencia de Nico -el pequeño satanás en cuestión- para urdir semejante plan y controlar todas las variables es absolutamente increíble. "La jugada maestra" dice el subtítulo, aludiendo a esto último y a la figura del ajedrez a lo largo de todo el filme. El razonamiento y la creatividad del hombre superando holgadamente a la máquina. Demasiado maestra para creérsela.
Con todo, si tienes un día estilo lunes a las siete de la mañana y no andas muy atento tal vez Hijos de Caín pueda arrancarte algunas emociones más allá de la fúnebre escena final. Porque el guión tiene sus excesos pero el suspense, en pequeños tramos de la película, está muy bien dirigido por el debutante Jesús Monllaó Plana. La cámara se siente bien acompañada de la banda sonora de Ethan Lewis Maltby, que maneja con elegancia los efectos estresantes. Pero esto, repito, ocurre a nivel micro. A nivel macro Hijos de Caín no es gran cosa. Al menos no la gran cosa que esperaba.

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