FEDERICO VOLPINI: "AL TIEMPO, MIENTRAS ESTEMOS EN ÉL, NO LE VA A QUEDAR MÁS REMEDIO QUE AGUANTARNOS"

JUAN ANTONIO NAVARRO | 25 DE JUNIO DE 2013 | ENTREVISTA

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais, Federico Volpini. Amanda León (ilustradora). / MODERNITO BOOKS.













Hay personas que requieren de bastante tiempo para ser escuchadas. Hablan, como la realidad, abarcando mucho, incidiendo, retomando. Para escuchar a Federico Volpini también se necesita tiempo, pero por otras razones. Como la ficción que estruja, habla concisa y crípticamente. Unas bellas formas que culminan en ironías y metáforas esconden -perdón, destapan- ideas singulares. Entenderle, puesto que se trata de entender a un hombre y no a un hecho, requiere tiempo. La frontera entre escritor y periodista es bien delgada, y en los medios se cuela algún que otro contado Volpini. Bendita sea su escualidez.

"Nunca he comprendido la necesidad de que alguien nos oriente en lo que vamos a ver"

"No hay que perder la esperanza porque luego se queda otro con ella". Es un bien muy preciado en estos malos tiempos. ¿La cantidad absoluta de esperanza siempre es la misma? ¿No se esfuma nada?

Si "fe" es creer lo que no vimos, "esperanza" podría ser el creer que algo va a cambiar aunque no hagamos nada. Hacemos algo y la esperanza se transforma en "cambio". Seguimos quietos y, fácilmente, será "desilusión". Pero ahí está, con otro nombre, la esperanza.

"A la existencia te traen. Al cine vienes por tu propia voluntad. Y en la penumbra de la sala compruebas otra vez que el hombre nace solo. Y que seguramente eso es por algo". ¿Qué es ese algo, Federico?

Eso debe de ser para que se dé cuenta de en dónde se ha metido, antes de que los otros lo confundan a uno.

En la crítica sí que hay algo de sanación, como dice Antonio Llorens, cuando encuentras en ella las palabras que ponen en su sitio a la película que tanto te ha martirizado. Terapia de grupo. Frente común. El hombre nace solo, ¿pero sabe estar solo?

Mi experiencia del "hombre" es limitada. Pero, por mucho que esto sea así, no sé estar solo.

Hay una necesidad de encontrarse en otros, en los autores. Pero al mismo tiempo, sabemos que no se aprende si no merendando de aquellas ideas que contrarian las propias. Cuando ves una película o escuchas un álbum por primera vez y lees segundas opiniones, ¿prefieres el espejo o el rostro del enemigo?

El enemigo y los espejos se parecen en que te muestran una continua sucesión de rostros diferentes y en que ves, con frecuencia, en el espejo y en el enemigo, lo que tú quieres ver. Por otro lado, cambias y, sin embargo, el "tú" que tú eras antes y el "tú" que eres ahora seguirá siendo el mismo. Digan lo que te digan los espejos y con independencia de lo que piense sobre ello el enemigo. Aunque valen los dos, para fingir que te has visto desde fuera. Igual, películas y discos.

"Para todo, instinto, vocación, entrega: creo que eso es lo que vale"

El libro que publicaste el pasado 31 de mayo, Yo he visto cosas que vosotros no creeríais, está compuesto de reseñas cinematográficas anómalas, que parten de la propia película para extenderse salvajemente por otros pensamientos. Su calidad literaria es incontestable. Su capacidad de orientación fílmica, no tanto. ¿Te autorecomiendas como referencia para elegir entre la cartelera?

Es que no son reseñas, realmente, salvo porque se da opinión (y ni siquiera en todas). La película deja una semilla y de allí brota la planta, amable o venenosa. En cualquier caso, nunca he comprendido la necesidad de que alguien nos oriente en lo que vamos a ver, en lo que vamos a escuchar, en lo que vamos a leer. Se lee, se escucha, se vive la película; y luego hablamos. Las reseñas que leo son, para mí, ocasión de prolongar el disfrute o sacudirse el tedio.

Reseñas cinematográficas -o no- que sirven para contar una historia a través de pequeñas historias. ¿La historia de qué, de quién?

Se cuenta uno, me temo.

Has estado firmando el libro en la Feria del Libro. Últimamente la feria parece vivir más de la 'firmitis' que del propio libro o del contacto intelectual con el autor. ¿Lo has vivido así o me equivoco?

Hay un mostrador, que no puede saltarse. De un lado, está el lector; del otro, los autores, que son como las fieras del zoológico, a las que está prohibido echarles de comer, pero que se alimentan de que pidan su libro. Cuando esto no sucede, el autor pasa hambre. Bien empleado les está, a los autores, por exponerse así. Otro contacto, el intelectual, se produce después, si se produce. Ahora bien: que el público vaya más a por firmas que a por libros, es cierto que eso es lo que parece.

"En la radio ocurre como en el espacio sideral, las únicas que ganan de verdad son las estrellas"

Fuiste director de Radio 3 y posteriormente te leí decir lo siguiente: "No es un trabajo bien pagado como piensa la gente. No te deja hacer ninguna otra cosa". ¿Mereció la pena el sacrificio?

En la radio ocurre como en el espacio sideral, que las únicas que ganan de verdad son las estrellas. La dirección de una emisora es trabajo de oficina, desagradable con frecuencia; pero me permitió recuperar la ficción para Radio 3. Mereció sobradamente la pena.

También has dicho, y con razón, que el título de periodismo es una estupidez que no sirve absolutamente de nada. El periodismo, actualmente, tiene problemas más graves. ¿Pero puede que tenga más culpa de la que parece el hecho de que el título haya atraído a la profesión a tantas y tantas personas sin ese instinto y sin esa vocación imprescindibles?

¿He dicho eso? Es lo malo del tiempo, que pasa y que te encuentras con el tú que tú eras antes y con las cosas que decías. El título es una sanción que te permite ejercer; pero es también resultado de un esfuerzo que igual no hubieras hecho por tu cuenta. De una manera u otra, para todo, instinto, vocación, entrega: creo que eso es lo que vale.

También los hay, con instinto y vocación, que tienen que irse. Aquello de "la fuga de cerebros al extranjero es motivo de orgullo" de Esperanza Aguirre es una verdadera joya de la ironía. Te reto a superarlo, Federico.

Swift ya lo superó en su día con su propuesta para acabar con el hambre en Irlanda: "Comámonos los niños. Ellos dejarán de pasar hambre y nosotros también". Cabe convenir en que, de no ser imposible su exportación por lo delicado de la carne, el que esa carne se apreciara fuera del país hubiera sido un orgullo para Irlanda.

"La película deja una semilla y de allí brota la planta, amable o venenosa"

"Víctor, estamos en un bar perdido, de un pueblo perdido, hablando de Los Beatlles. Ellos ni saben quiénes somos". Contabas esta anécdota en el documento audiovisual del ciclo Havana 7 sobre el periodismo musical. Ahora vas a participar en la edición dedicada al periodismo cinematográfico. ¿Cuando el periodista es polivalente corre el riesgo de ser superficial? No todos somos Sheldon Cooper.

Tan cierto es ello que yo ni siquiera soy periodista. Ejercí como tal sólo el año 1981, en Houston (Texas), donde fui editor de un semanario; y, luego, haciéndole una entrevista a Duncan Jones en el Festival de Sitges de 2009 –con otra a Alan Stivell, a finales de los años 70, para El Periódico; y media docena de ellas, sin firma, para el dominical de El País, las únicas entrevistas en prensa de mi vida-. Antes, después, ahora, mi campo es la ficción. Otro tanto me pasa con la música: le escribo una narración, le pongo voz, o voces; y las dejo a su aire para que viajen la una con la otra. Las anécdotas son, siempre, cosas entre amigos o cosas que suceden cuando yo estaba allí. Nada tienen que ver con el trabajo.

Por último, tal y como están los medios de comunicación, entenderás que te implore un bombazo. Dame una exclusiva, un titular demoledor. Algo positivo. Que el periodismo no está tan mal y que la gente nos quiere mucho. Pero que no sea mentira.

El periodismo no va mal. La gente, no sólo quiere mucho al periodismo, sino que quiere a la gente también y se quiere ella misma. Panglosianos de comunión diaria, nos queremos. Y está todo tan bien, que el año próximo echaremos de menos lo mal que lo pasábamos en éste. Un titular demoledor y también positivo: Al tiempo, mientras estemos en él, no le va a quedar más remedio que aguantarnos.


Te tomo la palabra, Federico.

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