JOSE C. VALES PRESENTA "EL PENSIONADO DE NEUWELKE" EN TIPOS INFAMES

JUAN ANTONIO NAVARRO | 20 DE JUNIO DE 2013 | OPINIÓN

El pensionado de Neuwelke. / PLANETA.
















Hay personas modestas y personas modestas. Personas modestas cuya inseguridad es molesta e insultante y personas cuya modestia es natural y agradable. A las primeras las evitas, huyendo de su necesidad de ser alimentadas en su autoestima. A las segundas, pese a que sea precisamente esa modestia ante su talento lo que mayor admiración te cause, tratas contradictoriamente de elevarle la autoestima. Te dan ganas de gritarles. Que entiendan lo buenos que son. Lo haces y muchos pierden el norte. Lo haces y unos pocos continúan siendo agradablemente modestos, con los pies en el suelo, en el de un pensionado envuelto en frío en la mismísima región de Livonia. Estos son los verdaderamente buenos. Talentoso y bueno. Me refiero, claro está, al escritor Jose C. Vales.

Habían pasado más de cuatro meses desde nuestro primer y único encuentro, apenas unas semanas después de la publicación de su primera novela tras años en los bastidores de la literatura: El pensionado de Neuwelke. Me interesaba contemplar las vueltas que podrían haber dado determinados conceptos acerca de su obra tras tanta entrevista, reseña y presentación. Si la mirada hacia pequeña gran criatura iniciática había mutado de alguna manera. Así que movido por la curiosidad acudí a la presentación de la novela que tuvo lugar ayer en la librería madrileña Tipos Infames, en la Calle San Joaquín.

Apenas obtuve respuestas. Haciendo uso de esa modestia sin segundas ni dobleces, Jose C. Vales dedicó su discurso -que antihigiénico suena-, así como ciertos apoyos al resto de sus ideas, a las figuras que generosamente le rodearon durante la confección de  El pensionado de Neuwelke. Rehusó hablar más de lo necesario de sí mismo y describió la novela como un cuento de fantasmas elaborado con una pequeña parte de su vida y de su esfuerzo. No reiteraré lo insuficiente que es la descripción, porque estaría yendo contra los propios deseos del escritor. Si él quiere creer que es un simple cuento de fantasmas, ¿quién soy yo para contradecirle?

Tras las preguntas de la conductora de la presentación, la periodista Ruth Méndez, todas ellas básicas y cuya respuesta puede encontrarse mejor o peor en la entrevista que le hicimos en febrero, se avecinaba un turno de preguntas que nunca llegó a abrirse. El autor, ya sea por modestia o cansancio, obvió el bloque. "¡Bebamos vino!"

Por respeto, y por la imposibilidad ante tanto seguidor y amigo, ante tanta firma de libro y saludo, de acercarme, la pregunta con la que había llegado sobre las siete y media de la tarde a Tipos Infames me la llevé puesta a casa, y fue útil, pues refrescaba un poco cuando salí de la librería alrededor de las nueve. No pude despedirme ni plantearle la pregunta, pero aprovecho este espacio para lanzársela y, si el azar y el caso de este mundo le llevan a leerla, obligarle a contestarla de alguna manera. Mientras tanto, estaré aguantando la mirada como el más capacitado de los animales: el gato.

Es sencilla. En aquella entrevista, en la Cabra en el Tejado, Jose C. Vales defendió la capacidad de la literatura para evocar, para conseguir que la Émilie Sagée que él concibió fuese diferente de la que cualquier de sus lectores imaginó al leerle. Tras meses de enfrentarse a la Émilie Sagée de tanta otra gente, de tantos otros cerebros, incluso de verla dibujada, ¿se ha desvirtuado en la mente del creador la Émiliee Sagée primitiva o continúa pura?

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