LOS PICNICS QUE NOS AGUARDAN

JUAN ANTONIO NAVARRO | 13 DE JUNIO DE 2013 | REPORTAJE

El oso Yogui y familia de picnic. / HANNA-BARBERA.

















Hace unas semanas la agencia meteorológica francesa Meteo hacía públicos sus pronósticos acerca del verano. No eran buenas noticias. El verano más frío y lluvioso desde 1816, cuando al volcán Tambora le salió de los mismísimos eruptar y convertir el hemisferio norte en un nubarrón de cenizas, se avecina. Un 'winter is coming' light. Claro que Meteo puede equivocarse, pero si algo nos han enseñado "Las lluvias de Castamere" (Penúltimo episodio de la tercera temporada de la serie televisiva Juego de tronos, para quienes hayan vivido en la isla de Bouvet los últimos tres años) es andar prevenidos en todo momento. Cota y malla. Y un plan B.

Pero sin miedo. Prepárate unos bocadillos, queda con esos amigos que hace tanto que no ves y busca un rincón en el Retiro donde improvisar un picnic. Mi orientación geográfica es proporcional a la estabilidad emocional de la agente de la CIA Carrie Mathison y aunque no sabría encontrarlos salvo buscando cualquier otro lugar, mis trozos favoritos del parque son las callejuelas estrechas descendentes y ascendentes, con bancos a ambos lados, mucha sombra y gatos salvajes pululando libremente. Una de las parcelas de verde que flanquean el camino son un punto estupendo para compartir un tinto debatiendo sobre si el mejor disco de lo que va de año es el Tomorrow's Harvest de Boards of Canada, el mbv de My Bloody Valantine o el Modern Vampire of the Cityde Vampire Weekend.

Ese es el plan A. Si los franceses tienen razón y este verano el sol saldrá por patas a las primeras de cambio, tenemos un plan B. Prepárate una buena ensalada, fresquita. Despeja el salón y dispón sábanas y cojines en el suelo. Llama a tus amigos, porque esto no debe variar en ningún caso, y poneos Into the wild de Sean Penn. O amaréis la naturaleza hasta superar las minidificultades que este verano presuntamente triste nos depara o la detestaréis durante unos cuantos días. Pero lo que es estar cerca de la naturaleza, comiendo y con amigos, lo estaréis. Los picnics del neoverano.

Si estás por el sur, y lo recomiendo fervientemente, lo del picnic puede convertirte en un descendiente de los soldados de Hermanos de sangre, todo cargado de útiles y provisiones. Las calas de Valdevaqueros, en Tarifa, son la 'crème de la crème' de las fortalezas del picnic, solo superadas por la inconmensurable belleza de los ríos de Caño Cristales de Colombia o el arrecife de Belice. Vale sí, es nombrar Tarifa y es que no mido, no mido, pero es un lugar tremendamente más asequible y accesible que aquellas joyas, y el bolsillo español no está para caviares. Encuentre su lugar en función de la cantidad de nudismo que quiera observar, saque el agua -litros y litros y litros de agua-, la sandía y las cartas. Y la sombrilla, útil tanto para el despiadado sol como para la sorprendente lluvia. Plan A y plan B fundidos en uno. Repito, si es que los franceses tienen razón. Voilà, ya tiene usted su 'summer picnic'.

No es mi caso, pero puede que alguno tenga un bosque a tiro de piedra. Además de invitarnos, recomiendo alquilar un robot de Devendra Banhart o al mismísimo Devendra si lo tenéis por WhatsApp. Lo de amenizar las conversaciones entre fresas y cerezas se le da muy bien al pseudovenezolano. Una Soledad Vélez o un J. Tillman (Father John Misty) también valen. Aquí el plan B, si Tláloc abre la boca, es refugiarse en una cueva. Dos advertencias: uno, asegúrense que no hay osos, la amabilidad de Yogui es insólita; y dos, no enciendan hogueras, el bosque no tiene un plan B.

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