"360" NO ES EL NÚMERO EXACTO

JUAN ANTONIO NAVARRO | 04 DE JUNIO DE 2013 | CRÍTICA

Escena de la película. / VÉRTIGO FILMS.
















Decía Peter Morgan, guionista de esta nueva película de Fernando Meirelles -director de esa obra maestra llamada Ciudad de Dios-, que su intención con este relato era reflejar de manera metafórica la interconexión que existe entre todos los puntos del planeta, la condición de comunidad global e interdependiente en que se ha convertido la Tierra. Cuando 360 nos muestra la infidelidad de un joven brasileño en Londres que desemboca en la ruptura, abandono y vuelta a Brasil de su novia y en cuyo trayecto en avión ésta cambiará para siempre la atormentada conciencia de un padre londinense que busca a su hija desaparecida, lo que nos está intentando explicar es que la mala decisión económica de un banco de los Estados Unidos puede afectar a la vida de cientos de miles de personas en España.

El concepto es el mismo, es cierto, pero la historia de los banqueros que tomaron la mala decisión es, desafortunadamente, real, y algunos de los microrrelatos que se pasean por 360 son poco convincentes. Y lo son porque Meirelles pasea a sus personajes por la película como sujetos del destino sin historia, sin profundidad, sin lógica. Lo único que tiene de círculo 360 es la vuelta al Ring de Viena y el hecho de que te devuelve al mismo estado emocional con el que entraste al cine. Nada cambia porque la superficialidad y grandes huecos argumentales que dejan inconclusos la mayoría de microrrelatos lo impide. Por no hablar de lo inverosímil de algunas de las situaciones que conectan las diferentes historias. Todo un ejercicio de romanticismo ingenuo.

Es una pena que un formato tan atractivo como el multiescénico -con historias en Viena, Londres, París, Denver, Phoenix, Bratislava-, con un gran director tras la cámara y unas intenciones tan saludables, no consiga crear el efecto de unidad que requiere para que el collage tenga razón de ser, pero nadie puede creer en las ideas del amor o de la infidelidad que 360 trata de transmitir si sus personajes son completos desconocidos de principio a fin y sus relaciones, más que juegos, proezas del destino. Quizá ese fondo moralizador de 'todas tus decisiones tienen consecuencias, sé responsable' sea cierto, pero también lo es que no ahondar en las decisiones morales -adulterio, fidelidad, abandono, prostitución, agresión sexual- de tus propios personajes también tiene su propia consecuencia: la vacuidad.

360 no te hace perder el tiempo. Las historias, aunque planas, se deslizan con gracia por la pantalla, que brilla intensamente cuando se dejan ver por ella Ben Foster -el mejor de la película, dando vida a un agresor sexual en rehabilitación expuesto a las tentaciones- o Anthony Hopkins. Los que busquen una trama coral donde identificarse con las pequeñas situaciones tal vez encuentren satisfactoria esta nueva película de Fernando Meirelles. Quien busque algo más probablemente tenga problemas para implicarse con ella o con alguno de sus personajes. Me quedo con la idea de Peter Morgan sobre la globalización. La puesta en práctica no circuló.

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