POPULAIRE

JUAN ANTONIO NAVARRO | 07 DE JUNIO DE 2013 | CRÍTICA

Imagen de Populaire. / VÉRTIGO FILMS.
















Dirigida por un primerizo Régis Roinsad, Populaire aborda el clásico romance en apariencia remoto pero resabidamente predestinado entre un agente de seguros y una aspirante a secretaria de la Francia de finales de los cincuenta, cuando los whiskys se servían con hielo en copas redondas y los cigarrillos inundaban de humo las oficinas sin que nadie pusiese el grito en el cielo. El cuento de hadas de toda la vida conducido, eso sí, por un exótico deporte.

Es en esto último donde Populaire gana algunos puntos. El hilo conductor de esta conformista comedia son los concursos de velocidad mecanográfica en los que participaban algunas de las mujeres que durante los años cincuenta aspiraban a ocupar un secundario lugar, aunque lugar, en el mundo laboral dominado por los hombres. Una idea que el director extrajo de un documental de 2004 sobre las máquinas de escribir y que regala al espectador alguna de las escenas más previsibles pero divertidas de toda la película, especilamente por la ausencia de esa cursilería que infesta el resto de la cinta.

Cursilería aparte, la mayor carencia de Populaire es su pasividad ante la enorme contradicción que presenta para la mujer y su liberación el hecho de competir por destacar en una competencia exclusivamente dedicada a las mujeres. "Esta máquina se hizo para una mujer", le dice Louis Échard -Roman Duris- a la Jimi Hendrix de la mecanografía, Rose Pamphyle -cautivadora la actriz Déborah François en el papel de sucedánea de Audrey Hepburn-. Rose trata de huir de una vida rutinaria como ama de casa entrenándose a lo Rocky Balboa para ser la secretaria más competente del mundo. Es una liberación insustancial e irreal, y Roinsard no lo critica, solo se aprovecha de ello para contarnos la historia de amor de todas las mañanas.

No hay adjetivo más fidedigno a este primer largometraje del frances Roinsard que entretenido, tal vez palomitero. El pop manido de su propuesta y algunos clichés como el héroe de guerra atormentado se olvidan nada más salir del cine. Claro que tiene sus chispas de humor, su agradable estética y a una Déborah François encantadora, pero por suerte para todos, la mujer contemporánea aspira a mucho más que a contentarse con suscitar encanto. Y tú, Roinsard, le debías algo más real.

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