RANDOM ACCESS MEMORIES: ROBOTS, HUMANOS Y HUARGOS

JUAN ANTONIO NAVARRO | 10 DE JUNIO DE 2013 | CRÍTICA

Daft Punk. / COLUMBIA.












Ni el regreso al ruedo de David Bowie ha levantado tanto revuelo como la aparición de Daft Punk ocho años después del Human After All, acompañados, eso sí, de una maquinaria promocional estrambótica y 'jartible' que ha apuntalado las bases del éxito de ventas de su regreso, Random Access Memories(Columbia/Sony BMG, 2013), pero que también, como todo gran proceso de generación de expectativas, ha regado la capacidad crítica de la comunidad, que se ha dividido entre los 'esto es una mierda', los 'esto es sublime' y los 'esto está bien, simplemente bien'.

Guy Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter han vuelto como vuelven los titanes, haciendo mucho ruido. Titanes hay muchos, y Daft Punk viene a ser el Hydros de Hércules, frío como el mármol. O así había sido hasta Random Access Memories, donde la calidez del instrumento y la voz humana sustituyen a las cajas de ritmo y los samplers, tan predominantes en trabajos anteriores. Los robots, herederos en planteamiento filosófico de los Kraftwerk, se quitan el casco, como diciendo "ey, aquí debajo hay un par de seres humanos". Y es muy humano eso de cambiar de aires.

Lo importante en Random Access Memories no son los aires a bombo, platillo y riffs de guitarra que suenan de la mano de numerosos colaboradores. Podríamos quedarnos con eso, lo de simplificar es muy humano. El hombre es un lobo para el hombre y luego hay tres cerditos. Porque lo importante de Random Access Memories no es si está hecho de paja, madera o ladrillo, sino si soporta el soplo de un lobo al uso. Las malas críticas vienen del soplido de unos huargos devoradores de bandas populares. De los lobos gafapastas que saltan al cuello de las estructuras simples, agradables y pegadizas cuyo fin es ser populares. Daft Punk son técnicamente simples, y Random Access Memories no es una excepción. Pero intenta cocinar un batido original con fresa y plátano. Buena suerte.

En líneas generales, RAM es un homenaje al sonido disco y funky de los setenta y de los ochenta que ya tantearon en Discovery, pero con pasajes pseudorománticos y aspirantes a hermosos que dualizan el álbum. El optimismo rompepistas que se sucedía tema tras tema en Discovery tiene su representación en RAM en los momentos synth funk que la presencia de Pharrell Williams trae consigo en dos de las mejores composiciones del disco, muy próximas entre sí técnica y conceptualmente. La parasitaria "Get Lucky" promocional, tan polémica, y "Lose Yourself to Dance", con la deliciosa guitarra de Neil Rodgers y el sobresaliente a la voz de Pharrell, amen de la presencia del famoso John Robinson a la batería en el segundo. Esto es, probablemente, lo que esperaban los fans de RAM. Pero ha sido mucho más que esto.

Los pasajes destinados a emocionar, a tocar el corazón humano desde la humana verdad, resultan muy irregulares. Voces reales mezcladas con el vocoder en "Within" e "Instant Crush", tratando de dotar de amor la electrónica a lo James Blake, con resultados dispares. "Within", con Chily González al piano, desentona en el álbum, pero es preciosa, extrañamente íntima, mientras que "Instant Crush" parece una composición para la feria de Algeciras, con un Julian Casablancas arrastrándose sobre las ruinas de The Strokes.

Todo lo anterior llega tras una "Give Life Back to Music" buenrollista pero plana y un insulso house progresivo en "The Game of Love" que abren el disco sin demasiados fuegos artificiales, preparando la cosecha de confirmaciones negativas del álbum. Hasta que aparece "Giorgio by Moroder", con el spoken word de uno de los mitos de la música disco sobre una base sustentada en la expectación y la pausa ("My name is Giovani Giorgio but everybody calls me Giorgio) que va nutriéndose minuto a minuto, evolucionando la composición a través de la electrópera hasta alcanzar un final apoteósico y robótico.

"Beyond" y "Motherboard", puro Daft Punk sin colaboración, suena menos a lo que Random Access Memories pretendía sonar, y aburren, la verdad. "Fragments of Time" si busca ese sentido setentero del álbum, con Todd Edwars por ahí, pero es un tema olvidable. Sin embargo "Touch", con Paul Williams, es una de las piezas más completas de RAM, de las que mejor sintetizan ese concepto de fusión del humano y el robot, padre e hijo, con bloques electroatmosféricos y bloques de teclado y tompreta de elevado optmismo. "Doin' it Right", con Pando Bear, es la tapada del álbum, personalmente me costó aceptarla para luego quererla. "Contact", con DJ Falcon, cierra el disco entre futurismos sintetizados.

Un disco que no ilusiona, que duele a quien esperase una ópera prima, pero que sin embargo es un buen disco. Un disco digno con sus diamantes y sus castañas. Lo siento huargos, pero todos los discos de una banda no pueden ser su mejor disco.

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