TEMPLOS DEL LIBRO (MADRID)

JUAN ANTONIO NAVARRO | 10 DE JULIO DE 2014 | REPORTAJE











Vaya por delante que hoy se cumplen nueve meses de mi alunizaje en la capital y que no he tenido tiempo de conocer en profundidad todos sus hogares del libro. Nunca investigué. Los templos, pequeños templos de las hormiguitas, que alberga este artículo, los encontré sin pretenderlo, caminando por Madrid en busca de uno mismo. Hubo otros, claro, que sin ser objetivamente peores o mejores, no dejaron huella en mí. No me ayudaron a buscarme, que no encontrarme, que esto último de poco sirve. Por un reencuentro entre libros, aquí os dejo tres rincones.

Librería Ocho y Medio

Lo del club, el Ocho y Medio me refiero, no tenía mucho sentido, pero cuando tropecé con la librería, tan cerca de los cines Renoir y Golem, fue cosa bien distinta. Puede que Fellini nunca estuviese en esta librería, pero su espíritu, cinéfilo hasta la última plaqueta, rebota alegremente entre ensayos, biografías, novelas, objetos y tantas y tantas pruebas del paso de directores, actores y actrices por este pequeño templo, como un dibujo de Natalie Portman enmarcado.

Hay librerías especializadas y librerías especializadas. Porque el cine en Ocho y Medio es algo más que un leitmotiv alrededor del cual orbitan el resto de literaturas; es un veneno delicioso que lo impregna todo y que obliga al visitante, al amante, comprador suena vulgar, a mostrar respeto por la cinematografía. Es la casa del señor, y sus sacerdotes son 'la mar' de piadosos. Nos permiten cruzar la sala, sentarnos en unas pequeñas sillas, rodeados de literatura, tomando té y leyendo publicaciones cinematográficas.

Bienvenidos al verdadero 3D del cine.

Librería La Buena Vida

Encontré la buena vida con dieciocho años, cuando Dostoievski aprovechó la oportunidad que le dí de comerme la cabeza. "Leerle tan joven no debió ser bueno", me diría José C. Vales años más tarde. Pero la buena vida, la que ocurre entre páginas, la que te hace buscarte, llega sin plan, cuando y donde quiere. No eliges el momento en el que te enamoras. Simplemente ocurre.

La Buena Vida, la librería digo, la descubrí en uno de mis primeros paseos por Madrid. Alma de pueblo con el mar como faro, la inmensidad de la gran ciudad me mareaba. Crucé Ópera como cruza el patito la carretera, sin saber dónde patea. Y nada más verla, entré, guarneciéndome del desconcierto, buscando un hogar, entre libros. Lo que encontré fue hermoso. Libros, qué menos, observando en lugar de siendo observados. Nadie en pie recorriendo sus estanterías escudriñando títulos. Los libros de pie, entre el verde y el rojo de la sala, escuchando las conversaciones que entre cafés, y sobre una mesa, tenían sus huéspedes.

Sabor añejo. Imposible no fantasear con las tertulias literarias de otros tiempos. La buena vida, por supuesto.

Tipos Infames

Este accidente fue reciente, y breve. Pero cualquier infame, cualquier individuo de tardes de lectura, noches de bohemia y madrugadas de poesía debe visitar alguna vez esta anomalía donde el libro y el vino se abrazan con eterno -o eso cree el vino- fervor. El vino de los golfos, no de la sangre de Cristo. La librería que visitaría la mayor parte de escritores del mediterráneo. La librería del espíritu libre.

Porque el ron asalvaja, la cerveza maniata y el vino hace libre al hombre. La sensación de independencia que otorga su ingesta se traduce en una colección de publicaciones independientes de lo más sanas en Tipos Infames. La apuesta por la noche, por lo oscuro. El rincón del aroma. A libro, a fruta. Un sitio imprescindible para quienes sienten que no pueden prescindir de él, como ocurre con el vino. Un sitio para perderse. Un sitio para románticos.

"El vino siembra poesía en los corazones". Dante Alighieri. En sus infiernos un Tipos Infames, con Alfonso Tordesillas, Gonzalo Queipo y Francisco Llorca. Alimenten cuerpo y alma.

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