APP-ADICTO POR 24 HORAS

SARA SARDLAY | 20 DE AGOSTO DE 2013 | OPINIÓN

Apps.
















Tal y como nos asomamos al universo, del que sólo conocemos una millonésima parte de su inmensidad, la mayoría de nosotros (y personalizo de forma completa), únicamente llegamos a conocer una ínfima porción del mundo app. 

El exceso de información y la falta de capacidad para gestionarla son un problema común hoy en día. Encendiendo nuestros smartphones y nuestras tablets podemos acceder a miles de aplicaciones, en muchos casos de incógnita utilidad, pero supernecesarias y… lo mejor de todo… ¡¡¡gratis!!!.  Pregunta de neófita y pensamiento simple ¿cómo que gratis?, forma parte de la sabiduría popular que nadie da duros a peseta e intentado dar respuesta a este enigma nos hemos adentrado en el mundo de las apps más populares.

Lo primero que llama la atención al limitarnos a las diez primeras apps en el top por número de ingresos, es que la mitad son juegos y cuatro de ellos sin coste, el resto lo conforman dos redes sociales para búsqueda de pareja (gratis), una publicación deportiva (de pago), una aplicación para llamadas y mensajes gratuitos y un navegador de carreteras (de pago).

Gratis, gratis, gratis, permanece la incógnita, numerosos pequeños emprendedores que encuentran su nicho de mercado en el desarrollo de apps, recalcitrante y cara publicidad en medios de comunicación, ¿dónde está el negocio?  Respuesta de avezado, el beneficio está en la publicidad que intercalan durante el tiempo de uso de la aplicación y en el caso de los juegos, en la posibilidad de comprar diferentes armatostes virtuales, que hacen que el juego sea más interesante.  Esta respuesta parece lógica, pero quién gastaría dinero en algo que en principio es gratis. Llegados a este punto, no podemos dar la espalda a la realidad sin  adentrarnos hasta el final, en la búsqueda de la verdad.

La app elegida para llevar a cabo esta misión es un juego no apto para diabéticos por su alto contenido en azúcar. Acompañados de personajes almibarados y rosas, comenzamos este inofensivo juego, modificación golosa que nos recuerda al tetris. Inocentes creemos que todo está bajo control, es fácil jugar, ascender de nivel es sencillo, parece hasta aburrido, bien para matar el tiempo pero imposible engancharse. Sin saber cómo, los niveles se van complicando, y comienzan a aparecer en la pantalla indicativos de herramientas que te harán más fácil jugar y ascender de nivel. Seleccionas alguna. Sorpresa, no es gratis, tiene un coste bastante llevadero, que no alcanza los noventa céntimos. Pensamiento inmediato, no lo compramos, vamos a ejercitar nuestra habilidad para el juego, sin trampas. Por otra parte comenzamos a entender, con el dato de que más de diez millones de personas juegan con esta app, parte del negocio, noventa céntimos no es mucho, aunque grano no hace granero pero ayuda al compañero. Somos unas “máquinas”, sin comprar nada vamos ascendiendo, llevaremos una media hora jugando sin parar. Nos quema el smartphone en la yema de los dedos. Lentamente nos damos cuenta de que necesitamos varios intentos (vidas) para pasar de nivel, hasta que finalmente se agotan y una pantalla nos informa de que tendremos que esperar unos minutos para disponer de una nueva vida. No importa, esperamos. Nuevo intento, nuevo fracaso. Ahora la espera es más larga, casi treinta minutos, tentados pulsamos la opción que nos posibilita comprar un lote de vidas. Salvamos la tentación, … una, dos, tres veces, luego compramos, tenemos una misión. Llevamos casi cuatro horas jugando. En la red encontramos foros para engañar a la app y hacer que transcurran días en segundos, eso significa nuevas vidas. Se alternan niveles fáciles con otros imposibles. No consiste en jugar mejor o peor, sino en agotar, en generar la necesidad de llegar más allá en el juego, y finalmente en comprar, a pequeña escala, pero con frecuencia. Claro negocio. La señorita rosa se nos antoja una caprichosa mezcla cursi y satánica.

Tras más de 10 horas jugando, enfangados en un nivel, como charco de arenas movedizas, el cansancio nos rescata. Nos hacemos la firme promesa de que ya no continuará más este absurdo. Mañana cuando se recargue la batería, lo primero será desinstalar la app.

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