HAZ LAS PUTAS PREGUNTAS CORRECTAS

JUAN ANTONIO NAVARRO | 13 DE MARZO DE 2014 | SERIES














Desde el Hospital General de Lafayette, en Louisiana, el detective Rust Cohle contempla la oscuridad que domina la noche a través de la ventana de su habitación. El monitor que controla sus constantes vitales está tranquilo, y de su enfrentamiento con el Rey Amarillo apenas quedan unos ojos morados, unas tiritas en la frente y un tajo en el abdomen, donde una vez hubo un cuchillo. La noche es oscura y alberga horrores, y por primera vez en mucho tiempo debe sentirse un hombre solo, ya no solitario. Perdido en sus tribulaciones le alcanza el sueño, pero cuando despierta hay alguien a su lado: el detective Marty, en silla de ruedas y bebiendo sorbos de vete tú a saber qué a través de una pajita, con una sonrisa disimulada. Entonces Rust se transforma en la voz del espectador decepcionado y suelta un: "Tuttle, fucking men in the video. We didn't get' em all". Y Marty, apoyando el desagradable realismo de la serie, contesta: "Yeah, and we ain't gonna get'em all".

De algún modo, Marty representa a ese sector de los espectadores que a pesar de los falsas pistas -o no- que Nic Pizzolatto fue dejando a lo largo de los ocho episodios siempre mantuvo los pies en el suelo. A aquellos que solo quisieron ver en True Detective la clásica historia de dos detectives con la investigación de un asesinato entre manos, pero que fueron seducidos por una hechura monumental. Natalia Marcos, de Quinta Columna, escribe desde esa posición:

"Desde el principio, True Detective se centra más en los detectives en sí que en la investigación, que casi es una excusa para el desarrollo de la personalidad de los protagonistas".

El espectador realista obtiene su recompensa en los últimos tramos del capítulo final. Marty alcanza la redención con la visita de su familia al hospital, mientras que Rust ve destrozadas todas sus convicciones nihilistas cuando, en las puertas de la muerte, siente que su hija y su padre le esperan al otro lado de la vida. La transformación es radical. Tras décadas de absoluto oscuridad, Rust encuentra la esperanza, el atisbo de felicidad: "If you ask me, the light's winning".

A este espectador, acostumbrado al mundo crudo de The Wire o de Treme, este final puede resultarle traidor, y exclamar: "¿pero qué le han hecho a mi Rust?". Puede que incluso sienta que la extraordinaria eficacia con la que los dos detectives resuelven algunas de las pistas que les conducen hasta Errol Childress hace flaquear la verosimilitud de la serie. Pero su decepción no va a radicar en la ausencia de explicación para el enigma de las espirales o de las estrellas negras, que desde el punto de vista de este espectador, fueron solo cebos para la racionalidad. Tampoco va a lamentar que los Tuttle salgan impunes a pesar del alegato de culpabilidad que Nic Pizzolatto arroja de manera más o menos sutil sobre ellos. Este es el mundo en el que vivimos. Y por encima de todo, va a saborear su gran satisfacción: el asesinato de Dora Lange, el punto de partida de la historia, es resuelto.

Para el espectador romántico la decepción es más difícil de esquivar, y la primera temporada de True Detective se le antoja como una versión suave, muy pero que muy suave, del caso Lost. En lo que a misticismo se refiere, la serie cierra con demasiadas incógnitas abiertas para establecer ninguna teoría consistente, aunque hay quienes logran elucubrar una reflexión coherente.

La descripción de Errol que aquella desagradable mujer -sabéis a quién me refiero- fabrica para Marty en el último episodio da alas a los amantes del simbolismo -como Eduardo Pelayo, quien defiende esta lectura- para entenderlo como la encarnación humana del mismísimo diablo: él es el horror, alrededor de todos nosotros, que estaba aquí antes de que naciéramos y que seguirá estando allí cuando muramos. Una vez en Carcosa, el infierno, Errol amenaza con someter a todos los hijos e hijas del hombre al sufrimiento que él padeció, poco antes de atacar a Rust, a quien se dirige como el sacerdote -el hombre que actúa en defensa del bien-. Más tarde, ya en el hospital, Rust parece haber comprendido que la única historia importante es la que enfrenta al bien y al mal, a la luz contra la oscuridad. Y añade: cree que la luz va ganando la batalla. Una interpretación romántica y aventurada de esta primera temporada que no anda muy lejos de lo que un día quiso contarnos Carnivàle.

La riqueza narrativa de la serie, por tanto, ofrece la posibilidad de estudiarla desde diferentes ángulos, aunque no todos ellos resulten satisfactorios en la misma medida. La cuestión, finalmente, no es si el final de True Detective es o no decepcionante. La cuestión es si hiciste las preguntas adecuadas para encontrar la respuesta que buscabas. Usando las palabras que el mismo Rust usó para cerrar el primer episodio de la serie:

"Then start asking the right fucking questions". 

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